Marc Ropero, 26 años, estuvo al borde de la muerte: «Me desperté del coma después de un mes y medio, sin poder hablar ni recordar a nadie»

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Marc Comas en la actualidad.
Marc Comas en la actualidad.

Volver a nacer. La vida le cambió a este joven tras sufrir un accidente de tráfico que le hizo estar al borde de la muerte. «Mis padres tuvieron que firmar un consentimiento antes de la operación por el riesgo que tenía», cuenta

03 mar 2026 . Actualizado a las 10:13 h.

19 de octubre del 2021. Ese fue el día que cambió para siempre la vida de Marc Ropero. El joven barcelonés de 26 años sufrió ese día un terrible accidente automovilístico que, aún hoy, sigue afectando a su rutina. «Ocurrió por la mañana. Curraba en la empresa de la familia, donde operaba con camiones y excavadoras. Esa mañana, como de costumbre, cogí mi camioneta para ir al trabajo, que quedaba a unos 55 kilómetros de mi casa. Por aquella época no dormía bien por problemas sentimentales con mi expareja y aquella jornada, a cinco minutos de llegar al curro, caí dormido y empecé a desplazarme con el vehículo a la izquierda. Instantes más tarde, fui arrollado por un camión», narra. No obstante, estos no son recuerdos del propio Marc, sino del informe policial tras el suceso, ya que él olvidó todo lo sucedido en las 48 horas previas: «Esto que te cuento es gracias a lo que me han dicho mis padres, yo, realmente, no me acuerdo ni de levantarme para ir a trabajar ese día, mi última memoria previa a todo esto es la de ir a un rali con unos colegas tres días antes».

Su camioneta quedó completamente destrozada tras el choque. Marc fue evacuado de urgencia al hospital para ser intervenido y, por fortuna, el conductor del otro vehículo solo sufrió heridas leves. «Estuve en la sala de operaciones durante ocho horas. Los médicos hicieron firmar un consentimiento a mis padres por si las cosas salían mal, ya que la cirugía era a cara o cruz. Gracias a Dios salió bien, pero estoy seguro de que si no me hubiese pillado tan joven, el resultado habría sido mucho peor», comenta. Tras la operación, Marc pasó los siguientes dos meses en coma, un proceso complicado del que afirma tener ciertas percepciones que, si bien se sienten como recuerdos, son alucinaciones creadas por su cerebro: «El accidente alteró el funcionamiento de mi cabeza. El primer mes tenía 39 grados de fiebre constantemente, estaban todo el rato poniéndome paños húmedos para bajarla, pero no había manera. Tengo una especie de visión cenital de la habitación del hospital en la que éramos cuatro pacientes, dos camas a un lado y dos al otro. Pero estaba yo solo, así que es una falsa imagen a posteriori». Durante ese tiempo, Marc relata que recibió varias visitas de sus seres queridos, quienes de vez en cuando veían cómo su cuerpo tenía ciertos espasmos y reacciones como rascarle la mano a su padre o abrirle un ojo a uno de sus amigos.

UN REGRESO TURBULENTO

«Mi despertar fue casi llegadas las Navidades del 2021. Cuando abrí los ojos estaba ultraalterado, estaba en una cama de hospital rodeado de cables, tenía un tubo por la nariz, otro en el pene… No recordaba nada ni a nadie», explica. Fue una situación realmente confusa para el catalán, ya que, además de no saber qué ocurría, no podía preguntarle a nadie por la complicación que sufrió durante el posoperatorio con sus cuerdas vocales, que le quitó el habla durante las primeras semanas. Este no fue el único problema grave que acarreó, su delicada situación hizo que los cuidados requeridos fueran extremadamente complejos: «Cuando estás en coma, tienen que ir cambiándote de pose para que la sangre circule correctamente y la piel respire. Lo que pasa es que a mí no me podían mover la cabeza, porque si hacían algún movimiento muy brusco, con lo frágil que estaba todo, me podía quedar más pa´allá que pa´cá. Hubo un día que empecé a oler fatal, mi cabeza se estaba muriendo».

Marc, a día de hoy, sigue teniendo jaquecas, que le obligan a medicarse con pastillas todos los días, aunque una cantidad muy menor a las 50 diarias que debía tomar al comienzo de su recuperación.

Una vez que despertó del coma, fue trasladado al Institut Guttman, una clínica privada de Barcelona en la que sus padres consiguieron meterle de forma gratuita. «Si mi familia no hubiese tirado de contactos, la estancia allí me habría salido por unos 75.000 euros», añade. Durante los primeros meses, el barcelonés fue alimentado a través de unos tubos, una experiencia que recuerda como nada satisfactoria y que cuando terminó, no fue de la manera que esperaba. «Fue poco a poco. No te quitan el tubo y te ponen comida normal, primero te hacen exámenes. Recuerdo que siempre tenía uno por las mañanas en el que me ponían un espesante en un vaso de agua y debía tratar de tragarlo. ¡Estaba malísimo! Y la verdad es que me costaba mucho, no solo por el sabor, sino por mi situación. Para ingerirlo tenía que agachar la cabeza, si no, no era capaz, el líquido se me iba para el otro lado», indica. Además, todos los días tenía una rutina obligatoria para que la recuperación fuese exitosa: «Me despertaba a las siete de la mañana para tomar las pastillas y a las ocho desayunaba. Luego hacía unas tres horas de rehabilitación y una parada para comer. Era un proceso de repetición que tuve que hacer durante varios meses».

LA VUELTA A CASA

La estancia allí no fue fácil para Marc, ya que la mayoría del tiempo tenía que pasarlo en soledad o con compañeros de habitación con los que no acababa de entenderse. «Fue complicado, mi madre apenas podía estar una hora al día conmigo y no es que tuviese muchos entretenimientos allí. Aparte, yo soy un chaval bastante delicado así que tuve mis más y menos con algún paciente con el que compartí estancia, bien fuese por limpieza o ruido», lamenta.

El joven se fue a casa a finales de abril del 2022, al menos para dormir, ya que tuvo que seguir yendo a la clínica para la rehabilitación durante el día. Para su regreso, su familia habilitó el baño del domicilio para que Marc no tuviese inconvenientes: «En la ducha me pusieron un taburete y un reposamanos en la pared para que evitase resbalar. Por suerte, ya podía caminar por aquel entonces, aunque me faltaba bastante para estar al cien por cien».

Han pasado casi cuatro años desde el alta hospitalaria de Marc y su progreso ha sido bueno. Puede hacer una vida normal, tiene pareja y queda con sus amigos frecuentemente, pero el accidente dejó en él algunas secuelas. «Lo que más me duele es la pierna. Lo noto sobre todo si hago mucho ejercicio, el sábado pasado fui al monte de caminata y más tarde, en casa de mi novia, la pierna se me quedó pillada. Tengo una astilla, así que si me paso, veo las estrellas», narra.

Algo similar ocurre con su cabeza, en la que siente un dolor más agudo cuanto menos duerme: «Si me echo una siesta de una hora o así lo noto menos, pero como no lo haga… Te diría que mi cabeza se asemeja más a la de una persona mayor que a la de un chico de veintitantos, me canso más fácilmente». Laboralmente, Marc cobra una pensión y no tiene un trabajo, pero sí colabora con un centro de voluntariado todas las semanas, algo que le otorga energías y ganas de seguir adelante. «Voy a la Fundación Arc de Sant Martí, en la que los martes doy clases de deportes y los miércoles, de baile, para gente que haya nacido con algún problema. Son personas muy agradables y agradecidas, ir allí siempre me ayuda a despejarme», concluye.