Una vida

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

06 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay relaciones humanas que se diluyen con el tiempo y otras permanecen a pesar de que el contacto personal sea mínimo. Este último es mi caso con Fernando Cabeza Quiles, a quien hace varios decenios que no tengo delante. Nos seguimos uno al otro, sobre todo por egoísmo mío ya que él es quizás el mayor experto vivo en el estudio de los orígenes de la toponimia gallega, con publicaciones muy serias sobre las cercanías de la comarca compostelana y con aportaciones sobre aldeas y lugares de los municipios que conforman estas, muchas de las cuales han sido publicadas en este periódico.

Fernando no oculta dos aficiones más. Una es el ciclismo, que practicó de manera muy intensa y competitiva, afición que compartimos. La otra es escribir cuentos y pequeñas anécdotas que moriré sin saber sin son reales o inventadas, aunque posiblemente recojan hechos a los cuales él les da un tono personal. Y ese tono personal es, sobre todo, muy humano, muy correcto y, desde luego, muy retranqueiro.

Ahora me ha hecho llegar un libro suyo editado por Espiral Maior y titulado «Defuntos e santos inocentes». En total, 56 anécdotas que recogen de una manera fotográfica lo que es el carácter gallego, el de siempre, el eterno por mucha gente —¡bienvenida!— que venga de fuera.

Pero lo curioso no es el contenido del libro, sino su mera existencia. Porque cualquiera tiene en su familia y en su entorno anécdotas similares a esas. ¿Cuál es el quid de la cuestión? Que en Galicia —¡tampoco en una ciudad como Santiago!— no se da proyección futura a cada vida única, irrepetible, que Fernando Cabeza Quiles tuvo el valor de dejar para la eternidad en ese libro. Y eso es algo que todo el mundo debería hacer.