Fuego

Ruth Nóvoa de Manuel
Ruth Nóvoa DE REOJO

OURENSE

Hay mañanas que prevés tranquilas y que acaban siendo tan ajetreadas que a la hora de comer ya tienes ganas de irte a la cama. Si trabajas en un periódico —si eres bombero o policía — sabes que la jornada no la decides tú. En la memoria de Ourense que voy tejiendo a golpe de contar noticias, las llamas tienen un protagonismo candente. Es pensar en la madrugada que ardió la capilla de Os Remedios, en la que se calcinó A Chavasqueira o, por ir a lo último, en la que se declaró un fuego en la Casa de Baños de Outeiro y me entra una angustia que tengo perfectamente catalogada: la del imprevisto, la de cualquier cosa puede pasar en cualquier momento... Dicen que el fuego es purificador, pero me temo que eso es solo en tiempo de hogueras y de queimadas. Porque esta ciudad se va quemando poco a poco —nos vamos quemando poco a poco— y no parece que renazcamos de las cenizas como las que ahora se dispersan desde la calle Progreso y el paseo del Barbaña.

La capilla de Os Remedios me recuerda a la adolescencia, a cuando acompañaba a mis padres a la novena en septiembre, y también de la juventud, cuando iba con Miguel Villar a hacer reportajes. Tardó cuatro años en reconstruirse.

A Chavasqueira me llevan a los primeros años de trabajo, a presumir de la ciudad con los amigos de fuera, a épocas de menos responsabilidades, a relax. Tardaron seis años en reconstruirse.

El antiguo balneario no me evoca nada porque, aunque se trata de una parte de la ciudad con un enorme potencial, lleva décadas infravalorada y cada vez más deteriorada. Y aunque pasen los años, me temo que seguirá igual.