Comedores

Cristina Viu Gomila
Cristina Viu LA ATALAYA

CARBALLO

Estamos en el mundo que estamos. Hace ya unos cuantos años lo habitual en los colegios era la jornada partida, que los alumnos que no vivían muy lejos se fueran a casa a mediodía, donde les esperaba un menú habitualmente confeccionado con tiempo y amor. El cariño no ha cambiado, pero las familias no pueden elaborar guisos y eso se nota en el aumento espectacular de las plazas de comedor escolar. Lo que hace un tiempo estaba pensado para atender a unos pocos ahora es una necesidad para casi todos.

Cada vez son más los colegios que elaboran sus propios platos o que los reciben de cocinas industriales y menos los niños que pueden permitirse unas lentejas tradicionales o, incluso, un filete con patatas de casa.

Los comedores, en su versión más evolucionada, vienen a sustituir a aquellas mesas familiares en las que uno aprendía a educar su gusto y sus modales viendo, simplemente, como se comportaban padres y abuelos. Y no es poca la responsabilidad que recae sobre los equipos directivos también en materia de nutrición y en este campo unos van mucho más adelantados que otros.

Otra cosa es el acceso a la prestación en si misma. En el Bergantiños reclaman más plazas para que no se les quede nadie fuera. También demandan que vivir en un barrio u otro de Carballo sea motivo de discriminación. El domicilio familiar no puede perjudicar el acceso a los servicios públicos.

Hay criterios más justos como la conciliación o la renta, aunque en eso también suele haber trampas y todos conocemos casos. Lo que está claro es que o hay para todos o es necesario encontrar mecanismos que garanticen el equilibrio.