La política, en el juzgado o en el ring

M.ª Carmen González Castro
M.ª Carmen González VUELTA Y VUELTA

OPINIÓN

Trío de acusados. El empresario y comisionista Víctor de Aldama junto al exministro y ex secretario de organización del PSOE, José Luis Ábalos, y su exasesor Koldo García compartiendo el banquillo de los acusados del Tribunal durante la primera sesión del juicio que comenzó esta semana.
Trío de acusados. El empresario y comisionista Víctor de Aldama junto al exministro y ex secretario de organización del PSOE, José Luis Ábalos, y su exasesor Koldo García compartiendo el banquillo de los acusados del Tribunal durante la primera sesión del juicio que comenzó esta semana. TRIBUNAL SUPREMO

01 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Es muy decepcionante observar el panorama político español. Desolador. Ahora mismo, parece que solo hay dos escenarios en los que se mueven los principales actores, los partidos políticos más votados: el juzgado o el ring.

Vayamos por partes. De un lado están los juzgados. El foco político de estos días se debate entre el caso mascarillas en el Supremo, sobre las irregularidades en la compra de material sanitario por parte de administraciones gobernadas por los socialistas en plena pandemia; y el Kitchen, en la Audiencia Nacional, sobre las supuestas maniobras del Ministerio del Interior del popular Jorge Fernández Díaz para destruir pruebas que guardaba Bárcenas sobre las corruptelas del PP. La justicia, en esencia, dirime si unos y otros usaron irregularmente los fondos públicos, así como las herramientas del Estado, para fines que nada tenían que ver con gobernar. Y afecta a los dos grandes partidos, PSOE y PP, quizá porque son los que han gobernado durante más tiempo, los que a más gente han colocado y, en consecuencia, los que han tenido más oportunidades de corromperse. Porque ya lo vimos en los gobiernos de González y en los de Aznar, y porque si no tocas poder es difícil que gastes mal el dinero de todos los ciudadanos.

¿Significa esto que la esperanza que nos queda son los partidos más pequeños, situados en los extremos de PSOE y PP, y que hasta ahora no están manchados por las corrupciones del poder? Pues tampoco hay demasiadas esperanzas, porque los más representativos se han subido al ring y están inmersos en una pelea sin reglas para ver quien sobrevive y mantiene el control. Ocurre con Vox, esa formación que venía para limpiarlo todo y que a la mínima discrepancia ha empezado a borrar de un plumazo a muchos de los que algún día estuvieron cerca de Santiago Abascal y eran de su máxima confianza: se marcharon con poco ruido Macarena Olona, primero, y el matrimonio Espinosa-Monasterio, después. Pero, en los últimos meses, los expedientes a Ortega Smith, Gallardo y Antelo, entre otros, han provocado una guerra delante de los focos y sin ningún pudor.

Nada diferente de lo que ha venido ocurriendo en las antípodas del arco ideológico. Si primero fue la ruptura Yolanda-Podemos, nunca bien resuelta dentro de Sumar, ahora la guerra por el liderazgo en Más Madrid la libran la ministra de Sanidad, Mónica García, y el diputado Emilio Delgado, llegando incluso a protagonizar un desencuentro en riguroso directo en televisión.

Tampoco han sido inmunes a estas tensiones las formaciones nacionalistas. En Galicia, el BNG deja traslucir de vez en cuando discrepancias entre su portavoz nacional, Ana Pontón, y el partido mayoritario, UPG. En el País Vasco, Aitor Esteban se impuso a Andoni Ortúzar tras una crisis interna que amenazó con dividir el PNV; y Cataluña ha vivido el duro choque de Junqueras y Rovira en ERC.

Cuánto tiempo perdido y cuánta energía invertida en fines que no son para los que supuestamente llegaron o pugnan por llegar al poder. Porque mientras ellos pelean en el juzgado y en el ring, ¿quién arregla la falta de vivienda, las listas de espera en la sanidad, la subida del combustible o la situación de muchas familias por debajo del umbral de pobreza?