
Pacientes con gotero y cigarrillo a la puerta del hospital bajo un cartel de prohibido fumar; médicos, enfermeros y celadores que crean zonas de fumadores dentro del edificio y atienden enfermos con sus ropas, manos y aliento apestando a tabaco. Debería escandalizarnos, pero es la normalidad en el CHUS. En otros países como Australia, EE. UU. Nueva Zelanda o Suecia los hospitales sin humo son una realidad. No somos diferentes, pero
no nos hemos molestado en crear la cultura de respeto que allí sí tiene y de la que aquí carecemos. No se trata de, como dijo el consejero de Sanidade de la Xunta, Gómez Caamaño, poner a un policía detrás de cada ciudadano, se trata de empoderarlo. En Nofumadores.org sabemos qué medidas funcionan, pero todo pasa por tener la voluntad y el coraje de aplicarlas. Como paso previo, se deberían pintar grandes signos de «prohibido fumar» en el suelo de los accesos, tanto a interiores como a exteriores, del recinto hospitalario y recordatorios en todos los lugares conflictivos. El fumador debe ser consciente de que existe una ley y que esta se va a hacer cumplir. Hay que tener claro quiénes son los infractores: el personal laboral adicto a la nicotina es quien hace la vida imposible a sus compañeros y a los pacientes. Los trabajadores que no fuman tienen miedo de pedir que se cumpla la ley ante toda la cadena de mando, pues siempre, siempre, se favorece al agresor. ¿Será porque el propio personal gestor y directivo también fuma? ¿Qué sucede cuándo presentas una queja? Son vistas como una molestia y caen en saco roto. Esa es la cultura actual, en la que los superiores se lavan las manos sistemáticamente: no se expedienta, no se revisan las zonas de fumadores conocidas por todos —que en un determinado hospital de Galicia exista un lugar para fumar en cada planta y en las escaleras es de traca—.
Exigir el derecho a respirar aire limpio y que otros cumplan sus obligaciones laborales en vez de irse a fumar un cigarrito puede dañar la salud de quien sí cumple. Cuando alguien del personal se ausenta para fumar, otro trabajador del centro hospitalario tiene que realizar su labor. Si reclamas, cuidado, peligro de ostracismo. Se trata de un bullying auspiciado y consentido por Sanidade. Quien levanta la voz es un paria. ¿Qué hace falta para que nos demos cuenta de que el humo del tabaco supone una agresión y que quien denuncia no es chivato, sino un héroe? Señor Caamaño, este es el segundo consejo: el miedo debe cambiar de bando. Nofumadores.org no debería recibir correos de personas relacionadas con el hospital que piden permanecer anónimos por miedo a represalias.
En tercer lugar: Sancionar es educar. El principal problema de los hospitales de Galicia es que por parte de la Xunta no se han puesto las medidas necesarias para hacer ver a los responsables del CHUS que tienen la obligación legal de que nadie fume en sus instalaciones. Las campañas educativas están muy bien, pero respaldadas por multas y sanciones. Se echa de menos que la dirección del centro haya tomado medidas disciplinarias como la suspensión de empleo y sueldo a los empleados que fumen dentro del hospital. Así es cómo demuestras que vas en serio.
Un inciso: siete de cada diez fumadores desean dejarlo. Señor Caamaño, potencien la deshabituación tabáquica del personal. A esta medida se comprometieron por escrito con la Dirección General de Salud Pública de la Xunta y no la están llevando a cabo. Atacar la prevalencia de población fumadora entre los sanitarios contribuiría decisivamente a liberar los hospitales de esta lacra que ya es impropia de un país desarrollado.
Por último, queremos ver que, de verdad, la dirección del CHUS hace algo al respecto. Bastaría un par de meses en los que los vigilantes de seguridad recibieran la instrucción de la dirección de denunciar a los incumplidores para acabar con la cultura de impunidad que hoy existe y que incluye, tristemente, al propio personal sanitario y no sanitario. También nos gustaría ver la implicación de la Policía Local, y que esta patrullara por los espacios al aire libre del recinto sanitario un par de veces por semana, sancionando a todo aquel que esté cigarrillo o vapeador en mano. Así es como se demuestra que de verdad se va en serio. Así es como se educa. Así es como se crea cultura.
*Raquel F. Megina y Ubaldo Cuadrado, son presidenta y vicepresidente de Nofumadores.org