¿Por qué nos gusta «La isla de las tentaciones» o «Supervivientes»?: «Yo puedo mirar sin que me vean a mí»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

Montoya y Sandra Barneda
Montoya y Sandra Barneda MEDIASET

De «La isla de las tentaciones» a «Supervivientes», Laura García Agustín, psicóloga clínica, analiza por qué el espectador llega a sentirse identificado con los concursantes

08 mar 2025 . Actualizado a las 19:19 h.

El miércoles, La isla de las tentaciones arrasó en audiencias con la hoguera final de Montoya y Anita, pasando por delante de los reyes del prime time, David Broncano en La revuelta y Pablo Motos, en El Hormiguero. Cuando se emite, el programa es el ganador absoluto. Este jueves, Supervivientes se estrenó con datos de audiencia favorables, y poco habituales en la televisión actual. 

Lejos de la temática central, ambos éxitos de Telecinco tienen una sola cosa en común: ser un reality show. Un género de televisión que documenta situaciones reales de la vida, sin guion y en un contexto un tanto especial. De República Dominicana a Honduras, pasando por Guadalix de la Sierra, ¿qué tienen de especial estos programas que logran sumar millones de espectadores?

Laura García Agustín, psicóloga clínica, que ha comentado varios de estos shows, reconoce que observar la vida ajena «es algo inherente al ser humano». Mirar por la ventana, como bien reflejó Alfred Hitchcock en La ventana indiscreta, forma parte del comportamiento de las personas «como seres sociales que somos». 

Dejando a un lado que entretienen y que, en ocasiones, enganchan al espectador por las dinámicas que se dan, la experta reconoce que este tipo de formatos se asemejan a la tradicional conducta de escuchar qué cuenta el vecino y dar una opinión: «Miramos, comentamos, comparamos. Vemos si lo que nosotros hacemos está en la misma línea que lo que observo», indica García Agustín, quien destaca el componente de anonimato que se suma por parte de la audiencia. «Yo puedo mirar sin que me vean a mí. Participo como observador, pero me mantengo al margen», señala. 

En este sentido, se produce un fenómeno de identificación y comparación. Por ejemplo, son muchos los usuarios que opinan en redes sociales a medida que se emite el programa. Algo que no sorprende a la psicóloga: «La gente dice que eso nunca lo haría, o que sí lo haría. Esa crítica es una forma de autorregulación, de criticar el comportamiento del otro al mismo tiempo que nos identificamos», detalla. 

Además, se da un fenómeno que García Agustín también observa en consulta. Algo que el refranero español resume en un mal de muchos, consuelo de todos. «En terapia, la gente se pregunta: “¿Por qué me pasa esto a mí?”. Y yo siempre le respondo que eso le sucede a mucha gente. Y, solo con esa frase, la gente se siente más aliviada», comenta. Así, ver que otros sufren por amor, que hay más infidelidades, que meten la pata o que surge un comportamiento más transgresor, acaba haciendo que el espectador se sienta menos diferente: «En realidad, no hay cosa que nos angustie más que pensar que somos los únicos en algo». 

García Agustín, que se ha mantenido ajena a esta edición de La isla de las tentaciones, empezó comentando los realities con el primer Gran Hermano en España: «Recuerdo que fue un experimento brutal», dice.

Desde el punto de vista profesional, poder observar cómo un grupo de personas se comporta ante determinadas situaciones es algo muy llamativo: «Podíamos ver, en forma de experimento visual, los que los seres humanos pueden llegar a desarrollar en cuanto a interacciones sociales, manera de funcionar o la autocrítica, todo ello, metido en un lugar hecho a medida», apunta. Un espacio en el que, como dicen muchos concursantes, «todo se magnifica». Una frase que es el fiel reflejo de la realidad. 

Sin embargo, la psicóloga lamenta que se hayan traspasado ciertas líneas rojas en cuanto a la exposición pública de algunos comportamientos. De hecho, considera que lo llamativo de esta última edición de La isla de las tentaciones ha sido lo escandalosas que han sido algunas reacciones de los concursantes: «Lo sorpresivo es lo que llama la atención. Algo que no se haya visto hasta ahora. Antes sorprendía que ligaran entre ellos, ahora es lo normal», comenta. 

A todos se les vendrá a la cabeza el fenómeno «Montoya, por favor», que Sandra Barneda, la presentadora, pronunció durante la emisión del programa. Ese Montoya que se rompe las camisas, que grita y se revuelve por la arena de República Dominicana; que llega a la villa en la que su pareja mantiene relaciones sexuales con otra persona, para finalmente decir: «¡Montoya va donde brilla!». Una reacción, como dice García Agustín, que puede ser escandalosa pero digna de hacerse viral.

El cotilleo, otra conducta de importancia social

Observar y criticar forma parte del ser humano como lo hace el hecho de cotillear. Varios estudios han tratado de dilucidad las razones que llevan a las personas a hablar de otros sin que estos lo sepan y han encontrado que se trata de una conducta repetida desde el inicio de las sociedades. Por ejemplo, se vio que lo que popularmente se conoce como "el chisme" facilita el aprendizaje de los demás cuando no es posible que este se haga por observación directa (lo correcto y lo incorrecto); que crea conexiones sociales y regulan la conducta general y, además, que fomentan la ayuda y cooperación en una población. 

Otras investigaciones vieron que los cotilleos incrementan en mayor medida los niveles de oxitocina si se compara con una conversación con un componente emocional. «Este término tiene una mala reputación, aunque en sí mismo puede definirse como un comentario positivo o negativo sobre alguien que no está presente», aclaran los autores de uno de los estudios publicado en la revista Psychoneuroendocrinology.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.