Es un método de tratamiento que se centra en procesar las experiencias difíciles y recuperar el equilibrio emocional
14 may 2026 . Actualizado a las 12:17 h.El cerebro humano posee una capacidad para autorrepararse si se le proporcionan los estímulos adecuados, una premisa que define el trabajo diario de la psicóloga Alba Martínez. Su centro de psicoterapia de Sada se ha consolidado como un referente en la aplicación de la terapia EMDR, una técnica que permite «desbloquear» experiencias almacenadas de forma disfuncional que generan síntomas como la ansiedad o la depresión.Esta metodología se basa en la evidencia de que el cerebro procesa la información emocional a través de redes específicas que, ante eventos traumáticos, pueden quedar colapsadas.
La esencia de esta metodología, según explica Alba Martínez, radica en entender que cuando una experiencia nos sobrepasa emocionalmente, ya sea un accidente, una pérdida, un abuso o incluso experiencias repetidas de invalidación o críticas, el recuerdo puede quedar «atascado» en el sistema nervioso con la misma intensidad emocional y sensorial que en el momento original. «Se trata de un enfoque, una mirada al paciente diferente y basada en protocolos psicoterapéuticos estructurados que buscan activar la capacidad natural del cerebro para procesar y reorganizar recuerdos», señala la especialista.
A diferencia de otras corrientes, el EMDR no se basa en ofrecer pautas externas de conducta, sino en intervenir directamente en la raíz del malestar, allí donde se originan las respuestas automáticas e irracionales del organismo. El alcance de esta terapia ha evolucionado significativamente desde sus orígenes, cuando nació prioritariamente para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático en veteranos de guerra. Hoy en día, se aplica como un factor «transdiagnóstico» para abordar desde ataques de pánico y fobias hasta duelos complicados o trastornos alimentarios
En el caso del abuso sexual, por ejemplo, Martínez destaca que es posible trabajar de forma periférica para reducir el impacto del evento y las reacciones somáticas sin necesidad de revivir traumáticamente toda la experiencia en su totalidad. Asimismo, el trabajo sobre el autoconcepto es fundamental, centrándose tanto en deshacer el nudo de creencias negativas como «no soy lo suficientemente válida» como en potenciar aquellas que permiten al paciente sostenerse emocionalmente.
En su clínica, en la calle Playa de Sada, el equipo está compuesto por cinco psicólogas que aúnan la evidencia científica con la sensibilidad humana. Un valor añadido del centro es su especialización en la infancia, una disciplina poco habitual donde dos de las profesionales adaptan el EMDR a las necesidades de los más pequeños, quienes requieren una forma distinta de ser «mirados y comprendidos» para sanar sus heridas tempranas.
La eficacia del tratamiento es uno de sus mayores reclamos; aunque la duración total depende de la historia personal y del número de «nudos» a deshacer, Martínez afirma que es frecuente observar una reducción «rápida y medible» de la perturbación en apenas una o dos sesiones de reprocesamiento. Al liberar esa carga que mantiene activo el sufrimiento, el cerebro puede finalmente reorganizar la información y recuperar el equilibrio emocional perdido, permitiendo que la persona se sienta vista, sostenida y acompañada en su proceso.