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Nuestros coches nos espían

La industria del motor ha convertido sus vehículos en verdaderos ordenadores sobre ruedas con sensores, cámaras, micrófonos, apps.... Amparados en farragosas políticas de privacidad que nadie lee, fabricantes y operadoras recogen cada vez más datos de nosotros cuyo destino solemos ignorar.

Miércoles, 14 de Enero 2026, 16:22h

Tiempo de lectura: 6 min

Solía ser un lugar privado, aislado, un último reducto de intimidad, pero ha dejado de serlo. Nuestro coche –mejor dicho, sus fabricantes y las operadoras de telecomunicaciones– sabe de nosotros mucho más de lo que pensamos. Sobre nuestros hábitos sexuales, incluso.

«Los coches modernos son una pesadilla para la privacidad», concluye un informe de la Fundación Mozilla, entidad que aboga por la mejora en este ámbito y en el de la seguridad en Internet, y célebre por el desarrollo de software libre como el navegador de código abierto Firefox. «De todas las categorías de productos que hemos revisado hasta hoy –apps de salud mental, dispositivos de entretenimiento, domésticos, portátiles, productos de salud, de fitness...– los automóviles son la peor en términos de privacidad», añaden los investigadores.

De hecho, no se libra ninguna de las 25 marcas de automóviles analizadas, las principales del mercado. Cierto es que las hay que recopilan más datos que otras, pero todas son merecedoras de la etiqueta ‘Privacidad no incluida’, el modo en que la Fundación suspende a los productos excesivamente intrusivos.

Tampoco es que las marcas lo oculten. Los espertos, en realidad, no han hecho más que analizar a fondo esos kilométricos documentos de letras diminutas donde se define la Política de Privacidad de cada empresa. Sí, esos contratos que nadie lee y con los que concedemos a empresas, entidades y desconocidos varios barra libre total a nuestros datos. En el caso de los vehículos, se le informa al cliente de que recopilarán información sobre nosotros mucho más allá de la que es estrictamente necesaria para mejorar nuestra experiencia de conducción.

Tesla es la empresa más invasiva según el uso de datos, el control de los mismos, el historial y la seguridad con la que son almacenados. La IA de su piloto automático, además, es «no confiable»

Algunas marcas pueden acceder a tu información genética y de salud, peso, ubicación, velocidad a la que conduces, si eres inmigrante, expresiones faciales, contenido multimedia con el que interactuas e, incluso, cuestiones extremadamente íntimas. Al firmar con una célebre marca japonesa, por ejemplo, el usuario, revelan desde Mozilla, concede permiso para acceder a su «actividad sexual», mientras que la política de privacidad de una conocida fábrica coreana le permite procesar «categorías especiales» de datos, incluida «información sobre raza o etnia, creencias religiosas o filosóficas, orientación y vida sexual, opiniones políticas y afiliación sindical».

Ahora bien, ¿cómo lo hacen? Fácil. Los coches actuales son, en realidad, sofisticadas computadoras sobre ruedas. Mientras nos preocupábamos en los últimos años por la privacidad en relojes, móviles, televisores, ordenadores, aspiradores y demás dispositivos personales, la industria del motor entraba sigilosamente en el Big Data gracias a sus poderosas máquinas de producción y fagocitación de datos. Sensores, cámaras, micrófonos, teléfonos conectados, apps que permiten vincularnos con el coche, concesionarios, webs, dispositivos telemáticos cada vez más completos y complejos... Es decir, un auténtico coladero con un poder inigualable para mirar, escuchar y recopilar información sobre ti. Datos personales que tan solo dos de las 25 marcas estudiadas permiten eliminar al conductor. 21 de ellas, además, pueden compartir los datos personales recopilados con autoridades, agencias gubernamentales, proveedores de servicios, intermediarios de datos y otros. Mientras que diecinueve de ellas pueden, incluso, monetizarlos.

Y no sólo los del conductor. El consentimiento, en algunos casos, se extiende a cualquiera de los ocupantes del vehículo. Según el informe de Mozilla, la japonesa Subaru explicita que ser pasajero de uno de sus modelos te convierte de inmediato en ‘usuario’ del mismo. Es decir, si viajas en el coche ya has dado tu consentimiento a su política de privacidad. Además, la responsabilidad de informar sobre ello, establecen varias marcas, recae sobre el propietario –¿acaso debemos recitar estos documentos de más de 9000 palabras a todo el que abra las puertas de nuestro coche?–, aunque éste no sea siempre el conductor y el vehículo sea de segunda mano, de alquiler o de uso compartido, subrayan los investigadores.

'De todas las categorías de productos digitales analizadas –apps, móviles, portátiles, relojes, aspiradores, televisores...– los automóviles son la peor en términos de privacidad', revelan los investigadores.

Estos han elaborado una clasificación de las empresas según el uso de datos, el control de los mismos, el historial y la seguridad con la que son almacenados, en la cual las empresas europeas ocupan los puestos menos invasivos. Como farolillo rojo se halla Tesla, la compañía de Elon Musk que, bajo los criterios de Mozilla, falla en todas las revisiones de privacidad, seguridad y control de datos. Los investigadores, además, califican la inteligencia artificial que impulsa el piloto automático de sus coches como «no confiable», basándose en las 17 muertes y 736 accidentes en que esta ha estado involucrada, siendo hoy objeto de varias investigaciones gubernamentales.

A la hora de valorar su respeto a la privacidad, no ayuda al fabricante de vehículos eléctricos norteamericano el incidente sufrido el pasado abril, cuando se supo que sus empleados, a través de sistemas de chat internos, compartían regularmente videos e imágenes grabadas por las cámaras de sus automóviles. Estos contenidos, según informó The Washington Post, incluían grabaciones con hijos de clientes, accidentes, episodios de furia en carretera o a un hombre desnudo que se acercaba a uno de los coches.

¿Qué hacer entonces para evitar ser ‘espiado’ por tu coche? La respuesta parece sencilla: bastaría con evitar el uso de aplicaciones en el automóvil o de sus servicios conectados. Pues no, advierten desde Mozilla. Inutilizarlas puede generar muchas veces problemas en el vehículo o, directamente, que no funcione. Como es el caso de Tesla. Otras marcas permiten ‘regular’ el nivel de datos que quieres compartir, sólo que al hacerlo se reducen también las funciones disponibles.

Así las cosas, la única forma de garantizarse la privacidad parece ser comprarse modelos antiguos. Más privados, claro, pero ya se sabe que se hallan en vía de extinción. «Los consumidores tienen casi cero control y opciones con respecto a la privacidad –advierten los autores del informe–. Los reguladores y los responsables políticos están atrasados ​​en este aspecto».

La industria, por su parte, avanza cada vez más rápido, creando vehículos que se conectarán cada vez más a Internet para ser capaces de conducir de forma autónoma. «Esto es solo el comienzo –añaden desde Mozilla–. Nos preocupa que la nueva tecnología de sensores, con vehículos que disponen de cada vez más ayudas a la conducción y asistentes, ayude a las empresas de automóviles a crear, recopilar, combinar y vender aún más información sobre ti».

El consentimiento, a veces, se extiende a todos los ocupantes del vehículo. Viajar en ese coche ya implica dar tu consentimiento a su política de privacidad

La prestigiosa consultora McKinsey le pone cifras al asunto. Según sus estimaciones, el crecimiento masivo en las ventas de servicios que implican recopilación creciente de datos –transmisión de música y vídeo, asistencia al conductor, suscripciones de conducción autónoma, aplicaciones varias...– proporcionarán a los fabricantes de automóviles ingresos adicionales de hasta 1,4 billones de euros.

Al  fin y al cabo, ¿cuántas personas dejarán de comprar un coche basándose en la privacidad? El precio, la fiabilidad, la disponibilidad, el tipo de combustible o el de motor: eléctrico o de combustión... son los factores que suelen decidir la adquisición. Además, en materia de Big Data no hay, en realidad, grandes diferencias. Eso aseguran, al menos, los investigadores sobre privacidad de Mozilla. «¡Todos son malos!», advierten; así, entre exclamaciones. Aseguran, de hecho, que adentrarse en los laberintos de las políticas de privacidad de la industria automotriz ha sido una de las tareas más arduas y complejas que han realizado en su campo hasta la fecha. Por algo será.