Iker y Miguel estudian y trabajan: «Cuando todo el mundo se va de viaje o está saliendo de fiesta, nosotros estamos currando»

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XOAN A. SOLER

Como si de una doble jornada se tratase, ellos compaginan los apuntes con la hostelería. Cada vez más jóvenes deciden buscar un empleo mientras terminan la universidad. «En casa solo nos pidieron que no dejásemos los estudios», confiesan

21 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Entre quintos de cerveza, tapas y clases en la facultad, dos jóvenes pasan tiempo detrás de la barra del mismo bar mientras intentan llenar un poco su hucha y se sacan su título universitario. Iker tiene 23 años. Estudió Periodismo en la Universidade de Santiago y ahora está terminando un máster de Periodismo y Comunicación Multimedia. Por su parte, Miguel tiene 25 y está cursando el último año del grado de Empresariales también en la capital gallega. Ambos comenzaron como camareros por las mismas razones. «Yo empecé por el tema de ser independiente económicamente, para tener mis propios ingresos y poder a ahorrar un poco», explica Miguel. «Yo para pagarme el alquiler y ser más independiente de mis padres con el dinero. Llevo un tiempo sin depender de ellos», indica Iker. Sus turnos son distintos. «Yo estoy a media jornada, a veces vengo por las mañanas y otras por las tardes. Depende de cómo me venga mejor por el tema clases y exámenes. Algún finde que se necesite gente también vengo y hago horas extras», afirma Miguel. Iker, sin embargo, solo está los fines de semana. «Yo tengo clases por la tarde de lunes a viernes, por las mañanas aprovecho para ir al gimnasio. Trabajo los sábados y los domingos», puntualiza. Cuadrar horarios y hacer malabares con el calendario es importante para aprovechar al máximo el tiempo, sobre todo, al tener tareas que hay que realizar fuera del aula. O incluso para el ocio. «En mi caso, tengo muy pocos días libres para no hacer nada, porque por la semana estoy con las cosas de clase y el finde trabajando. Igual llevas una semana dura de estudio o lo que sea y te quieres relajar y no puedes», explica Iker. «A veces tienes poco tiempo y hay que organizarse bien. Cuando todo el mundo sale de fiesta o se va de viaje, pues tienes que currar. Pero, bueno, también es un poco lo que implica», añade Miguel.

Aun así, sus jefes les ayudan para que puedan gestionarse de la mejor forma posible. «Si tenemos exámenes o cualquier cosa nos dan muchas facilidades. La verdad es que eso se agradece», confiesa Miguel. «En nuestro caso, como conocemos a mucha gente del pueblo y el bar en el que estamos hay muy buen rollo con todo el mundo, te lo ponen todo bastante más fácil. Si tuvieras que trabajar en otro sitio, quizás con otro ambiente, pues igual no», apunta Iker. Entre camareros también se echan una mano. «Dentro de lo que es la hostelería tenemos suerte, porque al ser varios compañeros que tenemos buena relación, siempre nos movemos y nos ayudamos un poco en todo», afirman ambos. Para trabajar, en sus casas solo les pusieron una condición: no dejar de estudiar. «Mis padres se lo tomaron bien, porque, además, como empecé en verano nada más terminar la carrera, tenía mucho tiempo libre y era mejor invertirlo en tener un curro que en no hacer nada durante todo el día. Ahora, compaginándolo con el máster, siempre que no me suponga un bache y lo pueda gestionar, mis padres no tienen nada que decir, están contentos con eso», indica Iker. «En mi casa también se lo tomaron bien. Lo único que me dijeron es que priorizase, que no abandonase los estudios ni dejase todo de lado por trabajar. Que intentase llevar las dos cosas de la mejor manera posible y que si me llevaba algo más de tiempo sacar la carrera, no era un problema», cuenta Miguel.

Ellos también son conscientes y dan sus razones. «Tú inviertes tu tiempo en estudiar y realmente no te aporta nada en el momento, porque no tienes ninguna remuneración a corto plazo y ves que trabajando, pues tienes dinero a final de mes», explica Iker. «Muchas veces la gente pone de primero el trabajo porque a corto plazo es más gratificante, pero, evidentemente, hay que priorizar estudiar porque estamos en una edad en que es lo que hay que hacer. También hay que pensar en las oportunidades que te pueden aparecer después. Es más complicado ponerte a hacer una carrera con 30 años», añade Miguel.

«Me gustaría seguir creciendo y avanzando en la hostelería»

Iker vive en un piso alquilado. «En mi caso llevo ya cinco años residiendo en Santiago de alquiler y me parece que incluso la situación es peor ahora que antes. Encontrar pisos es prácticamente una locura, porque cuando los ponen las inmobiliarias el 1 de julio, todo el mundo puede ver las colas que se forman. La oferta que existe es muy baja para la demanda que hay, de ahí que se pongan los alquileres desorbitados. Prácticamente, nadie se puede permitir vivir solo o con solo un compañero en un piso decente y, menos, si quieres ahorrar un poco», indica. En cambio, Miguel ya vive independizado. «También se están enfocando los pisos en exceso al turismo y a los alquileres vacacionales. Que está bien que los haya, pero indirectamente estás generando un problema con los convencionales de toda la vida», agrega a lo que dice su compañero.

¿Y ven futuro en lo suyo? «Personalmente es una duda que tengo, el pensar si estoy haciendo un máster y al acabar me va a valer para algo o no. O si voy a tener oportunidades acorde a lo que tú te imaginas que es tener un máster o un título universitario. Es algo que está muy en el aire», indica Iker. «Lo bueno que también te enseña es que si tú estás trabajando y siendo constante, al final las oportunidades acaban llegando. Pero, como se suele decir, no caen del cielo», añade. «Yo también creo que es mejor encontrarte en esa situación de acabar una carrera y ya haber trabajado previamente sabiendo lo que es y cómo se maneja un ambiente de trabajo a salir ahí sin ninguna experiencia. Pienso que puede ser más duro el no conocer lo que es ya tener cierta responsabilidad en ese sentido», afirma Miguel, que, además, se ve trabajando en este mundo. «Me gustaría seguir creciendo y avanzando en la hostelería», confiesa. Lo que está claro es que nadie les quita el mérito.