Una escuela

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro CAFÉ SOLO

FERROL

10 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En la vieja escuela de O Souto, a la que yo iba de niño, había una pequeña biblioteca, creada por Juan Sarmiento —maestro, natural de Pontedeume, que pasó largos años allí, en Sillobre, enseñando y, además, impulsando entre los alumnos desde el amor por la música, por la naturaleza y por las artes plásticas hasta la práctica del atletismo—, que para muchos de nosotros fue una auténtica sucursal del paraíso. Créanme si les digo que aún me acuerdo de ella, con nostalgia, muy a menudo. Porque todos y cada uno de los libros que allí había —libros que, aunque ellos no lo dijesen, es fácil imaginar que Juan Sarmiento y los otros maestros compraban y pagaban de su propio bolsillo— habían sido elegidos muy cuidadosamente para despertar, entre los niños, la afición de la lectura.

Yo tuve la suerte de nacer en una casa en la que había libros, también. La verdad es esa. Y, además, Miña Madriña, cada vez que iba a Ferrol, nos compraba más libros aún, que adquiría por lo general en la Papelera Ferrolana y en la Central Librera. Pero lo que no teníamos eran cómics. O tebeos, si prefieren llamarles de esa manera (nosotros les llamábamos, no sé por qué, chistes). De hecho, fui yo quien empezó a comprarlos, unos años más tarde, en un kiosko precioso que había no muy lejos de la escuela de O Souto: el de la Señora Aurora y el Señor Fernando.

Compraba, sobre todo el Pulgarcito. Y creo recordar que a veces también el TBO. Pero lo que iba a decirles, y disculpen que me salgan tantas ramas, es que en la biblioteca de la escuela descubrí las historias de Tintín; y que, al descubrirlas, entendí lo maravilloso que es el mundo.