La línea recta hacia el bisonte

OURENSE

07 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Sé que hombres y mujeres no somos iguales, pero sí sé que quiero que tengamos las mismas oportunidades. Faltaría más. No somos iguales y creo que no lo seremos nunca, pero no por eso tenemos que pasarnos (nosotras) la vida peleando, corriendo, sorteando zancadillas, saltando obstáculos, dando cabezazos a un techo de cristal que alguien se empeñó en instalar y que no protege a nadie.

Hace unos años tenía un dolor lumbar y me fui al fisio. La verdad es que me arregló la espalda y también un poco la cabeza. Estuvimos charlando un rato sobre la tensión y la presión, sobre el estrés y sobre la vida, sobre las cargas. Él quería hacerme entender que existían unas formas de ser casi incontrolables, ancladas en nuestro cerebro reptiliano. Recuerdo que cogió un papel y un boli —era azul— y jugó a la prehistoria. Dibujó una flecha entre un hombre del pasado y el bisonte que debía cazar. Una línea recta. Sin distracciones. Sin multitarea. Después dibujó un montón de flechas, a izquierda y derecha, entre una mujer de hace miles de años y la decena de cosas de las que estaba pendiente: qué hacer con la carne del bisonte, qué hacer con la piel, el niño colgado de la teta, el anciano de la familia enfermo... Esta interpretación es libre, porque ya hace tiempo de esta charla. Pero lo importante es el mensaje. Lo importante es que la línea femenina no era recta. Ni siquiera era solo una línea. Era como un árbol con muchas ramas, unas grandes, otras pequeñitas. Lo entendí. Y resultó casi liberador. Tanto como pensar que tenemos derecho a elegir la línea recta.