«Qué aburrimiento», «qué tristeza», «¿cuándo para de llover?». Con cualquiera de estas expresiones podemos rellenar las casillas de cada una de las conversaciones que mantenemos estos días
28 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Como vivimos en el día de la marmota pasada por agua, ya no sé si fue el jueves o el viernes cuando el paraguas comenzó a sufrir goteras o si sería sábado o domingo cuando entendí de manera cristalina por qué un señor de Liverpool, por ejemplo, decide jubilarse en Málaga. «Qué aburrimiento», «qué tristeza», «¿cuándo para de llover?». Con cualquiera de estas expresiones podemos rellenar las casillas de cada una de las conversaciones que mantenemos estos días, cada uno igual que el anterior, con sus granizadas, sus rayos y sus truenos que lo mismo caen de madrugada y despiertan a toda la ciudad, como iluminan el estudio de la radio y hacen retumbar los cristales. Después de tantos años haciendo radio de interior, esta nueva etapa con vistas a la calle te regala el fogonazo de un relámpago, el suelo cubierto del blanco del granizo, y los vecinos caminando con la cabeza tapada, la frente baja contra el viento, agarrando el paraguas como si les fuera la vida en ello.
Hace años, Pemán dijo que no teníamos memoria meteorológica. Cuántos inviernos así habremos vivido, con la amenaza del agua atravesando el paseo marítimo, con los pies calados y los abrigos empapados. Y sin embargo, cada sucesión de borrascas nos deja de nuevo sorprendidos frente a la fuerza de las olas contra las rocas, soñando con las vacaciones de verano o con una jubilación en el Caribe mientras intentamos no salir volando en cada esquina.
El verdadero día de la marmota es el 2 de febrero, pero aquí llevamos con cara de Bill Murray desde hace dos semanas, y nos quedan un par de ellas más por delante. Tal vez no tenemos memoria meteorológica porque no compensa... nos vamos a mojar igual.