Desmontando la recarga flash

OPINIÓN

03 abr 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Llevo más de una década probando coches eléctricos y la tecnología de baterías de ion litio sigue siendo esencialmente la misma. Durante todo este tiempo se ha hablado mucho de las baterías de estado sólido como el Santo Grial de este tipo de dispositivos, que prometen una mayor potencia de salida, mayor densidad energética y una recarga más rápida que las de celdas convencionales. Pero aunque se han mostrado prototipos e incluso se habló de que podrían estar en producción en el 2020 (Toyota), finalmente la realidad se ha impuesto y ya se habla del 2027 o del final de esta década para que sean viables comercialmente. En octubre pasado, Stellantis anunció que su socio Factorial probará sus propias celdas de «estado semisólido» en una flota de Dodge Charger Daytona eléctricos, aunque no hasta el 2026; y Honda ha inaugurado una nueva línea de «producción de demostración para baterías de estado sólido» en Sakura (Japón)... pero tampoco ponen una fecha.

Resumiendo, la autonomía y los tiempos de carga no han variado sustancialmente. Si hay vehículos eléctricos que pueden recorrer 700 kilómetros (en condiciones de homologación, no reales) en vez de los 350 de hace diez años es simplemente porque montan una batería el doble de grande (y de pesada); y en cuanto a la velocidad de carga, depende exclusivamente de la potencia suministrada. BYD acaba de anunciar como un gran hito una «tecnología» que permite recargar la batería hasta 400 kilómetros en solo 5 minutos. Veamos: esa autonomía equivale aproximadamente a una capacidad de 62 kWh; la potencia media de los cargadores en España no supera los 22 kW, con lo que se tardaría cerca de tres horas. Pero ya existen supercargadores de 120, 240 y hasta 320 kW (Tesla, Porsche), y BYD dice que su plataforma ofrece 1.000 kW. Lo que no explica es cómo garantiza la estabilidad de una red con miles de puntos de carga con esta potencia y, sobre todo, cómo afecta a la vida útil de la batería, que disminuye exponencialmente cuando realizamos recargas ultrarrápidas por la enorme tensión y calentamiento a que está sometida. Todos tenemos un eléctrico en el bolsillo, se llama teléfono móvil, y habrán notado que desde que hay cargadores de 80 o 120 W (en vez de los 3,5 W que tenían inicialmente) la autonomía empieza a disminuir en cuestión de meses, en lugar de en un par de años. No pasa nada, siempre podemos cambiarle la batería al móvil, por 100 o 200 euros. Pero la de un coche eléctrico cuesta 20.000 euros. Como poco.