Las compañías tecnológicas están haciendo un enorme esfuerzo para imponer a los usuarios actualizaciones saturadas de inteligencia artificial que nadie había pedido. La IA es el reclamo de moda en un proceso inevitable que va eliminando cualquier opción de tomar un camino alternativo y elegir quedarse al margen. Para escribir en el entorno digital, cada vez que se abre un nuevo documento, un correo o un mensaje, aparecen esas moscas insistentes con las que la IA se empeña en hacernos vagos por defecto y llevarnos de la mano: «Ayúdame a escribir», «generar documento». El filósofo italiano Andrea Colamedici, autor de un experimento que lo ha llevado a dialogar intensamente con chatbots y a publicar dos libros escritos con IA bajo la firma del falso pensador chino Jianwei Xun, pronunció recientemente una conferencia en la que hacía un elogio lúcido de un fenómeno en vías de extinción: el folio en blanco. Colamedici, que enseña a pensar con y sobre la IA, señalaba en su charla que lo verdaderamente relevante no es rendirse a esa ayuda de la máquina para obtener un resultado perfecto, sino todo el proceso que se desenreda y después se anuda hasta conseguirlo: «Amo el síndrome de la página en blanco, el bloqueo del escritor, esa sensación de desorientación cuando tienes que empezar a escribir y no sabes por dónde comenzar», sentenciaba.