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Algo que contar

No curados de espanto

No curados de espanto
Andrés Trapiello

Andrés Trapiello

Cuánto se ha hablado estas últimas semanas de las vacaciones del presidente del Gobierno. Se demenciaron cuando él, contra toda prudencia, decidió no suspenderlas. El ... país ardía por sus cuatro costados en incendios devastadores y acababan de invadir una ciudad española, Ceuta. De los 80.000 marroquíes que violaron su frontera habían quedado sin vida, flotando en las aguas del mar o en las escolleras, más de un centenar de asaltantes, la mayoría jóvenes y niños. No le importó a él en absoluto, así hubieran sido cuatrocientos. Selló con fuerza sus molares, apretó impertérrito el paso y desapareció. En cuanto a los muertos han ido enterrándolos discretamente, como a perros, en un polvoriento cementerio musulmán. Tumbas sin nombre: ni un funeral de mala muerte, ni una triste ceremonia de curas y mulás. A quienes habitualmente lloran por los niños de Gaza no se les ha oído hacerlo por estos otros, de final igual de trágico pero acaso más injusto. Tampoco por las niñas marroquíes, violadas en las noches ceutís. Ninguna ha despertado el interés de las feministas y las ministras que hicieron de un beso robado una tragicomedia bochornosa.

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