Lugo es la ciudad de los grandes proyectos, no por su magnitud, sino por el tiempo que pueden tardar en llevarse a cabo desde que se anuncian: la falta de presupuestos, el politiqueo, o la desidia; pasan años, quinquenios, y como si nada, en un claro desprecio a la población a la que deben servir y para lo que fueron elegidos.
Un ejemplo preclaro lo tenemos en el Cuartel de San Fernando, o lo que queda de él. Recuerdo cuando el Ministerio de Defensa entregó al Ayuntamiento de Lugo, entonces era alcalde Orozco, las llaves del edificio. Políticos y prensa lo recorrimos y comprobamos que aún estaba en buenas condiciones, lo que hacía presagiar que habría acuerdo entre Xunta y Concello para acometer las obras de rehabilitación.
Pero esto es Lugo. La Xunta lo declaró Bien de Interés Cultural en 2009, presentándosele un anteproyecto para acoger allí el Centro Galego da Romanización, aunque pronto renunció al edificio eludiendo asumir su titularidad. Y aquí empieza, o sigue, el lío, primero con las alturas, que sobrepasaban a la Muralla; se solicita luego apoyo a la Xunta, que acordó destinar 500.00 euros para hacer frente a la inversión, dinero que nunca llegó.
Se planteó entonces que fuese destinado a Parador de Turismo, algo casi imposible dados los lugares de interés que en España hacían cola para tal designación. Fue entonces cuando el Concello decidió solicitar el ingreso del 2 por ciento cultural que el Estado destina a estos temas, para hacer, en parte, frente a la inversión. Así seguimos, esperando mientras que el edificio está ya en estado ruinoso.
Es de esperar que ahora que Xunta y gobierno municipal lucense son del mismo palo, eliminen los impedimentos y por fin, la obra vaya adelante. Tranquilidad, que esto es Lugo.