Segismundo entre las mareas


La poesía mística me subyugó durante la adolescencia, ese tiempo en que te levantas de una manera, te acuestas siendo otro y, en medio, has sido cien sin llegar a ser ninguno. Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz fueron mis poetas predilectos. Ellos compartían el verso célebre que percute en las entrañas de la cultura: «Vivo sin vivir en mí». Sucede en el verano, fundamentalmente, estos amaneceres azules que van pintando el tedio de los largos e inacabables días. Se me hacen eternos y quizá por ello he tenido tiempo para pensar en un grupo que en los últimos años ha aparecido, con alta frecuencia, en mis columnas políticas: En Marea, a quien Miguel Tellado, en hábil uso del lenguaje, denomina «las mareas de Podemos». Y digo hábil uso del lenguaje porque nunca antes una denominación ha resultado tan premonitoria. No eran uno, sino varios, aunque en las batallas internas ganaban los de Madrid, o sea, esos a los que Galicia siempre les ha importado un rábano. Hasta ahí, todo correcto. Lo triste es el silencio de «los nacionalistas de toda la vida» que, a la postre, se fueron con el grueso de Pablo Iglesias y dejaron a Luís Villares en cuarteto sin sonata. Y no lo merece: porque nadie merece tanto desprecio.

El trastorno de identidad disociativo, llamado de otros muchos modos que no voy a explicitar, multiplica la personalidad de uno en varias personalidades diferentes. Así fue En Marea. Nos lo explicaron por activa y pasiva y uno nunca fue capaz de aprehenderlo. Hablaban, y hablan, de espacio común, pero la acepción más común era «confluencias». Mil ríos confluían en uno solo y el solo río se llenó, desbordó e inundó el común espacio que quedó en nada. Y hasta tal punto fue brutal el desbordamiento que no se sabe qué harán con el nombre: En Marea. ¿Es de unos o es de los otros? ¿De los de Villares o de los «nacionalistas de toda la vida» que se fueron con las huestes de Podemos. Los imagino recitándose frente al espejo de este estío la rima XXI de Bécquer: «Qué es poesía, dices, mientras clavas/ en mi pupila tu pupila azul». La repuesta ya la conocen: poesía eres tú. Con En Marea, lo mismo. En Marea es el de enfrente. La otredad de la que nos hablaba Sartre. El que sentenció la glosa final para las confluencias: el infierno es el otro. He aquí la verdad. Dejemos la poesía. Se odiaron tanto durante cuatro años, confabularon, conspiraron, que han dejado un poso de amargura de difícil descripción. Todo para ellos fue un sueño, como aquel que protagonizó Segismundo. Su síndrome campa entre las mareas. El personaje de Calderón consiguió vencer al destino. Pero el destino de la izquierda rupturista en nuestro país siempre ha sido el mismo: desvanecerse. Ya están los filántropos del PSOE dispuestos a acogerlos en sus brazos. Para ellos, que han leído mucho a Calderón (¡se llamaba Pedro!), el gran teatro del mundo es la política.

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