Comer como señoras

Antía Díaz Leal
Antía Díaz Leal CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

Terraza en O Parrote
Terraza en O Parrote ANGEL MANSO

Envidio que sigan quedando con sus amigas, que no perdonen ese tiempo juntas

09 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

No hay nada que más envidie que a las señoras. Esas mujeres divinas de esta ciudad que pasean con sus amigas y hacen paradas dramáticas para resaltar la importancia de lo que están contando. Señoras que toman el café, el corto o lo que surja, según la hora del día, con su pelo impecable, sus labios pintados y sus amigas. Hace mucho tiempo que asumí que lo que envidio no es que pasados los setenta o los ochenta sigan peinándose así o pintándose el labio. Envidio que sigan quedando con sus amigas, que no perdonen ese tiempo juntas. No les hace falta, a las señoras, que ninguna universidad venga a confirmar que las amigas son buenas para la salud. Si las propiedades terapéuticas de un café con amigas dieran beneficios económicos, hace mucho tiempo que se venderían más que el magnesio.

Tres señoras y un señor nos juntamos este lunes a comer. Hacía tanto tiempo que no hacíamos tal cosa, que la última vez nos habría sonado a insulto imperdonable que alguien nos llamara señoras. Pero ya no. Porque del restaurante nos fuimos a la Marina a sentarnos en una terraza, mirando al mar, que es lo que hacen las señoras divinas de esta ciudad para mantenerse cuerdas.

Los espacios compartidos hace tantos años son como localizaciones de una película. Hacia el final de Antes del amanecer, la cámara de Richard Linklater se desliza por los lugares que apenas unas horas habitaron Céline y Jesse. Nosotros, como las señoras, como los protagonistas de la película, habitamos una vez espacios compartidos que hoy parecen vacíos. Qué placer volver a ellos, silenciosos como una secuencia que recorre Viena. No con nostalgia, sino para reconquistarlos.