Abelardo Lage, que se lanzó al mar de noche para salvar a un vecino que cayó al mar: «En una situación así no te lo puedes pensar»

El hombre escuchó los gritos del accidentado en el puerto de Combarro y logró sacarlo de la ría con la colaboración de otras dos personas desde tierra


Poio / La Voz

Abelardo Lage Fernández oyó gritos de auxilio desde el mar, en la ría de Pontevedra, y no se lo pensó dos veces. Se lanzó al agua para intentar ayudar a un hombre de unos 60 años que se había caído a la ría, logrando sacarlo con el auxilio de otras dos personas desde tierra con la ayuda de una cuerda. Ocurrió en la noche del pasado domingo en el puerto de Combarro, en el municipio de Poio. 

El propio protagonista de la historia, de 35 años, narra su odisea que describe, ahora que todo ha pasado y el resultado ha sido bueno, como «un baño en invierno». Todo ocurrió en torno a las nueve y media de la noche del domingo, cuando Abelardo se encontraba en su casa, en un sexto piso de un edificio de Combarro que mira al mar. «Yo estaba en casa, en el sofá, y era un momento en que se quedó todo en silencio». Entonces: «escuché a lo lejos los gritos de una persona diciendo '¡auxilio! ¡auxilio!'. Abelardo admite que al principio no le dio importancia. Sin embargo, los gritos eran insistentes y, por lo tanto, salió al balcón y empezó a gritar diciendo: '¿quién hay? ¿quién hay?'. Todo estaba oscuro, noche cerrada de diciembre. «En el puerto», respondió la voz desconocida. «Me volví a la habitación y llamé al 112, pero con tan mala suerte que me quedé sin batería. Solo me dio tiempo a decir que había una persona en el puerto de Combarro que parecía que estaba en problemas», relata. 

Ante esta circunstancia, Abelardo decidió actuar. Cogió el coche -«no sé muy bien por qué porque mi casa está delante del puerto y podía ir corriendo». Sin duda, los nervios. Al llegar a la rada, vio a dos personas que estaban paseando y les dijo que llamasen al 112, porque había un hombre que estaba gritando pidiendo auxilio. Los dos jóvenes, que no habían escuchado nada, no parecían tomárselo en serio a principio. «Yo empecé a gritar y el hombre no me respondía, y me preocupé porque pensé que se me fue al fondo y como era de noche no se veía nada». Afortunadamente el hombre seguía flotando en el agua y tuvo fuerzas para poder volver a gritar una vez más. Su voz guió a Abelardo, que pudo localizarlo en el mar, a uno o dos metros de la orilla. El problema era cómo sacarlo del agua. Las piedras del espigón no eran lo suficientemente seguras para intentarlo a pie. La única solución viable era lanzarse al mar. Y así lo hizo. ¿Sabe que no todos habrían hecho lo que usted?, pregunta el periodista. «Supongo que sí lo habría hecho mucha gente, al menos me gustaría que así fuese», contesta este veterinario ourensano.

«Cuando vi a la persona en el agua, me quité la cazadora y las zapatillas y me lancé al agua». No dudó. «En una situación así no te lo puedes pensar», sostiene. En al agua, logró acercarse al hombre y esta vez sí que los otros dos jóvenes que estaban en el puerto se dieron cuenta de que la cosa iba en serio y que había una vida en peligro. El accidentado no tenía muchas fuerzas para agarrarse a nada, así que le lanzaron un cabo a Abelardo y lo fueron guiando en paralelo a las rocas del espigón hasta la rampa de varada. Este fue el momento más delicado de la improvisada operación: intentar sacarlo del agua sin herirlo más. «El hombre estaba muy lastimado, tenía un brazo que no podía usar», recuerda el héroe de Combarro. 

Con la ayuda de los otros dos jóvenes y el auxilio de una tabla, lograron izarlo a tierra, aunque les costó bastante trabajo porque el hombre pesaba, apenas podía moverse y aunque unos empujaban desde tierra y Abelardo desde el agua, temían hacerle daño. Poco tiempo después llegaron al lugar la Policía Local de Poio, Protección Civil y también sanitarios del 061, que se ocuparon de los últimos momentos del rescate, llevándose al accidentado en una ambulancia. El hombre presentaba magulladuras y un golpe en la cabeza, según señalaron los servicios de rescate y también el propio Abelardo, que elogió la profesionalidad de los medios empleados y cómo atendieron al hombre que acababa de salvar de la ría. En cuanto al héroe de la jornada, el veterinario ourensano, resultó ileso. Apuntó que el agua «estaba muy fría», pero añadió que no había margen para actuar de otra forma. Como precaución, antes de lanzarse al mar había dejado su cazadora y calzado en tierra, así que cuando dejó al hombre en la rampa, se quitó la ropa mojada y pudo ponerse algo seco mientras intervenían los sanitarios y la Policía Local y Protección Civil llevaban al herido a lla ambulancia. «Había un Guardia Civil que quería que me viesen en una ambulancia, pero le dije que yo estaba bien, que mi casa está al lado y que lo que quería era darme una ducha», apunta. De esta forma, Lage se retiró a su vivienda, satisfecho de haber escuchado los gritos y de haber actuado. «Tuve la suerte de que había mucho silencio cuando el hombre empezó a gritar», añade. 

El accidentado es vecino de la parroquia de Samieira, también en Poio, y según explicó el 112, al parecer acabó en el agua porque resbaló cuando se encontraba paseando por el puerto. Por su parte, la Policía Local de Poio quiso enfatizar la actitud de Abelardo. «Queremos destacar la conducta ejemplar del vecino que sin dudarlo le salvó la vida a esta persona, con ayuda de otras dos que estaban en el puerto».

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