
Fue el premio Nobel de economía Paul Samuelson quien reinterpretó la celebre cita del dirigente nazi Göring «cañones y mantequilla» en su lectura económica, que viene a decir que si queremos producir cañones habremos de renunciar a parte de la mantequilla.
Europa, la patria común de las 27 naciones vilipendiadas por el nuevo emperador mundial Donald Trump, se encuentra inmersa en el debate previo a la creación de un ejército europeo, en pleno rearme. Término que no le gusta al presidente Sánchez, que prefiere usar eufemismos para no llamar pan al pan y vino al vino.
Y aunque España apostó por el rearme europeo, no sabemos ni cómo, ni cuándo, ni con qué financiación vamos alcanzar ese 2 por ciento del PIB que comprometió nuestro presidente con la OTAN y sus socios europeos.
Sánchez, el de la piel excesivamente fina, hace ejercicios acrobáticos de semántica popular para contentar a una izquierda melancólica que lo acompaña con juegos de independencias a la hora de formar gobierno.
En los juegos de palabras para esquivar el bulto acompaña a la presidenta de Italia, la señora Meloni, que dirige un país con una deuda de más de tres billones de euros, la más alta de la Unión Europea, y reclama con el presidente español un subsidio o transferencia generoso de Bruselas para invertir en armamento y en tecnología bélica.
En la inversión en seguridad no vale hacer trampas en el solitario, ni inventariar unas nuevas cuentas del Gran Capitán sumando en el haber atlantista cantidades notables en guantes para enterrar cadáveres.
Tenemos que llamar a las cosas por su nombre y no vamos a utilizar la pregunta que hizo Zavalita, el personaje de Vargas Llosa en Conversaciones en la catedral, cuando indaga «cuándo se jodió el Perú». Pregunta que ahora referimos a cuándo el manto protector de la OTAN se rompió en Europa, amenazándonos con el desamparo frente a un enemigo ya identificado.
El rearme no es una cuestión dialéctica, es una urgencia inaplazable, inapelable. No vale apelar a la tradicional división de las dos Españas en un tema de Estado que debe unir a Gobierno y oposición, aunque deje fuera a los neo nostálgicos del «de entrada, no».
El Rearm Europa no es el Readiness 20/30 de Pedro Sánchez como concesión semántica de la Unión. Ahora toca producir cañones y reducir la mantequilla para que luego no tengamos que poner una amapola en la solapa, una red poppy, para recordar a nuestros muertos en combate, como cada año hacen los ciudadanos británicos como homenaje a los caídos en la Gran Guerra, en todas las guerras.