El creador de Tuenti: «Los tecnoligarcas son seres sin alma; quieren convertirnos en esclavos»
Fue la red social española que le hizo sombra a Facebook. Millones de adolescentes compartían allí fotos sin filtros, sin postureos... hasta que desapareció. Un documental revisa su historia y nosotros hablamos con su creador, Zaryn Dentzel, un californiano que, antes de sufrir un misterioso secuestro, conectó con España... por un brasero.
Se despide Zaryn Dentzel tras una hora y media de entrevista y deja la impresión de que acaba de pasar un ciclón. Californiano de 43 ... años, el cerebro detrás de Tuenti, la red social que, de 2008 a 2010, fue capaz de hacerle sombra a Facebook en España –alcanzó los 15 millones de usuarios registrados, jóvenes españoles mayormente–, es un hombre de físico y verbo contundentes. Convertido en millonario tras la venta de aquella pionera start-up a Telefónica, en 2010, Dentzel ha sido inversor temprano en empresas de la economía digital como Glovo o el grupo Auro VTC, tiene intereses inmobiliarios y es especialmente activo en materia de criptomonedas.
En 2021, de hecho, fue secuestrado y torturado en su casa de Madrid durante horas por cuatro individuos que querían acceder a su monedero de bitcoins. Según la sentencia, lo golpearon, lo rociaron con gas pimienta, le pusieron una capucha, lo esposaron, lo envolvieron en una alfombra, le propinaron descargas eléctricas con una pistola Taser, con un cuchillo le hicieron un corte en el pecho y lo amenazaron con descuartizarlo y matarlo. Dentzel habla con XLSemanal, antes del estreno de tuenti sin_filtros (5 de noviembre, en Movistar Plus+), un documental que narra el auge y caída de su empresa, convertida hoy en todo un referente del sector tecnológico en España.
XLSemanal. ¿Fueron sus días en Tuenti los mejores de su vida?
Zaryn Dentzel. Sin duda. Su cierre fue el final de una etapa fundamental para mí. Me pasé años sin hablar del tema... De hecho, creo que mis exsocios, que llevan años haciéndolo, cuentan mucho mejor sus historias; yo, sin embargo, cuento algo muy genérico... ¡Y me veo gordo! [Se ríe].
XL. La evitación es un síntoma central del trastorno de estrés postraumático. ¿Fue un trauma para usted?
Z.D. A ver, es que no es fácil hablar sobre algo a lo que has entregado tanto. Yo vine a España con 23 años para montar Tuenti y me dio mucha pena cómo terminó todo.
XL. Acabaron mal entre ustedes, pero todos han participado. ¿Acaso no se han visto en el rodaje?
Z.D. No. De hecho, grabé primero mis entrevistas para que vieran que no entraba en conflictos y se animaran. Se sintieron cómodos y, al final, salimos todos. Para contar bien esta historia teníamos que hablar todos.
XL. Al final, lo vemos llorar abrumado por los recuerdos. ¿Lo ha ayudado todo esto a superar el trauma del cierre?
Z.D. Sí, lloré como un imbécil, y cuando me pasó me dije: «¿Qué coño me ha ocurrido? ¡Y con una cámara delante! ¡Y para un documental!». Pero me parece bien que lo hayan puesto; es una emoción real.
XL. Antes de eso, ¿cuándo lloró por última vez?
Z.D. Cuando me secuestraron y me torturaron… [agacha la cabeza, hace una pausa]. Pero esto es distinto. Fue algo bueno, purificador; un desahogo, una mezcla de muchas cosas.
«La gente cree que se comunica, pero solo alimenta bases de datos. Por eso debemos informarnos por fuentes no controladas por el sistema... Y tener 'bitcoins', que es una fracción de un poder sin control del Estado»
XL. ¿De su secuestro y torturas también le sigue costando hablar?
Z.D. No es alegre revivirlo, claro [resopla]... Todavía me asusto si alguien toca el timbre y luego nadie contesta o no veo a nadie. Ya sabes, los repartidores a veces hacen eso. Pero te diré una cosa que no sabe nadie. A los tíos que entraron en mi casa y me hicieron todo aquello les ofrecí retirar todos los cargos si me decían quiénes estaban detrás. Ninguno aceptó y están cumpliendo nueve años. Así que el responsable de todo sigue fuera.
XL. ¿Por qué está tan seguro de que hubo alguien detrás?
Z.D. Bueno, sabían a lo que venían, estaban demasiado bien informados, dijeron cosas sospechosas... En fin, la Policía no ha encontrado pruebas, así que mejor no digo nada más. Ahora quiero vivir tranquilo.
XL. Dejó de vivir en Madrid por un tiempo. Cinco años después, ¿se siente de nuevo en casa?
Z.D. Sí. Gracias, sobre todo, a la Policía Nacional. Tengo buenos amigos en el Cuerpo y ya no ando con la gente con la que andaba entonces. Por favor, no quiero hablar más de esto.
XL. ¿Gana usted dinero con este documental?
Z.D. El dinero me la suda. Rechacé más de medio millón de otro productor porque sentí que no me entendía. Lo he hecho con Toni Garrido, al que conozco desde que, hace años, me entrevistó en su programa La nube, en La 2, porque es un tío auténtico. No gano nada ni tengo control sobre el contenido. Esa es la verdad.
XL. Creó Tuenti hace dos décadas, ¿qué quería hacer exactamente?
Z.D. Mi obsesión era crear una especie de refugio donde reunir a los amigos alrededor de un brasero...
XL. ¿Perdón?
Z.D. Sí, sí, un brasero. Es algo muy metafórico para mí. Descubrí esto tan español cuando, con 15 años, vine a través de un programa de intercambio para aprender el idioma y acabé en casa de una pareja, Antonio y Puri, en Cabeza del Buey, en Badajoz. El brasero crea comunidad, vínculos; esa fue mi visión para Tuenti.
XL. ¿Tiene sentido seguir usando la denominación 'redes sociales'?
Z.D. Ninguno. La gente piensa que se comunica cuando, en realidad, solo alimenta bases de datos. En Tuenti hablabas con amigos y personas. Fuimos facilitadores para crear comunidades de verdad, pero ese concepto ya no existe en las redes. Es todo fake news, manipulación, insultos, odio...
XL. ¿Qué diferencia a los algoritmos de Tuenti de los actuales?
Z.D. Que Tuenti no quería saber qué te mantendrá interesado para ofrecértelo sin parar y hacerte adicto. Las redes sociales se han corrompido hasta convertirse en herramientas de control y dominio. Todo es postureo, falsedad, filtros, compañías que abusan de su poder para engancharnos y controlar las narrativas; la gente debe entender esto: TikTok, Instagram, Facebook, Twitter... ¡no son tus amigos! Solo quieren convertirte en mercancía; es el genio del scroll infinito que, en lugar de solo tres deseos, te da todo lo que pides.
XL. Y usted y sus socios ¿no crearon Tuenti para ganar dinero? Su venta los hizo ricos. A usted lo convirtió en inversor y millonario...
Z.D. Sí, pero no porque fuera mi objetivo. Mi mayor talento siempre ha sido identificar los problemas y resolverlos. En el caso de Tuenti, como corresponde a una empresa, tuve que buscar inversores, crear un producto atractivo y útil, contratar empleados... Tuenti, por cierto, fue la primera empresa española en repartir stock options a sus empleados. La verdad es que aprendí muchísimo sobre el capitalismo [se ríe]. Y es paradójico porque me crie en una familia anticapitalista. He participado en muchas empresas, he ganado mucho dinero con bitcoins, tengo pisos… Me ha ido bien, pero mi propósito nunca fue ganar dinero.
«A los tíos que entraron en mi casa y me hicieron todo aquello les ofrecí retirar los cargos si me decían quiénes estaban detrás. Ninguno aceptó y están cumpliendo nueve años. Así que el responsable de todo sigue fuera»
XL. ¿Y cuál era su propósito?
Z.D. Cambiar el mundo. Y sigue siéndolo. Si no fuera así, estaría comprando y vendiendo, especulando, prefiero invertir en proyectos a largo plazo que generen oportunidades para la gente.
XL. Muchos tecnoligarcas ya nos han vendido discursos similares, pero luego...
Z.D. Pero es que los tecnoligarcas son como 'el Imperio' de Star Wars; yo, sin embargo, siempre he sido un puto jedi. Estudié Relaciones Internacionales y trabajé de becario en la ONU; allí alcancé a ver lo estropeado que está el mundo. Sentí que debía hacer algo para ayudar a crear una democracia de verdad.
XL. ¿Esa fue la razón última para crear Tuenti?
Z.D. La razón de todo lo que hago, como te he dicho, es cambiar el mundo. Pero antes creé Essembly, una red social con la que incitar a la gente joven al debate político. Pero, ojo, no como esto de ahora en que todo el mundo insulta, transmite odio y manipula. Eso no es debate.
XL. En Essembly fue socio de Joe Green, compañero de cuarto de Mark Zuckerberg en Harvard, y la persona con la que creó Facemash, el germen de Facebook. ¿Qué papel desempeñó Zuckerberg en todo esto?
Z.D. Yo lo conocí a través de un amigo, Adam Ness, que a su vez era amigo de Green. Los tres estábamos en Essembly. Cuando fracasó y vi lo que Zuckerberg estaba haciendo con Facebook, empecé a entender que tampoco era un tipo mucho más listo ni más especial que yo y me dije: «Yo también puedo hacer algo grande».
XL. ¿Le habló a Zuckerberg de Tuenti?
Z.D. No, pero un día que comimos juntos le sugerí que lanzara Facebook en español. «Más tarde, algún día», dijo. Fue mi 'momento eureka'. «Si él no lo hace, ¿por qué no lo haces tú?». Al año ya montaba Tuenti en España.
XL. ¿Se enfadó con usted?
Z.D. No volvimos a hablar, pero Yuri Milner, un millonario ruso que intentó comprar Tuenti y otras redes sociales, me dijo que, cuando Zuckerberg se enteró de sus intenciones, le abrió las puertas a invertir en Facebook y le dijo que iba a acabar con nosotros.
XL. ¿Los temía, entonces?
Z.D. Claro. En España fuimos por un tiempo mucho más grandes que Facebook... Éramos una amenaza.
XL. ¿Qué diferencia a aquel Zuckerberg del actual?
Z.D. Ya no lo veo como una persona: es un personaje, una trama. Es muy falso. Se junta con los tipos de la UFC, en plan tipo duro, pero para él es como jugar a Mortal kombat. Patético. Para que te hagas una idea de su relación con el deporte, una vez quedamos para jugar al tenis ¡y el tío vino en chanclas! Y sin raqueta, claro, le tuve que dejar una.
XL. Jeff Bezos, de Amazon, también se ha puesto 'cachas'…
Z.D. Sí, todos se ven en una especie de ideal biónico. Los tecnoligarcas son seres sin alma; gentes delirantes que quieren convertirnos en esclavos. Contra la homogenización acelerada que nos impone 'el Imperio', necesitamos de la divergencia en el pensamiento, informarnos por fuentes no controladas por el sistema, que es lo que yo hago. Y tener bitcoins, que es una fracción de un poder no controlado por el Estado que proporciona independencia económica. Tenemos que pasarnos todos al bitcoin; ser como los rebeldes de Star Wars.
XL. Sí, claro, pero, para comprar bitcoins, primero hay que tener dinero controlado por un Estado...
Z.D. Pues trabaja, lucha, prospera... De niño, si yo quería pizza o cualquier cosa, mi padre me hacía mover y cortar madera para ganarme el dinero. Así aprendí la importancia del esfuerzo y la independencia.
XL. ¿Su padre era tacaño?
Z.D. No, pero era muy austero. Yo no tuve televisión ni videojuegos, así que leí mucho y por la noche me contaban historias; mi ropa solía estar desgastada y con agujeros, comía gratis en el colegio, no teníamos calefacción y cortaba la leña para la chimenea; mira, igual por eso me gustó tanto el brasero...
XL. Iba a preguntarle después por su familia, pero ya que estamos... Dentzel, su apellido, es de origen alemán. ¿Cuál es su historia?
Z.D. Mi padre fue la quinta generación de una familia de fabricantes de tiovivos. Mi tatarabuelo Michael empezó el negocio en Alemania. Tenía un taller de carros, fabricaba y reparaba ruedas, y de ahí pasó a los carruseles. Su hijo emigró a Estados Unidos y fundó en Pensilvania la G. A. Dentzel Carousel Company, que es una leyenda mundial del sector.
XL. ¿Nunca pensó en seguir la tradición?
Z.D. Bueno, Tuenti fue un carrusel de fotos, ¿no? Así que soy la sexta generación [se ríe]...
XL. ¿Cómo fue su infancia?
Z.D. Al poco de nacer yo, en Santa Bárbara (California), mi padre, un hombre muy culto, con buena educación y fluidez en cinco idiomas, decidió dedicarse a tallar animales de madera para carruseles. Así que nos mudamos a un pueblecito del estado de Washington donde para llegar hay que coger un ferry o dar un rodeo enorme. Se llama Port Townsend. Subirte a los árboles, ir a la playa a tirar piedras al agua, andar en bicicleta; así pasé mi infancia.
XL. ¿Con qué soñaba entonces?
Z.D. Yo siempre pensaba que los profesores sabían mucho más de todo que yo, que lo entendían todo... Mi vida cambió cuando dejé de ver las cosas de ese modo y superé la estructura que nos inculca el sistema educativo, esa visión de que todo está bajo control. Como emprendedor e inversor busco otras formas de hacer las cosas. Soy un gran defensor del método socrático: tienes que examinar tus ideas, reconocer tu propia ignorancia, descubrir las respuestas por ti mismo...
XL. ¿Ve mucho método socrático por el mundo?
Z.D. Infelizmente, no. Me da mucho miedo ver cómo los jóvenes crecen en un entorno donde todo es como un videojuego en el que imitas a la vida a toda velocidad. Incluso para ligar ya no hay que hacer tanto esfuerzo [se ríe]. Es un gran peligro que deje de percibirse el valor del proceso, el esfuerzo. La gratificación casi instantánea debilita nuestra capacidad de autocontrol y facilita las adicciones.
XL. Dijo antes que el mundo está estropeado, hablaba de «crear una democracia de verdad»... ¿Se siente cerca de los que están acampados en la Puerta del Sol?
Z.D. ¡Yo! Al contrario, esa gente protesta contra la propiedad privada, exigen vivir gratis en la calle Serrano, que les den un Porsche Cayenne...
XL. ¿De dónde se saca eso?
Z.D. A ver, es que a estas personas que no tienen nada yo las animo a construir algo por sí mismas en lugar de esperar a que el Estado les solucione la vida. Deben pensar en ser propietarios, en adquirir bitcoins, en alcanzar la independencia financiera...
XL. Estoy confundido. Los de Sol, entonces, ¿no lucharían también contra 'el Imperio' del que hablaba antes?
Z.D. ¡Qué van a luchar! ¿Les has visto las pintas? Son perroflautas, vagos que están ahí fumando y lo quieren todo por la cara. Pero eso no es real, debes luchar por lo que quieres. Cada persona debe ser dueña de sí misma.