El declive demográfico aleja la obra nueva del rural del área metropolitana

En Santiso, Tordoia y Frades desapareció la construcción en los últimos diez años


santiago / la voz

El ladrillo siempre fue el mejor medidor de la economía, y en Santiago y su área de influencia se dejó notar una cierta recuperación en los años posteriores a la crisis. Pero leve, y de forma desigual, porque si bien en la ciudad de Santiago y en las villas que la rodean se recuperó sensiblemente la obra nueva, en las zonas del rural, y sobre todo en los concellos más despoblados, la piqueta y el cemento brillan por su ausencia, hasta tal punto que en algún municipio, como Tordoia, no se construyó ni un solo edificio o vivienda en los últimos diez años.

El Instituto Galego de Estatística registra el número de edificaciones de nueva planta en los concellos de la comarca desde el año 2000, y los resultados arrojan un certero informe de lo que fue el bum inmobiliario de los primeros años del milenio, la posterior burbuja a mediados de esa década, y el declive, a partir del 2008, así como la ligera recuperación del sector después del 2015. Pero con el balance cerrado a finales del 2018 se concluye que nada de lo que es se parece, ni de lejos, a lo que fue. En Santiago, por ejemplo, se construyeron 310 edificios nuevos en el 2000, y 291 en el 2009. A partir de ahí, la curva descendente fue imparable, hasta el punto de que en el 2014 y en el 2015 no se levantaron más que 21 edificios en la capital de Galicia. El 2018 se cerró con 70 nuevas edificaciones, lo que indica que la situación mejoró pero que se aleja mucho de aquellas alegrías con las que nació el milenio.

Las villas del entorno de Compostela registran una situación similar, si bien en Ames el bum llegó con un cierto retraso y fue en el año 2007, con 245 edificaciones, cuando el municipio batió su propio récord. La caída se produjo en el 2010, con tan solo 15, y el año pasado se cerró con 44. La excepción es Teo, donde la construcción no acaba de despegar. En pleno crecimiento de Cacheiras, las cifras se movían entre las 149 obras de nueva construcción en el 2000 y las 197 del 2005. En el 2006 no se levantaron más que 11, y la recuperación de los últimos años está siendo muy irregular, porque si en el 2017 se construyeron 16, el año pasado no se hicieron más que 9.

Pero donde realmente desapareció por completo el ladrillo fue en los ayuntamientos más pequeños del rural, hasta el punto de que, en Tordoia, no se levantó un solo edificio en el último decenio. Y la situación en Frades, Santiso, Valdo do Dubra o Touro es parecida. En una posición intermedia están otras villas como Santa Comba, Arzúa, Oroso o Rois en las que la actividad inmobiliaria sigue su curso, pero con discreción.

«Ahora hay que centrarse en rehabilitar»

Constructores de la comarca que sobrevivieron a la burbuja se centran, en reparar y ampliar inmuebles en uso

susana luaña

Los que sobrevivieron a la crisis del ladrillo han tenido que reinventarse. Cada uno a su manera, pero los constructores, contratistas y promotores que en su día encontraron en Teo la gallina de los huevos de oro, coinciden en que la rehabilitación y mejora de edificios existentes, ya sean públicos o privados, les permitió capear el temporal en los peores años. «Ahora hay que centrarse en rehabilitar», asegura José Conde Caramés, quien cree que, al margen de que la situación económica no sea todavía óptima, es normal que no se levante mucha obra nueva porque «hay viviendas suficientes, no hay más que pasar por O Milladoiro, Santiago o Bertamiráns y ver setenta carteles de ‘Se vende’. Yo calculo que edificios nuevos no se van a hacer muchos en mucho tiempo».

La empresa de Caramés trabajó durante dos décadas en el mantenimiento de La Rosaleda. Cuando se vendió, se quedó sin su principal fuente de ingresos, y aun así sobrevivió y fue capaz de mantener la plantilla sin despedir a nadie. «Me busqué la vida; me gusta mi trabajo». Nunca dejó de obrar en Teo, pero sobre todo, en la rehabilitación. «Estoy siempre ocupado, no me quejo. Cuando llevas 40 años trabajando, el 80 % de los clientes son amigos, y ellos me salvaron en la crisis», admite.

Tampoco se queja Jesús Núñez, de la empresa Míguez y Núñez. Como Caramés, asegura que no le falta trabajo en Teo, si bien en su empresa son solo cinco personas que se benefician, como él mismo reconoce, de que ya quedan pocos constructores en la zona. Eso sí, para capear el temporal fue necesario aceptar todo tipo de trabajos. «Estoy a lo que salga», admite. Si bien ahora está construyendo una vivienda nueva, hay más demanda en la rehabilitación. «Las reformas, sobre todo; el baño, la cocina... Y cuando es obra nueva, casas; edificios aquí ya no se hacen».

La plantilla de Consalpa, Obras y Proyectos SL sí se tuvo que buscar la vida fuera. Fue una de las empresas contratadas en su día por el Xacobeo, pero la obra pública llegó a su fin y hubo que buscar otro nicho de negocio, si bien su jefe de obra, Javier Caramazana, asegura que siguen trabajando en el Camino de Santiago porque son muchos los que les conocen y les siguen llamando para obras en los albergues y para particulares. «Pero el 80 % del trabajo que hacemos ahora es en Lugo. Tenemos la sede en Teo porque fue allí donde empezamos, pero tuvimos que reestructurar la empresa y especializarnos en la obra de restauración, sobre todo en viviendas en la zona de Lugo. Hay menos competencia que en Santiago». Su empresa compagina la obra privada con la pública, y ofrece un servicio completo que incluye la contratación de los albañiles, fontaneros y demás profesionales del sector de la construcción. «Empezamos a trabajar hace tres años para Educación, pero solo en la provincia de Lugo». 

Freno al ladrillo

Míguez y Núñez, Conde Caramés y Consalpa fueron testigos del bum inmobiliario, del estallido de su burbuja y de su ocaso, y sin embargo, siguen viviendo del sector con la sede de sus negocios en Teo, un concello que en la década de los 90 registró un crecimiento desmedido con la construcción de un sinfín de viviendas en Cacheiras y que, tras superar la paralización de sus normas urbanísticas, volvió los ojos a sus orígenes rurales y encaminó su actividad urbanística hacia la promoción de viviendas unifamiliares, y en un número escaso.

Fue en el año 2002 cuando el entonces conselleiro de Política Territorial, Xosé Cuíña, puso freno al caos urbanístico en el concello, siendo alcalde el popular Armando Blanco. Entonces se construían al año un centenar de viviendas en Teo. Ahora, no se llega a la decena.

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