La guerra de Putin contra las escuelas ucranianas. «He visto quemarse millones de libros ante mis ojos»
En la agresión rusa a Ucrania se libra también una batalla cultural. Las bibliotecas e imprentas se han convertido en objetivo militar, sobre todo después de que Kiev iniciara una reforma para borrar la huella soviética de su sistema educativo, empezando por los libros de texto.
Viktor Kruglov, propietario de una de las mayores editoriales de Ucrania, acababa de convocar una reunión en un almacén de Járkov, en el noreste del ... país, cuando oyó una explosión ensordecedora. El edificio había sido alcanzado por un dron ruso. Los libros comenzaron a caer sobre él y se desató un gran incendio en el depósito principal. Siete minutos después de ese pasado 1 de agosto, mientras él y su equipo intentaban sofocar el fuego y salvar tantos libros como fuera posible, impactó un segundo dron. «La situación era muy peligrosa –rememora Kruglov–. No podíamos hacer nada. Fue muy duro ver quemarse todos esos libros ante nuestros ojos». Nadie, por suerte, murió en el ataque, pero su empresa, Ranok, se halla hoy al borde de la ruina. Se perdieron ocho millones de libros, el 20 por ciento de los impresos en Ucrania el año pasado. Las pérdidas para la editorial ascienden a 17,8 millones de euros.
El ataque es parte de una nueva fase en la agresión rusa contra Ucrania: la destrucción de instituciones culturales. Casi al mismo tiempo, de hecho, fueron atacadas en Kiev una imprenta a las afueras y el mayor mercado de libros del país. En total, 13 millones de libros reducidos a ceniza. Una devastación de especial impacto en las escuelas ucranianas.
Solo en los almacenes de Kruglov se quemaron más de 620.000 libros de texto, otros 400.000 en ataques adicionales en otros objetivos, además de que 1,3 millones no pudieron imprimirse a tiempo para el inicio del curso escolar, en septiembre, tras la destrucción de la imprenta de Kiev. Antes, en julio, Rusia ya había arrasado otro almacén con más de 15.000 libros que las organizaciones Book Aid International y PEN Ukraine habían reunido para su donación entre ciudadanos ucranianos.
Imprentas extranjeras, al rescate
Según Bohdana Laiuk, viceministra de Cultura de Ucrania, los ataques se produjeron en el peor momento posible para los niños, ya que su país se halla en plena reforma del sistema educativo. El nuevo plan de estudios se presenta como una ruptura con el modelo ruso que ha predominado en el sistema educativo durante las últimas tres décadas; para ello, elimina las clases de lengua, literatura e historia rusas, con el fin de dar prioridad a los autores ucranianos y al patrimonio nacional.
Rusia ha destruido 230 bibliotecas desde el inicio de la invasión, hace cuatro años. «Quieren acabar con la cultura ucraniana; por eso debemos hacer todo lo posible para mantenerla viva»
Según Laiuk, 12.500 escuelas aproximadamente carecen de libros de texto para impartir este plan de estudios debido a los recientes ataques. «Los libros se están reimprimiendo, pero esto tendrá un gran impacto en los jóvenes que no disponen de ellos para el nuevo curso», afirma.
En Ucrania, las escuelas se identifican por números en lugar de por nombres. Yulia Mandrenko, de 33 años y profesora de Ciencias en la Escuela 15 de Vínnitsa, cuenta que comenzó el año escolar sin libros para sus alumnos. «Es un gran problema tanto para los profesores como para los alumnos más jóvenes», señala. Aunque muchos de los libros de texto están digitalizados, ella los considera un sustituto deficiente frente a los ejemplares físicos: «A los niños les cuesta mantener la atención».
Angela Ostapchuk, de 54 años y directora de la Escuela 156 de Járkov, indica que la mayoría de los libros de texto no llegaron a tiempo para el inicio del curso, incluidos los de asignaturas claves como Física, Química, Biología, Geografía y Literatura. «Algunas imprentas extranjeras han impreso los libros que faltaban en las escuelas –dice–. Pero nadie sabe si los podremos hacer llegar a Járkov, una ciudad que sufre ataques rusos día y noche».
Para Kruglov, las pruebas del sabotaje ruso contra el sistema educativo son abrumadoras. «Con dos impactos en un intervalo de siete minutos contra mi almacén, es evidente que fue un ataque premeditado y planificado contra la industria editorial. No hay objetivos militares en las inmediaciones y estamos frente a un hospital infantil –explica–. De hecho, cuando los rusos llegaron por primera vez a Ucrania fueron a las escuelas y bibliotecas, retiraron todos los libros ucranianos y los sustituyeron por libros y propaganda rusos».
Según cifras del Ministerio de Cultura de Ucrania, Rusia ha destruido casi 230 bibliotecas desde el inicio de la invasión hace cuatro años. Otras 680 han sufrido daños. Al comienzo de la guerra, los soldados rusos incendiaron al menos dos bibliotecas, incluida la de la iglesia Petro Mohyla, en Mariúpol.
El legado de la Unión Soviética
En Zaporiyia, cerca del frente, Katarina Dromashko recorre la biblioteca donde trabaja desde hace más de cinco años. El centro se halla frente a una subestación eléctrica y al lado de Motor Sich, el mayor fabricante local de motores para automóviles y aviones. La subestación ha sufrido siete ataques de drones y misiles rusos, en los que el centro ha sufrido tres impactos. «Es una suerte que no haya habido heridos, pero mucha gente tiene miedo de venir», cuenta Dromashko. Al poco suena la alarma aérea y todos los presentes se trasladan a la sala trasera, lejos de ventanas y puertas. Un psicólogo infantil, contratado durante la pandemia de la covid, ofrece sesiones a los jóvenes con dificultades emocionales por los ataques aéreos.
«Con dos impactos en siete minutos contra mi almacén, es evidente que fue un ataque premeditado contra la industria editorial. No hay cerca objetivos militares y estamos frente a un hospital infantil»
No son los únicos desafíos a los que se enfrentan las bibliotecas ucranianas. La escasa financiación que provenía de las autoridades locales se ha reducido por los desvíos presupuestarios a las fuerzas armadas y servicios de emergencia. La renovación de sus fondos, en todo caso, no es un problema actual. La Asociación Ucraniana de Bibliotecas estima que cerca de la mitad de sus volúmenes fueron publicados durante la época soviética, finiquitada en 1991.
Mientras tanto, Kruglov sigue sin saber cómo cubrirá el coste de los libros quemados por Rusia y no puede evitar establecer paralelismos históricos: «Los nazis ya quemaron decenas de miles de libros durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora, Rusia quema decenas de millones de libros. Quiere borrarnos del mapa y acabar con la cultura ucraniana; por eso debemos hacer todo lo posible para mantenerla viva».
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LA ASIGNATURA OBLIGATORIA
La guerra ha transformado por completo la educación en Ucrania. Al margen de la escasez de libros de texto, en las escuelas se imparte Defensa de Ucrania, una asignatura, obligatoria a partir de los 15 años, para adiestrar a los jóvenes en el manejo básico de armas, pilotaje de drones, detección de desinformación en redes sociales y plataformas y primeros auxilios. El objetivo, dicen autoridades y profesores, no es aprender a combatir, sino capacitar a los alumnos que han crecido bajo los bombardeos para sobrevivir. El Gobierno de Kiev subraya la diferencia entre su modelo, centrado en la preparación práctica y el pensamiento crítico, tan necesario para desenvolverse en tiempos de guerra, pero sin glorificar la vida militar, y lo que ocurre en las escuelas rusas, donde se imparte Defensa de la Patria, asignatura que fomenta el culto al ejército y la obediencia al Estado desde los 6 años. «Algunos de estos chicos serán médicos, otros profesores o se dedicarán a otras cosas, pero aun así necesitan estas habilidades —señala el director de una escuela en Kiev (foto), ubicada en un búnker subterráneo— Les estamos enseñando a sobre- vivir».