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Desayuno de domingo con... José Manuel Zapata: «Aquella flauta del colegio es la fosa común de todas las vocaciones musicales»

Bérchules (Granada), 1973. Soy tenor, conferenciante y 'showman' sin ninguna paz interior. Presento el disco 'Gigantes', en el que canto grandes temas que todos llevamos en el recuerdo. 

Viernes, 09 de Enero 2026, 10:48h

Tiempo de lectura: 3 min

XLSemanal. Ha grabado trece canciones emblemáticas de Serrat, Pablo Milanés, Shakira, Camilo Sesto, Rosalía, Antonio Vega… Hay que ser muy osado para arriesgarse a que nos gusten más las versiones originales que las suyas.

José Manuel Zapata. Osado e inconsciente: ese soy yo. Sé que soy un cantante lírico, pero aquí me ha podido más el amor por esa música que la reflexión a la hora de hacerlo.

XL. Reconozca que, aunque su voz sea mucho mejor que la de Sabina, como Joaquín canta «y nos dieron las diez y las once…» ¡En fin!

J.M.Z. Tienes toda la razón. ¡Que nadie me cambie nunca por Sabina! Ni yo me cambio por él ni me cambio por Serrat, que es Dios y al que es imposible mojarle la oreja. Tampoco a Sabina, que es san Pablo, ni a Perales, que es san Pedro. Son mis grandes santos junto con Rocío Jurado y Julio Iglesias.

«Con 52 años estoy en la quinta planta y, desde aquí, hay muy buenas vistas: estoy en lo mejor de lo peor»

XL. Tiene que actualizar su santoral...

J.M.Z. Ya soy algo mayor y me lo puedo permitir: con 52 años estoy en la quinta planta y, desde aquí, hay muy buenas vistas: estoy en lo mejor de lo peor.

XL. Presentó Gigantes con éxito en un concierto navideño al que fueron grandes amigos suyos; entre ellos, Victoria Federica. Lo veo muy royal. 

J.M.Z. A ella y a su madre, la infanta Elena, las conozco mucho porque presento las subastas de los capones de Cascajares, a las que siempre van. 

XL. ¿Su amistad viene a través de los capones?

J.M.Z. Sí: «Pon un capón de Cascajares en tu vida y te traerá gente muy apañada» [ríe]. Son las dos muy cariñosas conmigo.

XL. Experto en Rossini, decidió dejar de cantar ópera porque pensó que la excelencia la tenían otros.

J.M.Z. Decidí dejar de grabar a Rossini porque había 40 cantantes, compañeros y amigos, que lo hacían ochenta veces mejor que yo, sí. Me dediqué a divulgar su música con humor, porque Rossini era un cachondo muy divertido, y desde entonces me ha ido muy bien.

XL. ¿Usted, como medio mundo, empezó a tocar música en el colegio con aquellas flautas que sonaban fatal?

J.M.Z. También y jamás me sonó bien, como al 99,9 por ciento de la población. Esa flauta es la fosa común de todas las vocaciones musicales. 

XL. Y con el reggaeton, dice, no puede.

J.M.Z. Imposible. Ni con tres botellas de vino lo soporto. Es una invasión, los jóvenes lo escuchan todo el rato y yo insisto: «Dieta variada». Un filósofo amigo dice que es como asegurar que las moscas están equivocadas porque a todas les gusta la porquería [ríe]. 

Del que suda

«Muy de mi tierra: zumo de granada, de un granado que tengo en Illescas, y una tostada con aceite virgen extra, tomate y jamón ibérico del bueno, del que suda».