La moda de las maratones

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Corredores toman la salida en la media maratón de Madrid, el pasado 22 de marzo.
Corredores toman la salida en la media maratón de Madrid, el pasado 22 de marzo. FERNANDO VILLAR | EFE

En la última maratón de Madrid, veinticinco ingresados. Ojo, no es una broma. No suma esta estadística los que fueron más listos y abandonaron a tiempo, antes de que su cuerpo reventase por los poros desde las arterias. Los humanos somos de pulsiones. Abrazamos las modas sin medida. En Galicia, a estos comportamientos les llamamos arroutadas. Las arroutadas suelen acabar mal. Que lo sepan en el resto de España. Es necesario hacer deporte, pero controlado. Lo que no tiene sentido es que tipos con más de cincuenta años, que hace décadas que no se mueven ni un poco, se lancen de repente, sin consejo médico ni preparación, a hacer una maratón. O una media maratón. La catástrofe física huele a sudor. No hace falta ser Einstein. Llega el colapso de la visión borrosa, que termina en ahogo. Si alguien no corre desde el Pleistoceno ni para no perder un autobús, no tiene ni pies ni cabeza que intente lograr una foto destruido después de hacer 42 kilómetros o 21, por redondear. Solo hay que salir a pasear para ver a una legión de atletas recorriendo nuestras calles y nuestros paseos. Se compran todos los artilugios que les coloca el mercado. Van a la última en camisetas, zapatillas, medidores del pulso, etcétera. Pero ves a algunos muy sofocados, casi boqueando como peces fuera del agua. No están encharcados en sudor, son un polo derretido de sudor. Estos son los que no se han preparado metro a metro, paso a paso. Son los que se atreven en un calentón, tras otra ronda de Estrellas, con la próxima maratón de Madrid. Estos son los que acabaron el otro día en el hospital. Los que descubrieron que el cuerpo humano, incluso el de ellos, tiene límites. Los expertos en entrenamiento y los médicos son muy necesarios para controlar esta moda de los deportistas de élite improvisados. No sé si hay por la calle más fenómenos del deporte o más dueños con perros. Otra vez las modas. Se observa también en los gimnasios, con la locura por las pesas. Por muscularse como si no hubiera un mañana. Tipos que les cuesta levantar un café macchiato, hombres hechos y deshechos que se han pasado toda la vida haciendo solo levantamiento de copas en barra fija por las noches, intentan alzar treinta o sesenta kilos y allá se va el codo al carallo. Adiós a una de sus extremidades por querer ser Van Damme en dos tardes. Hasta con las modas hay que ir chupito a chupito. Improvisar, nunca. Dejarse aconsejar por los que saben. La pregunta del millón: ¿es más sano correr o correrse? Sé que se pueden hacer las dos cosas. Los insensatos suelen soñar con su récord en la maratón consultando solo internet. Son los adictos al doctor Google, hoy doctor IA. Todo lo resuelven tecleando, sin tener ni idea de medicina. Alérgicos a los profesionales de la salud que tienen los conocimientos, se lanzan a seguir los consejos que les regala la IA, justo lo que quieren oír, y así terminan en los gimnasios con una muñeca rota o en los paseos marítimos con una angina de pecho. Correr es sano. Pero no de golpe. Golpe es una mala palabra. Golpe de calor. Golpe de violencia. El golpe con el que se matan los del balconing. No hagan nada de golpe, por favor. Aunque lo vean en su móvil, ese gran mentiroso tecnológico.