La desigualdad que no se ve

Marta Grañó PROFESORA EN OBS BUSINESS SCHOOL

MERCADOS

La mayor parte de las tareas en el ámbito de los cuidados sociales son realizadas por mujeres.
La mayor parte de las tareas en el ámbito de los cuidados sociales son realizadas por mujeres. ANA GARCÍA

01 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El aumento de la presencia femenina en la educación superior, en el mercado laboral o en determinados espacios de liderazgo ha contribuido a consolidar la idea de que la discriminación de género pertenece al pasado. Un 52 % de los jóvenes declara que el feminismo ha sobrepasado sus objetivos y genera discriminación hacia los hombres, tendencia no solo en España sino en otros países occidentales. Sin embargo, una parte sustancial de la desigualdad persiste precisamente porque no se ve.

Hay ámbitos centrales de la vida cotidiana, económica y social en los que la experiencia femenina continúa siendo sistemáticamente invisibilizada. Una gran parte del bienestar social y del funcionamiento económico descansa sobre ocupaciones «esenciales» que, paradójicamente, siguen siendo de las más infravaloradas. Limpieza, educación infantil, cuidados de larga duración, atención domiciliaria y sanidad básica conforman un núcleo de trabajo cotidiano que permite que el resto de los sectores operen, pero que continúa marcado por la feminización, la baja visibilidad pública y, con frecuencia, la precariedad. En Europa, las personas empleadas en servicios sociales perciben alrededor de un 20 % menos que el salario medio.

Pero, además, una parte sustancial de esta labor se realiza sin remuneración. Cada día se dedican más de 16.000 millones de horas en el mundo a tareas como cocinar, limpiar, cuidar a niños y mayores y sostener la vida cotidiana; una parte sustantiva de ese volumen recae sobre mujeres y niñas. La OIT estima que 708 millones de mujeres en el mundo están fuera de la fuerza laboral debido a responsabilidades de cuidados no remunerados.

Pero las diferencias invisibles no se limitan al ámbito de los cuidados: en muchos ensayos clínicos, por ejemplo, menos del 30 % de los participantes son mujeres, una falta de representación que tiene consecuencias clínicas tangibles. O el sector tecnológico, donde la presencia femenina es sistemáticamente menor que la masculina, lo que provoca sesgos en los algoritmos de recomendación. Avanzar hacia la igualdad real requiere ampliar el campo de lo que se considera relevante y medible y decidir sin sesgos.