LUGO / la voz

Miguel González Franco está de vuelta. A sus 67 años y después de atravesar unos problemas de salud regresa a la vida pública para exponer en la ciudad donde nació y donde desarrolló su vida profesional. En ambas facetas ha sido reconocido - no por las élites artísticas y económicas- por la gente de la calle. «Me conoce mucha gente, han sido muchos años de exposiciones y de trabajo en la obra social y cultural de Caixa Galicia», relata González Franco.

Este lunes, a las siete de la tarde, en la sala de exposiciones de la Xunta, volverá a sentir el cariño de la gente de Lugo y de sus amigos. Expondrá 54 óleos realizados algunos en los últimos meses y otros de su fondo de armario. Sus últimas exposiciones en la ciudad son de hace casi una década, con éxitos de ventas en Sargadelos o en la desaparecida Sala Almirante del Hotel Méndez Núñez. «En Sargadelos lo había vendido todo y más, expuse 70 y vendí 73», se ríe Miguel González recordando los buenos momentos del pasado.

Las obras que presentará ahora en la Xunta -hasta el día 20 de noviembre, los días laborables de 10.00 a 12.00 y de 17.00 a 20.00 horas- son del mismo estilo que lo ha hecho famoso entre sus seguidores: paisajes y motivos marinos. En el caso de los primeros, llevan el sello personal de esos abedules alargados con la corteza gris y en el medio de ríos, lagunas o prados. O también, como explicaba hace años el gran periodista de La Voz de Galicia Rafael Vilaseca, sus campos nevados. En el caso de los motivos marinos, las rocas y el oleaje son sus marcas reconocidas, por influencia de sus veranos en Benquerencia.

«Siempre he hecho eso. ¿Por qué? Comencé haciendo bodegones pero luego me fui centrando en menos temas, en abarcar poco, pero eso hacerlo siempre lo más perfecto posible. De esta manera creo que he conseguido algo que me comenta mucha gente, que mis obras aunque no lleven mi firma, sean reconocibles».

Las obras de Miguel González Franco, aquí en su estudio hace diez años, se vendieron en más de sesenta exposiciones que presentó en ciudades y villas de Galicia. Su éxito, como el define, se basó en repetir paisajes y motivos marinos, «buscando de esa manera la perfección». Son famosos sus óleos de abedules, con esa característica corteza gris, junto a ríos y prados; o sus escenas de nieve, o el oleaje contra las rocas de la costa de A Mariña. Cientos de lucenses guardan en su casa algunos de sus cuadros. roi fernández
Las obras de Miguel González Franco, aquí en su estudio hace diez años, se vendieron en más de sesenta exposiciones que presentó en ciudades y villas de Galicia. Su éxito, como el define, se basó en repetir paisajes y motivos marinos, «buscando de esa manera la perfección». Son famosos sus óleos de abedules, con esa característica corteza gris, junto a ríos y prados; o sus escenas de nieve, o el oleaje contra las rocas de la costa de A Mariña. Cientos de lucenses guardan en su casa algunos de sus cuadros. roi fernández

Numerosos lucenses tienen en sus casas alguno de sus óleos o láminas. Han sido casi 45 años de exposiciones, cursos de pintura y relaciones sociales en toda la ciudad. «Tengo anotadas todas las obras que vendí, sé quiénes son sus dueños y tengo una ficha con una foto del cuadro, así si un día tengo que hacer una colectiva sé a quién tengo que acudir», explica González Franco, que comenzó a exponer sus obras en el lejano 1945, en la extinta Caja de Ahorros, esa entidad en la que trabajó durante casi tres décadas. El, junto con el ahora malogrado Ramón Soilán, de quien Miguel González se acuerda con cariño, fueron durante años las caras visibles de la obra social y cultural de Caixa Galicia. «Fueron años apasionantes, vivía mucho lo que hacía, aprendí una barbaridad con las exposiciones, conferencias, libros, conciertos y películas que programamos». Miguel González estaba atento a que todo saliese a la perfección: «Cuidaba que todo estuviese perfecto, desde que se afinase el piano como quería el artista, hasta el ramo de flores para la actriz, o que el público no entrase con el paraguas mojado o con una bolsa que hiciese ruido y molestase. Fueron años de dedicación plena», recuerda ahora con nostalgia. Y también añora unos tiempos en los que «había más sensibilidad por el arte y eso se transmitía en personas muy educadas. Es normal, si tocas el violín, es difícil que seas una persona maleducada». Ese bagaje cultural aun lo guarda y como un joven afirma que se acerca siempre que puede a ver museos: «Yo cuando voy a una capital no voy al teatro, voy a un museo» (risas).

Ahora, afirma que se siente muy ilusionado con la exposición que inaugura en la Xunta. «Es que la pintura es mi pasión, soy muy exigente y quiero tenerlo todo bien acabado, porque no todo lo que pinto lo expongo», explica un hombre que siempre destacó por ser metódico y amante del trabajo bien hecho. Su formación fue autodidacta. Comenzó con 10 años a pintar a lápiz, luego a carboncillos, después buscó el color en la acuarela y al final acabó en el óleo, y de ahí a innumerables exposiciones por toda Galicia. y Castilla y León. «Estoy satisfecho con lo que he hecho, porque ves que pasas por la vida y me gustar percibir que dejas hecho algo que perdura en el tiempo», reflexiona haciendo balance este hombre bueno y siempre con una sonrisa.

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Miguel González Franco: «Estoy muy ilusionado por volver a exponer en Lugo»