Andrea Redondo, una de las mayores divulgadoras financieras en lengua hispana: «Es más fácil aumentar los ingresos que reducir los gastos»

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Andrea Redondo

La divulgadora financiera señala que para ordenar las finanzas lo primero es hacer una radiografía. «Lo que no se mide, no se puede mejorar», asegura a la vez que apunta: «A lo mejor te creías de clase media, y resulta que no lo eres»

24 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Andrea Redondo (Madrid, 1986) lleva más de 20 años invirtiendo, y, aunque ha conseguido la «ansiada libertad financiera» antes de los 30, sigue trabajando porque tiene verdadera pasión por lo que hace. Ha sido reconocida como una de las mayores divulgadoras financieras en lengua hispana, y casi el 90 % de los contenidos que producen están en abierto, tanto en el blog como en YouTube, porque quiere «democratizar el acceso a la educación financiera», aunque a mayores en el El Club de Inversión, que fundó hace casi 10 años, tiene distintas formaciones «para ayudar a esas personas que van en serio con sus metas financieras». Es autora de varios bestsellers, y en su nuevo libro, Dinero a todo color, propone una hoja de ruta financiera para empezar desde cero.

 —Señalas que las mujeres nos relacionamos de una manera diferente que los hombres con el dinero, que nos infunde respeto, miedo e incluso rechazo.

—Eso es, al final yo creo que muchas mujeres venimos condicionadas no solo por lo que hemos visto en nuestras familias, sino por lo que se viene haciendo desde hace siglos, donde el hombre tenía más ese rol de proveedor para la familia, mientras que la mujer tenía el de cuidado de esta. Y también afectaba al dinero donde las mujeres históricamente se han encargado de la gestión de la economía. Lo vi con mis abuelos, él lo ganaba, y ella lo gestionaba: iba al mercado, decidía si se compraban peras o manzanas, pero siempre asegurándose de que esos números cuadrasen, y que si el marido le pedía justificación, pudiera dársela.

 —¿Sigue siendo así? ¿O el avance a nivel laboral ha modificado esa visión?

—A día de hoy, las mujeres tienen su propia autonomía financiera, muchas ganan su propio sueldo. Puede ser más alto, más bajo, comparado con las parejas, pero está ahí. La cuestión es que muchas veces se gana ese dinero, pero no se sabe gestionar. Ahí es en donde está el problema, se pone en una economía familiar y suele ser el marido o la pareja quien lo gestiona. Tienes esa autonomía, porque ganas frente a nuestras abuelas, pero todavía estamos lejos de tener esa primera independencia y luego libertad, que es lo que te va a permitir realmente ser dueña de tu vida, de tomar las decisiones que quieras sin estar condicionada a otras personas.

 —Dices que el dinero no es un fin, sino una herramienta. ¿Cuál dirías que es el mayor malentendido sobre el dinero que tenemos hoy?

—Hay muchas falsas creencias. Una de las mayores que se ve no solo en la cultura hispana, sino también en la anglosajona, es que se suele ver el dinero como algo negativo. Como en las películas, los malos suelen ser los ricos, y no, simplemente el dinero amplifica aquello que tú ya eres. Si eres una persona avara, ruin, y demás... vas a ser más de lo mismo, porque vas a creerte más con el dinero. En cambio, si eres una persona bondadosa, generosa... vas a poder hacer más de eso que ya hacías. Es un malentendido grave, porque si lo vemos como algo negativo, no vamos a querer acercarnos. Al revés, lo vamos a rehuir y eso nos va a frenar en nuestro desarrollo económico. Vamos a seguir donde estamos, anclados en nuestra realidad, que se verá afectada por la inflación.

 —Hablas de tres pasos para revertir esta relación, el primero: transformar la mentalidad. ¿Tenemos muchas creencias que nos limitan sobre el dinero?

—Sin duda, va a depender un poco de la familia, porque estamos condicionados. Pero no hay que culparlos, uno no puede enseñar aquello que no sabe. Muchas veces se habla de los ganadores de la lotería, que a los pocos meses ya no tienen nada... Porque no saben gestionarlo. Antes de plantearnos ganar más dinero, tenemos que tener el enfoque adecuado. Hay que tomar las riendas de nuestro futuro financiero, quitarnos las creencias limitantes, y plantearnos por qué queremos hacer esto. Muchas veces el camino hacia esas metas financieras, hacia una situación económica mejor, no es de rosas, sino que está lleno de baches y altibajos, y si no tenemos claro el porqué, a la primera de turno que se complique vamos a tirar la toalla. Solo una vez que tienes la mentalidad adecuada, te puedes plantear los siguientes pasos, que son más técnicos.

 —¿Se puede tener una buena estrategia financiera, si se tiene una mala relación emocional con el dinero?

—Se puede, pero es importante trabajar esa mala relación. Es como si intentas hacer una maratón con unos sacos a la espalda, vas a poder correr, pero vas a ir más lento, y a lo mejor no llegas a la meta, porque te cansas por ese peso. Puedes hacerlo, pero te va a costar más.

 —El segundo paso es ordenar las finanzas. ¿Cuál es el primer gesto práctico que más impacto genera en la vida de una persona?

—A mí me gusta la frase «lo que no se mide, no se puede mejorar». Para mejorar tu situación financiera, primero tienes que saber en qué punto te encuentras, porque puedes tener una vaga idea de cuánto ganas, cuánto tienes de hipoteca... pero hasta que no te sientas y ves todos los números: cuánto has gastado en la compra, en viajes, en los niños... no vas a tener una idea clara. A lo mejor pensabas que tenías una situación de clase media, que vas ahorrando poquito a poco, y resulta que no, que tenías un ahorro que va mermando, porque gastas más lo que ingresas. Hay que hacer esa radiografía financiera de lo que ingresas y lo que gastas, pero también de los activos y pasivos para tener una buena fotografía, y a partir de ahí ya se puede ir mejorando esos estados financieros.

 —¿Cómo sabe uno que ha llegado a la libertad financiera?

—Soy cuidadosa con el término, porque a día de hoy hay mucho vende humo, y creo que hay que ser realistas. A mí me gusta decir que todo el mundo puede alcanzar la libertad financiera, pero no todo el mundo lo hará. ¿Por qué? Porque no es un camino fácil. No todo el mundo está dispuesto a lo que hay que hacer para llegar hasta ahí. No pasa nada, porque las cosas no son blanco o negro, y aunque una persona cualquiera no llegue a alcanzar la libertad financiera, si ha conseguido aumentar su patrimonio, generar más fuentes de ingresos... A lo mejor no puedes dejar por completo tu puesto de trabajo, pero sí optar a una reducción de jornada, que suponga un cambio radical en tu vida. Puedes tomar tus decisiones, que no vengan condicionadas por el dinero, igual tienes que trabajar, pero más con tus propias reglas.

 —¿Y cómo sabes si consigues esa libertad financiera?

—No pasa de un día para otro, no es que te levantes y digas: «Soy libre financieramente». Es un trabajo que se va haciendo durante años. Vas viendo que el dinero que generas con tus inversiones, que no depende de tu tiempo de trabajo, iguale o supere tus gastos para mantener tu nivel de vida. Cuando llegas a ese punto es cuando alcanzas la libertad financiera. Pero eso no quiere decir que dejes de trabajar. Puedes hacer o no. Ahí está la gracia. Eres libre de decir lo que quieres hacer con tu tiempo. Mucha gente no lo entiende, a mí me dicen: «Andrea, si ya has alcanzado la libertad financiera, ¿por qué haces todo lo que haces?». Porque me mueve, yo creo que se nota la ilusión con la que hago todo esto.

 —Inviertes en bolsa, inmuebles, en criptomonedas, en negocios... Si tuvieras que empezar de cero, ¿por dónde empezarías y por qué?

—Suelo hablar de seis pilares (los que has dicho más materias primas e inversiones alternativas), y yo por el que empecé y sugiero a todo el mundo que empiece, porque me he dado cuenta con mí misma de que funciona, es la bolsa. Es el más accesible en términos de conocimiento, de tiempo y de capital. A día de hoy, existen estrategias que no te van a requerir grandes conocimientos ni grandes capitales, ni tampoco mucho tiempo de seguimiento. El mundo de las inversiones ha evolucionado mucho desde que yo empecé hace 20 años. Ojalá hubieran existido las herramientas que hay hoy.

 —Por ejemplo.

—Una que me gusta mucho son los roboadvisor, robots que crean tus propias carteras, inviertes en las grandes economías del mundo, tanto en renta variable (acciones de empresa) como en fija (bonos, letras del tesoro y demás). Según tu perfil de riesgo, componen automáticamente la cartera, y además la van a ir reequilibrando para que esté alineada con tu riesgo. En media hora puedes tener una estrategia de inversión que, de «media histórica», te puede estar dando un 6-7 %, sin hacer absolutamente nada. Me parece extraordinario. Si quieres ir más allá, existen otras estrategias, tanto en bolsa como en los otros pilares, te van a llevar más tiempo, van a ser más exigentes en términos de conocimiento, pero te van a aportar más rentabilidad. Ahora quien diga que no invierte porque no tiene tiempo, conocimiento o capital son excusas porque con estas herramientas es tremendamente fácil.

 —Dices que es más fácil aumentar los ingresos que reducir los gastos.

—Sí, esto es algo de lo que no se suele dar cuenta uno. Siempre se piensa: «Si quiero tener más, tengo que ahorrar», pero muchas veces tenemos una ganancia que no estamos aprovechando en los ingresos activos, lo que ganamos con nuestro trabajo. Muchas veces no nos atrevemos a pedir un aumento de sueldo, porque pensamos que nos lo van a rechazar. Pero inténtalo, el «no» ya lo tenemos. A lo mejor te dicen que sí, y con ese aumento puedes inyectar más a tu economía familiar y por ende, invertir más. Pero además puedes buscar otros trabajos, puedes optar por formarte en otros puestos o aprender habilidades de alto impacto económico para las empresas, por ejemplo, en la IA, y eso va a añadir un extra de ingresos a tu patrimonio muy considerable. La gente no empieza por ahí, y yo prefiero aumentar ingresos que reducir gastos.

 —¿Por qué?

—Por dos motivos. Primero, porque llega un punto en que no puedes reducir más gastos. Por mucho que vivas como un monje tibetano necesitas comer, alojarte, vestirte y, aunque lo hagas en lo más básico, hay un cierto coste. Segundo, si ya estás trabajando de sol a sol, vives frustrado, solo puedes estar dos semanas en agosto con la playa abarrotada y encima no puedes darte un pequeño gusto en el día a día, vas a tirar la toalla muy rápido. Porque dices: «No quiero vivir así, tanto esfuerzo, tanto sacrificio para poco beneficio. No merece la pena». En cambio, si aumentas tus ingresos no solo vas a poder ahorrar más, sino que vas a disfrutar el camino mucho más. Vas a poder vivir tu vida a todo color.