Lugo se resiste a la moda de los mercados gastronómicos

En otras ciudades las plazas han cobrado una nueva vida con propuestas más orientadas hacia la restauración


lugo / la voz

El Concello de Lugo quiere revitalizar el Mercado municipal y la Praza de Abastos y para ello ha sacado a oferta pública trece puestos, cuatro cámaras frigoríficas y cuatro almacenes a los que puede optar cualquier interesado. Hasta que se adjudiquen los espacios no se sabrá qué clase de negocios se instalarán en ellos, pero parece que el concepto de mercado tradicional que impera en los edificios de los dos márgenes de Quiroga Ballesteros no va a cambiar, al contrario de lo que sucede en otras ciudades, donde la conversión en gastromercados ha dado una nueva vida a los mercados y plazas.

En el mercado municipal se percibe que ya hubo un intento de renovar el concepto. Allí conviven una churrería y una cafetería clásicas con un puesto de pasta fresca y un local de cocina fusión que en pocos días renovará su ideario. En su momento también se instaló un restaurante vegetariano y una tetería, pero estos proyectos no sobrevivieron.

Hace tiempo el Concello de Lugo también empujó un poco en ese sentido cuando decidió renovar las mesas de Quiroga Ballesteros. Apostó por modelos de diseño que debían cumplir una doble función. Por un lado, servir a los pequeños productores que venden allí desde grelos a chorizos, y por el otro dar cabida a los clientes de los locales de restauración. Pero los primeros acabaron teniendo mucho más protagonismo que los segundos, y quizás aquí estriba una de las dificultades a la hora de dar un giro al mercado lucense.

A pesar de que los pequeños vendedores, por el tipo de productos que despachan, encajarían en las mesas que hay instaladas en la planta baja de la Praza de Abastos, están habituados a sus puestos en el mercado y es poco probable que vayan a renunciar a su ubicación. Y, aunque a la hora de comer ya han recogido, entre las tareas de limpieza y demás, el entorno no resulta especialmente atractivo para los comensales.

Quienes apostaron por instalar en Quiroga Ballesteros sus puestos gastronómicos lo tienen claro. El potencial del mercado es enorme e incrementar el número de negocios orientados hacia la restauración, con una zona especialmente habilitada para ellos, supondría un atractivo más para el lugar. Pero eso, al menos por el momento, dependerá de los emprendedores.

Explican desde el área nacionalista del Concello, en cuyas manos descansa la gestión de la Praza y el Mercado, que cada empresario tiene libertad para proponer su modelo de negocio y que si algún emprendedor se inclina por el camino gastronómico, el Concello, como sucede con el resto de ideas, pondría facilidades. Pero debe ser la iniciativa privada la que dé el primer paso.

Pontevedra estrenó uno, el intento de Vigo duró un año, y Vilagarcía lo proyecta

No todos los proyectos son iguales ni todos obtienen los mismos resultados. Quizás el madrileño mercado de San Miguel sea el paradigma de la reconversión exitosa, con sus múltiples puestos de comida y su lleno diario de vecinos y turistas. En Galicia se han intentado propuestas similares, aunque más humildes.

En Vigo, en el 2018, abrió el gastromercado de O Berbés, un espacio en el que convivían, aunque separados, los puestos clásicos de plaza de abastos, con locales gastronómicos con distintas especialidades. Uno dedicado a las croquetas, otro a empanadas, u otro a hamburguesas, por ejemplo. Junto a ellos, una gran barra común y mesas a disposición de los clientes. O Berbés comenzó con mucho empuje, pero acabó languideciendo. Y algo similar sucede también en el mercado vigués de O Progreso.

Pontevedra se adentró hace poco en el mundo de los gastromercados, y hasta el momento el proyecto está resultando exitoso. En su caso, en la parte de arriba de la plaza de abastos, un edificio ya de por sí bonito, se habilitaron los puestos, de manera que los clientes pueden degustar los platos mientras las pescantinas trabajan en la parte inferior.

Los puestos están especialmente cuidados en el apartado estético y ofrecen una amplia variedad gastronómica. Hay desde una pulpoteca a una merluzoteca, pasando por un puesto de mejillones y otro de piadas, crepes rellenas de distintos productos. Incluso existe la posibilidad de que se cocine lo que el cliente adquiera en la plaza de abastos. El gastromercado fue impulsado por el Concello de Pontevedra, que se encargó de la contratación de los puestos.

Otro lugar que está girando hacia los gastromercados es Vilagarcía, donde está en marcha un proyecto que pretende aprovechar la plaza de abastos de la localidad. La reciente reforma del edificio ya dejó un amplio espacio con cristaleras con este objetivo, y ahora, por segundo año, se ha celebrado allí un encuentro internacional de vinos de autor que, de alguna manera, ya muestra otros aprovechamientos para el lugar.

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