
La sardina ibérica se asienta en la celebración del Santo Antonio lisboeta y paduano, y en el San Xoán de hierbas celtas o galaicas. Cuenta el profesor Xoán Carmona que uno de los propulsores de la industrialización en Galicia fue el paso en el siglo XIX de la salga a la conserva hermética, gracias a la escasez de sardina en las costas bretonas y su abundancia entonces en las gallegas. Luego de que Castelao invocase a los gobiernos como hacedores de sardinas, estas siguieron fluctuando en su abundancia, poniendo en peligro las primeras industrias del mar y la conserva.
A principios del siglo XXI, la pesquería de sardina ibérica colapsó, reabriéndose en el 2010. En el 2017 la recomendación de los científicos del ICES fue de una cuota cero. La colaboración entre gobiernos y organizaciones de productores de Portugal y de España desarrolló medidas de gestión en la pesquería y logró el sello azul del Marine Stewardship Council (MSC), un distintivo de calidad y pesca sostenible. En el 2025, las posibilidades de captura son de unas 52.000 toneladas para 317 embarcaciones, de las cuales 132 son portuguesas y 185 españolas.
Las conserveras españolas se asentaron, según el profesor Carmona, desarrollando un proceso de «atunización» mediados los años 60 y/o internacionalizándose. También acudiendo a un mercado internacional donde la sardina va y viene, sobre todo de Marruecos. Donde se capturan sobre medio millón de toneladas al año en el Atlántico Norte africano, un sistema de afloramiento común con el Atlántico Ibérico.
España, en el 2024, importó 47.000 toneladas de sardina, de las que un 20 % eran frescas, el 61 % congeladas, y el 17 % en conservas. Marruecos, Portugal y Croacia son los principales proveedores. Una importación imprescindible para las conserveras que ha llevado a sus empresas, o a capital español, a invertir en Marruecos —incluso en Dakhla, el Villa Cisneros saharaui—, de donde se importan unas 3.700 toneladas de conservas; mientras que de Portugal —también con inversiones españolas en sus fábricas— se importan unas 2.200. Estas inversiones en Marruecos revocan la posición sostenida por la patronal conservera ante los acuerdos de la Unión Europea con Marruecos en 1995, cuando acusaba de falta de sensibilidad hacia las conserveras españolas a quienes defendían el acuerdo pesquero. Inversiones lógicas, posibles costes de reputación aparte por el conflicto del Sáhara, dada la necesidad de sardina como materia prima para la industria de conservas española, importándose de Marruecos unas 38.000 toneladas de sardina fresca o congelada. En el 2024, la producción española de conservas de sardina disminuyó en un 21,6 %, situándose en 13.503 toneladas según Anfaco, que podrían equivaler a unas 50.000 toneladas de sardina entera. Tantas como las capturas permitidas de sardina ibérica en el 2025, según estas cuentas. Prodigio de mouros, quizá del mouro de Pena Amiga, imposibles sin memoria y sin amigos, como pescar sardinas con anzuelo o disfrutar xoubas del xeito.