Miguel Ángel Morcuende, socio ejecutivo de Gartner y especialista en IA: «Para entrenar a la máquina necesito datos limpios»

Tres ideas: la IA ya está impactando en la vida de las personas; necesitamos datos bien categorizados, y perfiles más allá de las ciencias; y la tecnología va a crear más puestos de trabajo de los que destruyan. Pero habrá que adaptarse.


Los asistentes personales virtuales (Alexa, Siri, Cortana...), el WhatsApp, los medios de comunicación que ya utilizan la inteligencia artificial para hacer las noticias... Miguel Ángel Morcuende (Madrid, 1967) explica que la IA ya está presente en nuestras vidas.

-¿Cómo está impactando la inteligencia artificial?

-Dependiendo de cómo sea tu vida y tu actividad profesional lo ves de forma diferente. Tenemos procesos que se están automatizando gracias a los robots, chatbots… Más de 90 % de las transacciones de Wall Street son algoritmos, igual que ese oficio que había de que alguien nos recomendaba qué comprar, ahora son algoritmos. La IA está en la vida, en la energía que consumimos, un algoritmo te dice qué cosas tienes conectadas y cuáles tienes que apagar.

-¿Qué sectores son los más proclives a implementar tecnologías de IA?

-Todos los sectores tienen diferentes capas de tecnología artificial, pero aquellos que tengan que ver con tareas repetitivas, que las hace mejor un robot o un algoritmo, son más proclives a utilizarla que aquellos que se basan en tareas más creativas. Las tareas repetitivas las hacen mejor las máquinas y en las creativas todavía no han llegado a desarollar la suficiente sensibilidad.

-Galicia está elaborando un mapa de capacidades en IA. ¿Qué le parece?

-Muy bien. Ahora mismo no hay suficiente talento en el mercado como para cubrir esa demanda de profesionales que genera la inteligencia artificial. Hay un déficit en carreras mezcladas de informática con estadística matemática, o todo lo que tiene que ver con ciencia de datos, no solo en España sino en Europa. Así que me parece bien la iniciativa de Galicia, hay otras como la del Gobierno australiano que pone la visión en el ciudadano digital y se marca una serie de hitos. Nos ha tocado cambiar, las capacidades que aprendía mi padre le duraban 25 años y las que aprendo yo me duran 3-5 años. Cuando antes yo, con mi carrera de ingeniero de telecomunicaciones habría tenido una vida feliz, ahora me he tenido que hacer también periodista, y he tenido que hacer un máster en digital business y otro en Stanford en innovación.

-¿Cómo estamos en formación de perfiles relacionados con la IA?

-Hay muchos mitos relacionados con la inteligencia artificial. La IA no es algo que yo pueda aplicar a una empresa de repente como si fuera magia, el 60 % de los esfuerzos tanto en inteligencia como en tiempo en IA se van en entrenar a la máquina, desde un IBM Watson a un algoritmo. Para poder hacer que el entrenamiento sea bueno, las empresas tienen que tener unos datos bien limpios y clasificados para que la información que entre en la máquina sea la correcta. Hay mucho histerismo en algunas empresas con los «lagos de datos», pero no se están dando cuenta de que son lagos turbios, no son transparentes, por el tipo de datos que están metiendo en ellos. Cuando yo ese agua la pase a un sitio que me tiene que filtrar, no va a hacerlo bien. Así que en la estrategia de cualquier industria sobre IA previamente hay que decidir qué tipo de análisis de datos tengo, el vocabulario de datos y cómo estructuro esa información.

En cuanto a los perfiles, todo lo que tiene que ver con programación, matemáticas o ciencia es muy bueno. Pero en Holanda hay una universidad que está sacando perfiles de informática más psicología que están teniendo mucho éxito, porque una de las deficiencias que tenemos hoy en día es en las interfaces, cómo podemos hablar con esas máquinas. Por ejemplo, Domino’s Pizza tiene quince puntos de contacto donde pedir una pizza: en un local físico, a través de un PC, de una tableta, de un móvil, del asistente Cortana, a través de un smartwatch… Los sistemas de información de una empresa cambian radicalmente de tener dos o tres puntos de pedido a tener quince. Cambia la interrelación cuando alguien pide «Alexa, mándame una pizza», cambia el viaje de la información hasta que se produce el pedido… Más allá de la matemática intervienen la psicología y varios aspectos y humanidades que estaban fuera de la tecnología, todo lo que tiene que ver con los aspectos juríricos.

-Existe la creeencia popular de que la IA va a destruir empleo.

-No, la IA es un creador positivo de puestos de trabajo. Es cierto que algunos desaparecen, pero se crean otros que no existen, y ese balance es positivo. La inteligencia artificial va a crear más puestos de trabajo que los que va a destruir. Pero es como todo, yo estoy en una ventana de confort en la que hago las cosas como tradicionalmente se han hecho y ahora hay que hacerlas de forma diferente: como yo no tengo esas capacidades, o me formo y me adapto o estoy fuera del mercado.

-Se podrá vivir en el futuro al margen de las nuevas tecnologías (IA, «big data», robótica…)

-Difícilmente. Lo vemos en la pirámide de intereses de los jóvenes: antes arriba de todo estaba comer, etcétera; ahora el primer ingrediente es el wifi, puedo estar sin comer pero necesito conectividad.

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