
El Citic y Sogama participan en un proyecto con Portugal en el que están diseñando un piloto de plataforma de IA para mejorar el reciclaje de envases
24 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Avanzar en la economía circular es una de las prioridades de la Unión Europea y la gestión de residuos es un pilar fundamental. El uso de las nuevas tecnologías supone además un pilar en la consecución de esos objetivos y en él se apoya e proyecto Gresint, en el que Sogama se ha aliado con el Centro de Investigación TIC de la UDC (Citic) y con la Asociación de Municipios para la Gestión Sostenible de Residuos de Grande Porto (Lipor) y la Universidad de Beira Interior (UBI).
La idea es desarrollar un piloto de plataforma de inteligencia artificial para mejorar la recuperación y el reciclaje de envases, contemplando la incorporación de distintos dispositivos, como es el caso de sensores, que permitan llevar a cabo una gestión anticipativa del proceso y mejorar así el resultado final. Lo explican Carlos Vázquez y Miguel Rodríguez, los dos investigadores principales del proyecto, financiado por el programa Interreg España-Portugal. «Se trata de crear una infraestructura que nos permita hacer una primera aproximación y en el futuro tener esa herramienta para poder aplicar técnicas más modernas».
Es decir, la primera fase consiste en crear un sistema de recogida de información centralizada para que más adelante los algoritmos sean capaces de procesar los datos. «En la planta de tratamiento hay un proceso muy largo desde que llegan las bolsas amarillas hasta que realmente se separan por diferentes tipos de material. Lo que hay que hacer es sensorializar», explica Miguel Rodríguez.
A través del proyecto se colocarán sensores en diferentes puntos del proceso para medir diferentes parámetros, como sensores que midan el peso del material que circula por las cintas, sensores que determinen si los motores están funcionando correctamente y sensores que sean capaces de medir el volumen del material que circula por las cintas.
El siguiente paso es la creación de una base de datos operacional, que guarda el funcionamiento de la planta en un momento dado. Esos datos después tienen que ser procesados a través del diseño de reglas que permitan extraer información. «Gracias al movimiento de los operadores de la planta podremos ser capaces de decir qué es normal y qué no es normal», explican los investigadores. Y entonces esos datos pasarán a un entorno analítico, que será el que permite saber si la planta está funcionando adecuadamente y tomar decisiones en el caso de que no sea así.
Un ejemplo que ponen los investigadores es que tras el maratón de Oporto, en los días siguientes la planta recibe un aluvión de botellas de plástico. Contar con herramientas como las que diseña el proyecto Gresint permite adelantarse y adaptarse a esa circunstancia.
Es decir, lo interesante de este proyecto es que permite detectar de manera precoz posibles problemas y además hacerlo sin que el personal técnico tenga que estar supervisando continuamente la planta.
Es más, el caudal de información con el que se contará también permite proactividad en el mantenimiento de los equipos que funcionan en las plantas de reciclaje. Por ejemplo, se pueden aprovechar paradas de la planta para sustituir un motor que está llegando al final de su vida útil. «Ahora mismo, se sabe que el producto está mal porque se rompe. Eso significa que la planta tiene que parar y que tienen que pedirlo. Es poco eficiente», afirma Vázquez. Gresint permitiría saber exactamente cuántas horas lleva funcionando ese motor para sustituirlo cuando llegue al final de su vida.
La reducción de paradas a través de esta monitorización permite un ahorro de las paradas de la planta, que funciona de forma más eficiente, lo que supone un ahorro de energía y de costes.
«Estas colaboraciones nos dejan investigar y probar cosas que están en el mundo real»
¿Qué ventajas supone para los investigadores de la UDC asociarse con empresas como en el proyecto Gresint? «Nos permite investigar y probar cosas que están en el mundo real», afirma Rodríguez. «Aplicar la ciencia al mundo real hace que tenga un impacto en la sociedad».
Además, los proyectos con empresas permiten contar con personas contratadas y formar futuros doctores en estos campos.
«Yo creo que la ventaja para las empresas es que encuentran una colaboración en la que no tenemos ánimo de lucro. Todo lo que se invierte en un proyecto está orientado a un resultado», dice Carlos Vázquez.
Eso, y que permite arriesgar mucho más en la búsqueda de soluciones a los problemas que se presentan. «Una empresa no aceptaría hacer algo si existe un riesgo de que no funcione». En cambio, «en la universidad podemos arriesgarnos porque no buscamos un beneficio económico. Podemos asumir ese riesgo porque nuestro afán es el conocimiento».
Al tener un contexto distinto y no buscar el lucro, la ciencia avanza y al mismo tiempo «nos permite maximizar el rendimiento. Podemos comprometernos a tener un resultado porque nuestro interés es el aprendizaje».