Entre España y el poder, elijo el poder


«Si para ser presidente del Gobierno tengo que renunciar a mis principios, si tengo que formar un Gobierno a sabiendas de que no será útil a mi país, yo no seré presidente. Si usted me obliga a elegir entre la presidencia de un Gobierno de España que no serviría a España, o bien optar por mis convicciones, yo no tengo ninguna duda, elijo mis convicciones. Elijo proteger a España». Con estas palabras tan solemnes dirigidas al secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, cerró Pedro Sánchez el pasado el 25 de julio la sesión de investidura que acabaría otorgándole el triste récord de convertirse en el que probablemente sea el único candidato a la presidencia del Gobierno en todo el mundo que ha sido rechazado cuatro veces por una mayoría del Parlamento. Aunque se tratara de una frase impostada que solo pretendía justificar su decisión de negarse a un Ejecutivo de coalición y provocar una repetición de las elecciones, con ella Sánchez reconocía no solo que un Gobierno de coalición con Unidas Podemos que dependiera del voto de los partidos independentistas no sería «útil» para España, sino también que era necesario «proteger» al país impidiendo que eso pudiera llegar a ocurrir.

Cuatro meses después, sin embargo, puesto ante idéntica tesitura que la que él mismo planteaba, pero agravada por el hecho de que el PSOE es ahora más débil que en julio, Pedro Sánchez ha elegido renunciar a sus convicciones, si es que tal cosa existe, y tratar de convertirse en presidente del Gobierno a sabiendas de que la fórmula escogida para lograrlo no es útil para España, pone en peligro la estabilidad económica y lesiona la fortaleza de la Constitución. Con los resultados de las elecciones del 10-N en la mano, Sánchez tenía la opción de presidir el Ejecutivo intentando alcanzar un acuerdo programático con el PP que le garantizaría un Gobierno estable respaldado por 209 diputados y una legislatura próspera para España en términos políticos y económicos, o plantear un Ejecutivo de coalición con Unidas Podemos sabiendo que eso, además de no ser útil para España, dejaría la gobernabilidad y el futuro de la legislatura a expensas de lo que decida un independentista como Oriol Junqueras, condenado y preso por haberse alzado para impedir por la fuerza la aplicación de las leyes. Y, entre España o el poder, eligió tratar de alcanzar el poder, olvidando esos principios y esas convicciones de las que presumía hace solo cuatro meses.

Sánchez ya no considera necesario «proteger» al Estado para que no dependa de unos independentistas cuyo objetivo declarado es acabar con la unidad de España. Al contrario, y al revés de lo que sucedió en la moción de censura y en los Presupuestos, cuando lo negaba, admite abiertamente que está negociando con los secesionistas de ERC para que apoyen su investidura, e incluso le ha pedido al líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, que no interfiera en esa negociación. Es necesario que aclare qué es lo que negocia con ERC. Pero lo que está ya claro es que, entre su país y el poder a cualquier precio, ha elegido el poder.

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