En el 2025, según datos oficiales, se quitaron la vida en España 3.808 personas, de ellas 303 gallegas, lo que representa el 30 % de las muertes violentas. Se trata de un problema de salud pública prevenible, por donde se escapa la vida. La magnitud y la contundencia de los datos en crudo están en consonancia con la desagregación de los mismos: desigualdades sociales, vulnerabilidades personales, falta de educación emocional, la soledad e idiosincrasia propia de la comunidad... Pero lo relevante es que detrás de cada dato hay un sufrimiento infinito de cada persona, de cada superviviente.
Vulnerabilidades específicas incrementan el riesgo, como la violencia de género, trastornos alimentarios, toxicomanías, enfermedades, el género, la edad y la tecnología. Y aunque las cifras muestran su pico en la adultez, el dolor más intenso se produce cuando este hecho ocurre en mayores y jóvenes. Además, el duelo por un suicidio es la más estigmatizante de las pérdidas repentinas, afectando al proceso y complicando su superación.
Trabajar no debería costarnos la salud, ni la vida. ¿Por qué existen suicidios laborales y profesiones con tasas más altas? Las autopsias psicológicas y los servicios de prevención pueden dar luz al problema: no todos los trabajos son iguales, ni tienen los mismos riesgos laborales.
La conducta suicida es un fenómeno universal, atemporal y eminentemente humano. Desde el punto de vista mental, consiste en un sufrimiento límite vivido como intolerable, del que no se puede escapar; e interminable, y para el cual la persona no vislumbra mejor solución que poner fin a la vida. Por ello, una esperanza realista y la recuperación del sentido personal es la mejor medicina.
Cada 10 de septiembre se celebra el Día de Prevención del Suicidio, un fenómeno asociado al tabú y al estigma que genera un gran impacto personal, familiar y social. De ahí que la OMS haya lanzado una campaña de prevención titulada «Cambiar la narrativa», con la idea de reducir el estigma social que rodea al problema, fomentar una cultura de apoyo comunitario y promover la acción para pedir ayuda.
Avances como el observatorio de la prevención del suicidio, los planes de salud mental y educativo y la sensibilización de los medios de comunicación van en la dirección correcta, pero se necesita acelerar en velocidad, intensidad y transversalidad, así como evaluar las políticas públicas para seguir orientando la intervención: quien sufre no puede esperar.
No se nos puede escapar la vida por momentos negativos, ideas distorsionadas o emociones anómalas. La vida tiene sentido (permítete vivir); una orientación vital constructiva, la capacidad de resolver problemas, un estilo de afrontamiento positivo y resiliente, una sociedad emocionalmente educada y conectada, un buen sistema sociosanitario que vigile los determinantes de la salud son elementos necesarios para que las vidas merezcan la pena ser vividas.
Si necesitas ayuda, llama al 024 del servicio de atención psicológica gratuita: palabras que salvan vidas.