El cáncer crece en Vigo en las mujeres de mediana edad: «Esto no se acaba cuando te operan»

Ángel Paniagua Pérez
Ángel Paniagua VIGO / LA VOZ

VIGO

cELE RODRIGUEZ

Vigo supera la media de Galicia en incidencia y mortalidad por enfermedad oncológica

30 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El riesgo de padecer un cáncer crece con la edad, pero los datos muestran un incremento entre los pacientes jóvenes. En el área sanitaria de Vigo, uno de cada tres tumores se diagnostican en personas que tienen entre 45 y 64 años, de acuerdo con el Rexistro Galego de Tumores (Regat), que hace Saúde Pública. El grupo en el que más crece el cáncer es el de las mujeres de mediana edad. En el 2023 fueron el 36 % del total, casi cinco puntos más que cuatro años antes. En conjunto, se registraron menos enfermedades oncológicas en el 2023 que en el 2022, pero el único grupo que creció es el de las mujeres de 45 a 64, con 578 enfermas nuevas.

«No se sabe por qué está creciendo la incidencia entre los pacientes jóvenes», dice el jefe de servicio de oncología del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo, Martín Lázaro.

El 2023 es el último año con datos disponibles. Se detectaron 3.603 cánceres en Vigo, 1.996 en hombres y 1.607 en mujeres. En este mismo territorio murieron 1.593 personas por este conjunto de enfermedades, aunque ahí hay personas que pueden llevar años diagnosticadas.

La incidencia del cáncer es mayor en Vigo que en el conjunto de Galicia, en términos proporcionales. El estudio indica que solo en Ferrol y Pontevedra se diagnostican más casos nuevos que en Vigo en hombres, y esta área encabeza el registro en mujeres. El patrón se repite en la mortalidad.

Los principales tipos

Los cánceres de próstata y mama, que solo se dan en un sexo, son los más numerosos en el área sanitaria de Vigo. En el 2023 se diagnosticaron 515 casos nuevos del masculino y 508 del femenino, según el Regat. El tercero en discordia es el de pulmón, con 500 diagnósticos, el doble en hombres que en mujeres.

Esos tres tumores explican el 42 % de los casos oncológicos. En un segundo nivel está el cáncer de colon, con 346 nuevos diagnósticos en el 2023, que saltan a 472 si se le unen los de recto y ano.

«Los médicos de familia piden el PSA [el antígeno prostático] de manera sistemática a partir de los 45 años; si sale alterado, generan una consulta con nosotros y lo estudiamos. Así ya hacemos un cribado», desgrana el jefe de servicio de urología del Chuvi, Enrique Cespón. Esas consultas continuas hacen que se detecten muchos cánceres, que la mayoría aparezcan en estadios iniciales y que, por lo tanto, los índices de supervivencia sean altos. En el 2023 se registraron 62 fallecimientos por estos tumores.

La primera opción siempre es la cirugía. Si se puede, con el robot Da Vinci. Un 10 % de los tumores ya han hecho metástasis, pero, dice el cirujano, también hay tratamientos para estos.

El Regat estudia 25 grandes grupos de tumores más un cajón de sastre en el que incluye aquellos con pocos casos. Además de los de próstata, mama, pulmón, colon y recto, hay otros cinco cánceres con más de cien casos al año: vejiga (314), riñón (135), páncreas (123), tiroides (112) y melanoma (102). Entre estos diez grupos suman tres de cada cuatro nuevos diagnósticos.

El registro muestra un aumento muy significativo del cáncer de mama, con 395 casos en el año 2022 y 508 en el siguiente. Sería un 29 % más. La coordinadora de la unidad de mama del Chuvi, Rosa Mallo, advierte que ese aumento no es real. En el pasado, estaban infravalorados; en el último año, la metodología de recopilación de datos se refinó, de ahí el aumento. «Es un problema, porque es importante saber cuántos casos tenemos, echamos de menos una estadística clara», dice. En el Chuvi son entre 400 y 500 al año.

Más jóvenes en mama

Eso no quita que el cáncer de mama esté creciendo. «Se ha notado mucho el aumento de la edad del cribado hasta los 74 años», explica. Se refiere a las mamografías que se ofrecen cada dos años a a mujeres sanas. Antes paraba a los 70. A esto se suman las pacientes más jóvenes. «Cada vez nos llegan más», confirma Mallo. No es que sean mayoría, pero sí tienen un impacto social potente.

El crecimiento se nota también en la patología de pulmón. «Estamos viendo muchos cánceres, tenemos dos neumólogos a tiempo completo y ahora se va a empezar el programa de cribado para esta enfermedad», dice el jefe de servicio de neumología del Chuvi, Alberto Fernández Villar. El cribado se dirigirá a personas con factores de riesgo, como el tabaquismo. La edad media al diagnóstico en Galicia es de 66 años, detalla, un poco mayor en hombres que en mujeres.

Precisamente la feminización de esta enfermedad es algo sobre lo que el médico lleva años advirtiendo. Según el Regat, el 34 % de los nuevos diagnósticos en el área de Vigo son mujeres; cuatro años antes eran el 30 %. «Llegará un momento en que se igualen. Las mujeres empezaron a fumar en los años 80 y 90, con el acceso a los puestos de trabajo; las amas de casa no fumaban», explica, «y Vigo es una ciudad manufacturera, industrial, en la que las mujeres empezaron a fumar antes porque se incorporaron antes al trabajo». Es también el punto de Galicia con la mayor incidencia.

El cáncer de pulmón es el que más mata. De las 1.593 personas que fallecieron por un cáncer en el año 2023 en Vigo y su área sanitaria, 346 tenían un tumor de pulmón. Una de cada cinco. Cinco hombres por cada dos mujeres. El problema es que se detecta tarde. La mitad de los casos se diagnostican cuando la enfermedad ya está avanzada y las posibilidades de tratamiento son limitadas. «Es un cáncer indolente, no se detecta hasta que hace metástasis porque un nódulo pulmonar de 3 centímetros no da síntomas», explica el médico.

Rosa Solla tuvo un tumor de mama: «El cáncer no acaba cuando te operan»

cELE RODRIGUEZ

Detrás de cada número hay una persona y cada persona vive la enfermedad de una manera. A Rosa Solla (viguesa de 52 años) le diagnosticaron un cáncer de mama la primera vez que se hizo la mamografía de cribado. El programa de detección precoz convoca a todas las gallegas de entre 50 y 74 años a una mamografía cada dos años. Al poco de cumplir los 50 le hicieron la prueba y descubrieron un cáncer invasivo. Rosa está en el grupo de pacientes que más crece: las mujeres de mediana edad.

«Yo llevaba un año y poco de baja por una lesión en el hombro», explica. Es un detalle importante. El plan inicial era combinar la radioterapia con la cirugía y conservarle el pecho. Pero la lesión de hombro impedía a Rosa colocar el brazo en una posición necesaria para recibir la radioterapia y no hubo más alternativa que hacer una mastectomía. En la operación se produjeron complicaciones y de ahí se derivan sus secuelas. «No me quitan el dolor. Es continuo, en la axila, el pecho y la espalda», describe, «te despiertas con él, convives con él, es agotador». Añade: «En la unidad del dolor me dicen que tengo que aprender a convivir con él. Pero es como un dolor de muelas que no se te va. Un día lo aguantas, o dos, pero vivir así...».

Aunque en el cáncer no haya certezas absolutas, se sabe curada. La cirugía eliminó el tumor. Durante cinco años está con hormonoterapia, para prevenir recaídas, pero le provoca dolores óseos y cansancio. También padece una fibromialgia que empeora el dolor y el agotamiento. Le reconstruyeron el pecho en la operación del cáncer y, estéticamente, se ve como antes, aunque no acaba de acostumbrarse. La experiencia ha sido dura. En realidad, está siéndolo.

«El cáncer no acaba cuando te operan, influyen muchísimas más cosas», advierte. Son varias. Una es el miedo. Poco tiempo después de la operación, notó un bulto en el mismo pecho. «Me asusté mucho», dice. Volvió a entrar en la rueda de pruebas diagnósticas. La enfermedad se descartó, pero la inquietud se avivó.

Otra de esas cosas que influyen es el trabajo. Ahora no puede hacerlo, no tiene fuerzas. Era limpiadora en un hospital. El futuro laboral es una incógnita.

Está también la vida social. «Yo era hiperactiva, ahora estoy muy cansada psicológicamente», dice. «Intento arreglarme, que es superimportante, para verte bien tú misma... y también para no tener que dar explicaciones a todo el mundo».

Hace ejercicio con la Asociación Española Contra el Cáncer, de la que se hizo voluntaria. «A mí me recibieron con los brazos abiertos, sin pedirme nada y dándome todo. Si yo puedo aportar un grano de arena para que otra gente reciba lo mismo, a mí me reconforta», explica. Recibió terapia psicológica y participó en grupos, en los que conoció la realidad de otros enfermos. Su marido también recibió terapia de la AECC. «Él es el que peor lo ha llevado», dice.

La familia es otro de esos condicionantes. Tiene dos hijos, de 25 y 15 años. «Demostraron una entereza que yo no esperaba», se enorgullece. Le costó contarles la enfermedad a sus padres, de casi 90 años. «Siempre he hecho todo lo posible para que no me vean mal», dice.

Martín Lázaro, jefe de servicio de oncología médica del Chuvi: «Este año tendremos 400 pacientes nuevos más que el pasado»

M.MORALEJO

El servicio de oncología del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo está notando el aumento de la incidencia del cáncer, según confirma su jefe, Martín Lázaro (A Coruña, 61 años), que advierte: «Somos oncólogos porque hay personas que tienen una enfermedad que se llama cáncer y lo primero son ellos».

—¿Están notando el crecimiento de la incidencia del cáncer?

—La incidencia es creciente en general, lo reflejan los informes anuales de la Sociedad Española de Oncología Médica. Quizás nos llama más la atención en los pacientes más jóvenes, a veces de 40 o 50 años, sobre todo, en tumores de origen colorrectal. Lo notamos porque son casos que siempre impactan más.

—¿A qué se debe el incremento de pacientes jóvenes?

—No se sabe muy bien. Seguramente hay factores ambientales, incluso intraútero.

—¿En el incremento de los pacientes que tratan influye la merma de la población de Povisa, que ha perdido 27.000 pacientes menos en 10 años?

—Su población ha ido menguando. Nosotros este año estimamos que vamos a incrementar los pacientes nuevos en 400. Eso es mucho para nosotros, que teníamos unos 1.900 pacientes nuevos cada año. Además, cada paciente nuevo nuestro viene 14 veces a consultas sucesivas.

—Eso es un 20 % más en un año. ¿Alguna vez habían crecido tanto?

—No. Pero no es todo por Povisa. Es eso y también que hay nuevas indicaciones de tratamientos en pacientes que antes no se ponían. Y además está el incremento de la incidencia.

—Dice que hay nuevas indicaciones. ¿Cuáles?

—Cada vez hay más indicaciones de tratamiento y esto incrementa las posibilidades de curación. Por ejemplo, pacientes quirúrgicos a los que ahora se les da también un tratamiento complementario También estamos teniendo muy buenos resultados en un ámbito amplio de tumores avanzados. Por ejemplo, en pulmón, llevamos años con la inmunoterapia y vemos pacientes que han estado dos años con ella y se suspende porque ha ido bien y muchos años después no vuelven a presentar una progresión o una recaída.

—Además de la inmunoterapia aplican terapias dirigidas. ¿En qué consisten?

—El paradigma del cáncer de pulmón es un ejemplo de cómo ha cambiado el tratamiento con las terapias dirigidas. Ahora hay subgrupos moleculares de cáncer de pulmón en los que damos un tratamiento con una pastilla y sabemos que a los cinco años, el 60 % siguen con esa pastilla sin que la enfermedad haya ido a más. Antes eso era prácticamente inviable.

—Pero el paciente tiene que tener la suerte de que su tumor tenga esa molécula.

—Hay varias mutaciones que se pueden utilizar, unas van mejor que otras con los tratamientos dirigidos, pero eso ha cambiado bastante.

—¿Qué porcentaje de pacientes tienen las mutaciones para las terapias dirigidas?

—Sobre un 20 % en pulmón. Cada mutación tiene su perfil, la más habitual es más frecuente en personas que no han fumado y en mujeres.

—¿Se utilizan como primera línea de tratamiento o solo cuando fallan otras opciones?

—En muchos casos, sí. Y tenemos más fármacos, unos son como anticuerpos que se dirigen contra una proteína de la célula tumoral, son atraídos hacia ella y ahí liberan el fármaco; estos duplican la supervivencia en el cáncer de vejiga. Hay otros que impiden que las células puedan crecer.

—Da la sensación de que el tratamiento del cáncer ha cambiado mucho en pocos años.

—Sí. Hasta hace unos 14 años, esto era mucho combinación de quimioterapias, con beneficios más pequeños. Pero todo esto ha cambiado el horizonte de tratamientos.

—¿Y esto se nota en la mortalidad, por ir a algo concreto?

—Se nota en que tenemos pacientes con enfermedad avanzada que no podemos curar pero que se prolonga mucho tiempo.

—¿Con qué calidad de vida?

—Normalmente los fármacos que se aprueban tienen perfiles de toxicidades un poco diferentes a los que teníamos. Hay que estar muy encima.

—Usted también preside en Vigo la Asociación Española contra el Cáncer. ¿Qué le ha hecho cambiar como clínico ese contacto con la realidad de los pacientes?

—Es otra forma de ver las cosas que antes no conocía tan a fondo. Los voluntarios, que muchas veces son pacientes o familiares, te dicen que habrían hecho una cosa u otra por mejorar. Intentas que se transmita. Yo creo que lo fundamental es la atención cercana y empática al paciente. Es una persona con un nombre y un apellido que tiene que estar en el centro y no podemos dar prioridad a otras cosas. Creo que a veces dan más importancia a cosas a las que nosotros damos menos.