La tragedia del pazo de Cadro

El PXOM de Marín impide salvar el edificio, al prever su compra por el Concello, que no tiene dinero para hacerlo

El pazo de Cadro lleva cerrado y deteriorándose desde que falleció su última residente, Cristina Lilliestierna, hace dieciséis años.
El pazo de Cadro lleva cerrado y deteriorándose desde que falleció su última residente, Cristina Lilliestierna, hace dieciséis años.

marín / la voz

El Concello de Marín acostumbra a tomar malas decisiones sobre Cadro y lo ha demostrado dos veces en menos de cien años, como si de una maldición se tratase. El pazo languidece por su abandono desde la muerte en el 2000 de su última residente, la periodista y escritora sueca Cristian Lilliestierna. En una ocasión Marín ya lo dejó desmoronarse porque, aunque era de titularidad municipal, no lo cuidó. Es más, lo subastó como quien vende un erial. En la actualidad, el pazo es privado, pero sus dueños poco pueden hacer con él. Otra vez corre serio peligro y está inhabitable.

Los marinenses se refugiaron en la torre del antiguo pazo en el siglo XVI para escapar del ataque del pirata Drake a la ría. Ahora mismo, lo que no consiguió Drake lo está logrando la burocracia, que parece más temible que los cañones británicos.

El PXOM clasificó Cadro como un futuro equipamiento público, ligándolo a la figura de un sistema general. En pocas palabras, el Concello ató el futuro del pazo a su expropiación o su compra por el Ayuntamiento, cuestión que se salía de la capacidad de anteriores corporaciones locales, y que también parece inasumible para venideros gobiernos a corto y medio plazo, al menos tal y como van las cuestiones económicas. La conclusión: sus actuales dueños no lo restauran porque, como indicó un edil del actual gobierno local, ¿quién va a invertir una suma millonaria en una propiedad que se proyecta como expropiable?

El problema de Cadro es complejo y parece tener difícil solución. Al figurar la parcela dentro de las previsiones de un sistema general, su superficie se incorporó al cómputo general del PXOM y su exclusión, a través de una modificación puntual, supondría una alteración del plan difícil de justificar ante la Xunta. El futuro pasaría, según fuentes municipales, por la compra del terreno, lo que el actual gobierno local descarta. Podría intentarse con ayudas de otras Administraciones como se hizo con Briz, pero eran tiempos de bonanza que están muy lejos de regresar.

Piedra para relleno del puerto

Desde el 2000, el pazo ha cambiado varias veces de dueño, pero todos han chocado con el mismo escollo administrativo, porque cualquier actividad lucrativa privada, como un hotel o una casa de turismo rural, es hoy por hoy imposible. Además de las dificultades relacionadas con el planeamiento, al tratarse de un edificio de interés histórico cualquier proyecto también tiene que contar con el visto bueno de Patrimonio.

Fueron las exigencias de la Consellería de Cultura las que dieron al traste a la única propuesta que en todos estos años parecía que iba a evitar la ruina del pazo. Se trataba de una iniciativa para convertirlo en un establecimiento hostelero, pero Patrimonio se opuso porque se proponía levantar una edificación en la parte inferior de la finca. Cultura dijo que no porque afectaba al conjunto arquitectónico, compuesto por el edificio principal del pazo anexo a una torre del siglo XV, una capilla dedicada a santa Bárbara, hórreo, palomar y muro de cierre. En el inmueble se conservan los restos de un lagar, así como una escalera monumental.

En los años cincuenta del siglo XX, el Concello se desprendió de esta propiedad, que compró Lilliestierna por un millón una pesetas de la época. La escritora relató cómo poco después algunos contratistas les ofrecieron derribar el pazo, que estaba en ruinas, para destinar la piedra a los rellenos del puerto. La periodista sueca y su marido, un diplomático francés, no solo no accedieron, sino que convirtieron Cadro en un hermoso refugio literario y artístico. De aquellas paredes donde colgaban incrustados hermosos azulejos de la Persia del Shah y de la impresionante biblioteca que un día ocultó sus muros, ya no queda nada.

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