Todas las librerías son bonitas, y las lloramos cuando mueren

Mercedes Corbillón

FUGAS

La librería Tipos Infames, especializada en narrativa independiente, ha anunciado que cerrará las puertas de su local de Malasaña a mediados de febrero víctimas de la  gentrificación  tras 15 años en activo.
La librería Tipos Infames, especializada en narrativa independiente, ha anunciado que cerrará las puertas de su local de Malasaña a mediados de febrero víctimas de la gentrificación tras 15 años en activo. Eduardo Parra | EUROPAPRESS

30 ene 2026 . Actualizado a las 22:55 h.

Nunca imaginé cuando era una adolescente y escondía las novelas bajo los libros de texto ni después cuando ya era madre y deseaba la paz que no tenía para poder leer en el parque, ese lugar hostil, cuando mi afición era solo eso, una manera de estar en el mundo, una forma de flotar sobre la realidad o de abrazar la alteridad, de meterme en otra piel que estirase la mía hasta hacerla fina, sensible, convertida en un mapa donde se clavaban las historias de otros que a menudo son la nuestra, nos lo parezca o no, que con el tiempo habría una librería a la que llamaría mía, un posesivo imperfecto, en la que entraría alguna noche para escoger lecturas para llevarme a un viaje, solo las luces de la calle y la lamparita de batería enarbolada como si fuera una vela; como si las estanterías formasen parte de una biblioteca antigua como la que nunca tuvieron mis antepasados. Mi abuelo leía el Quijote después de sus jornadas arrancando piedra de la sierra y convirtiéndola en sillares con los que hacía casas. Cómo me hubiese gustado haber heredado ese ejemplar y unas manos que valgan para algo más que para pasar páginas, pero no sé hacer nada útil y de aquel ejemplar solo queda la memoria.

Todas las librerías son bonitas, y las lloramos cuando mueren. El cierre de Tipos Infames ha desatado una ola de tristeza, apoyo y, quién lo diría, desprecio. No solo se abrieron las trincheras ideológicas en las que todos estamos metidos buscando alguien que se mueva raro o distinto, sino que también asomaron aquellos que se sintieron menospreciados porque su libro o su catálogo no estaba en sus estanterías, regocijándose con la noticia que, según ellos, se explica por la arrogancia de sus dueños. El silogismo es sencillo, pueril y algo narcisista, si yo no le gusto o lo que hago no le interesa o le complica demasiado la gestión de un negocio con recursos más que limitados, entonces es malo y se merece lo peor. Tanto revuelo se montó que Sergio del Molino «gritó»: ¡Solo es una librería! Eso es, ni dioses ni demonios, solo tres amigos divirtiéndose con la literatura y la conversación. Una forma de hacer el mundo un lugar mejor, aunque se acabe. También se marchita una flor.