Carla Gracia, autora de «Cambia tu vida con Jane Austen»: «Que su hermana Cassandra quemase sus cartas es justo y maravilloso. Preservó su intimidad»

FUGAS

A. ARNES

«Que su hermana Cassandra quemase las cartas de Jane es justo», defiende la autora, que acaba de publicar «Cambia tu vida con Jane Austen», una guía para seguir a Elizabeth Bennet, odiar un poco Bath, desenmascarar a las madre narcisistas y enamorarse con orgullo y sin prejuicio de Mr. Darcy

24 dic 2025 . Actualizado a las 08:47 h.

La arrogancia y el orgullo son cosas distintas, por más que compartan las prendas de la apariencia. Lo saben quienes recolectan matices y los que han leído a Jane Austen. La madre de la novela moderna, esta romántica ma non troppo, ha cumplido este 2025 los 250 con una fiesta de reediciones de sus novelas en deliciosas colecciones, como Pequeños Placeres de Invisibles y, entre otros «bailes» ceremoniosos, con la emisión de la serie Miss Austen, que ahonda en la que fue quizá la más intensa de las relaciones de la autora. Tras encontrar en las historias de Austen una forma de terapia, la doctora en escritura creativa Carla Gracia (Barcelona, 1980) comparte el sentido y la sensibilidad de su experiencia literaria en Cambia tu vida con Jane Austen.

—Lady Susan Vernon es uno de los personajes más perversos, complejos e interesantes de Jane Austen. ¿Las malas madres hacen grandes relatos de Austen?

—Sí. Y me parece maravilloso que con 18 años Jane ya tuviera esa claridad de ver cómo es una madre narcisista, como Lady Susan, un personaje que es, probablemente, un reflejo de su madre. Entrar en la vorágine de la fuerza emocional de ese vínculo hace difícil distinguir qué es bueno para ella y qué es bueno para ti. Todas las madres de las novelas de Austen tienen algo. Incluso la de Sentido y sensibilidad, una mujer incapaz de gestionar el patrimonio y a las hijas. Hay documentos que sostienen que Jane tenía mala relación con su madre, que toda la vida le recriminó no haberse casado. La madre de Jane Austen era una rebelde, pero una rebelde que, al final, claudicó.

—Incluye en su guía los diez rasgos que distinguen a los padres y madres narcisistas, esos que hacen de sus hijos espejos para ajustar cuentas. ¿Austen rompe este espejo?, ¿sus novelas rompen las cadenas familiares?

—Sí, las de los padres que marcan a los hijos e hijas para seguir los pasos que quieren. Cuando han tenido éxito esa marca es intensa. ¿Pero qué es bien?, ¿tratar de repetir el éxito que han tenido o atreverme a hacer lo que quiero? Es el punto Jane Austen: conseguir a lo largo de los años ir sacándote de encima todas las expectativas de los demás, y lo que crees que esperan de ti; arriesgarnos a no gustar, que es lo que hacen todas las heroínas Austen: se arriesgan a no encajar, a no ser queridas.

—Decepción como segunda hija, rechazo a su primera novela, «Orgullo y prejuicio», presentada como «First Impressions». ¿Este rechazo inaugural ayudó a que Jane fuese más libre en su vida y pensamiento?

—Jane fue la segunda hija. Cuando nació Jane, su padre dijo: «Hemos tenido otra niña, un juguete para Cassie [Cassandra]». Esto te da la libertad de irte creando tu espacio y pensar quién eres. Todas sus heroínas no son nadie importante para la familia.

—¿Y los padres de Austen, con ese aire pánfilo pero sensible? ¿El suyo la alentó como escritora desde el principio?

—Sí. Su padre fue clave: confió en su obra y la empujó a publicar. Eso era extraordinario en esa época. El hombre, entonces, era el poder en lo social y Jane tuvo esta seguridad. De aquí nace en parte la posibilidad en su cabeza de aspirar a vivir de la escritura. ¡George Sand no se lo planteaba 50 años más tarde! Jane Austen lo hizo posible, llegó al final a vivir de su escritura.

—¿Fue Cassandra la relación más importante e intensa de su breve vida?

—Sí, la relación con su hermana. Cassandra era la que la escuchaba, la que la acogía en su sensibilidad y cambios de humor. Esa crítica que suelen hacer los académicos de «¿por qué Cassandra quemó sus cartas?» no la entiendo. Me parece algo justo y maravilloso.

—No entenderlo es frívolo, supeditar ese derecho a la intimidad al afán de sacar provecho «post mortem». Como hemos visto hacer tantas veces... 

—Totalmente. Que Cassandra preservara sus sentimientos, las anécdotas íntimas de Jane es justo. Creo que todos querríamos al lado a alguien que nos protegiera así una vez hayamos muerto. Es muy masculino eso de «dejar huella», ver más importante que la gente hable de ti que preservar tu intimidad.

—¿El mundo íntimo es la piedra angular de las ficciones y el pensamiento de Austen?

—Sí, parece que el mundo de fuera es el que importa, eso que hacemos fuera. Pero es en ese mundo íntimo, en «ocupaciones sin importancia», donde vivimos la mayor parte de nuestra vida y lo que, realmente, nos hace por dentro. En Austen hay una comprensión profunda de las personas. Es compasiva con sus personajes. En Lady Susan se ve que eso que desprecia a la vez lo entiende como estructura social en el que viene marcado el rol de la mujer. Sus mujeres son fuertes y valientes en todas las circunstancias. ¿Y los hombres Austen? Están avanzados hasta para nuestra época, como Darcy. Son hombres que se equivocan y pisan su orgullo, y enmiendan sus errores, y que admiran a las mujeres a las que aman.

—¿Cómo cambió su vida con Jane Austen? ¿Qué novela suya le hizo dar el primer paso?

—Hace años diagnosticaron a mi hijo mayor de autismo. Decidí renunciar al mundo empresarial, donde me había hecho un hueco, porque lo único que me hacía sentirme viva era escribir. A mi hijo le diagnosticaron un brote psicótico con 6 años y tuve que dejar mi plaza en la Universidad. Escribía en cafeterías, entre visita y visita médica. Mi hijo me hizo explotar las últimas estructuras que me quedaban de cumplir con lo que viene escrito, las expectativas de los demás. Volví a la lectura de Austen como refugio. Me impactó Persuasión, cuando Anne, al cabo de los años, se da cuenta de que esa decisión que ella intuía buena, frente a lo que decían los demás, era la buena. O no la buena, pero ella asumía el riesgo de probarla... Eso fue lo que hice yo. Lo dejé todo. Esta vida es tuya y solo tienes el momento. El momento tiene que valer mucho la pena.