Omar Rueda, psicólogo: «El narcisista empeora en terapia porque aprende a engañar mucho mejor»
SALUD MENTAL
El experto señala que el narcisismo es un trastorno de la personalidad, «no es una enfermedad mental» que se pueda curar
27 nov 2025 . Actualizado a las 17:16 h.La idea que tenemos de un psicópata ha sido moldeada por la cultura popular a lo largo de décadas, con personajes de Hollywood como Norman Bates, en la icónica Psicosis de Hitchcock, Hannibal Lecter, en El silencio de los corderos, o Dexter Morgan, de la serie Dexter. Pero estos casos extremos en los que un psicópata llega a cometer crímenes violentos no son la mayoría. En realidad, lo más prevalente es lo que el psicólogo Omar Rueda, experto en estrés postraumático y abuso narcisista, denomina el «abuso invisible». Un tipo de maltrato sutil que lleva a la víctima a pensar que es responsable de sufrirlo. En su último libro, Los narcisistas que nos rodean. Psicópatas encubiertos (RBA, 2025), Rueda explica cómo podemos identificarlos y por qué es tan difícil romper con el vínculo que hemos establecido con ellos.
—¿Cómo describiría la personalidad de los narcisistas?
—Un narcisista, paradójicamente, es la persona más buena con la que te puedes topar al principio. Es una persona noble, generosa, que parece hecha a medida para encajar con tus carencias emocionales, porque en realidad sabe leer las heridas de los demás y presentarse como el salvador cuando están más vulnerables. Y no es una casualidad, porque su bondad nace de una necesidad estratégica de control. El narcisista va construyendo una imagen que le permite controlar, seducir y absorber emocionalmente a quien tenga delante. Poco a poco, aíslan a sus víctimas, las despojan hasta de su identidad, las confunden hasta que llegan a un estado de gran indefensión. Se creen importantes, son egoístas, porque solo piensan en sus intereses personales, y egocéntricos, porque todo el mundo tiene que orbitar a su alrededor.
—¿Existen diferentes tipos de personas narcisistas?
—Existen muchos tipos de narcisismo. El que más se conoce es el grandioso, pero también tenemos el perverso, el vulnerable, el comunal, el espiritual. Es importante saber que el narcisismo es un trastorno de la personalidad. Ellos son conscientes de lo que hacen, pero ven sus conductas como normales. En cambio, los psicópatas tienen un nivel más elevado de distorsión. No tienen una brújula moral y son muy conscientes de esto. La psicopatía es una condición que muchos autores consideran un trastorno asociado al trastorno antisocial de la persona. Un psicópata sabe que lo es y se siente orgulloso de serlo. Sabe que es una persona infiel, desleal, mentirosa, manipuladora e impulsiva, pero tiene un sadismo emocional que es el motor que le impulsa a continuar con esas conductas para saciarlo. En cambio, un narcisista, o psicópata encubierto, no es tan impulsivo. Ha aprendido a retener esa impulsividad. Por eso los narcisistas no suelen acabar cometiendo actos delictivos directos.
—¿Cómo describiría el abuso invisible que ejercen los narcisistas?
—Hay muchas formas que tienen de manipular a los demás. Lo más común es la manipulación desde la desviación cognitiva. Esta es una técnica que consiste en inducir a la víctima a reinterpretar la realidad en su contra. Estas son señales que no puedes ver a priori, es una estafa emocional en la que te meten. Cuando te das cuenta, ya has sido estafado, sientes confusión, dependencia y sometimiento. Ellos van fabricando y alimentando ese control. Instalan falsas creencias, alteran las percepciones en la mente de la persona para que dude de sí misma, para que justifique lo injustificable e incluso para que idealice a su abusador o sienta culpa de no defenderlo. Así es como se establece un vínculo traumático.
—¿Cómo eligen a sus víctimas?
—Te eligen porque le das validación, porque le das energía, porque lo admiras, porque eres leal. Es lo que van buscando.
—¿Hay personas más propensas a convertirse en víctimas del abuso narcisista?
—Normalmente pensamos que buscan a personas débiles que sean más fácilmente manipuladas, pero no es así. Buscan a personas fuertes, que puedan sostener durante el máximo tiempo posible el abuso. También buscan a personas con heridas emocionales profundas, relacionadas con el rechazo, el abandono o la humillación. El narcisista detecta esas carencias rápidamente y se presenta como una figura salvadora, creando un vínculo muy intenso al principio para tender una trampa emocional. En otros casos, buscan a personas buenas, complacientes, sensibles a la culpa y a la deuda. Estos perfiles les gustan a esos individuos porque al activar el mecanismo de la culpa empiezan a recibir la atención que desean a partir de esa obligación emocional que van ejerciendo. Y suelen buscar a personas que tengan normalizado el abuso, que hayan crecido en esa realidad, que tengan esa dinámica interiorizada.
—¿Cómo impacta en la salud mental el tener una relación, sea de amistad, de pareja o familiar con una persona narcisista?
—El desequilibrio va asociado a vivir con una persona así. Se produce un estrés postraumático debido a ese abuso y esto hace que la persona entre más rápidamente en hiperactivación o hipoactivación. Entonces, la víctima va a estar siempre alerta, con insomnio, con alteraciones de la memoria, disociada y con una autoestima deteriorada. Pierde recursos económicos, pierde autonomía, desconfía de todo el mundo y así se va aislando poco a poco, hasta perder su identidad. Desde ese lugar de aislamiento es muy difícil recuperarse, pero es posible.
—Explica que la recuperación es un proceso en varias etapas. ¿Cuál es el primer paso?
—Al principio hay una negación muy fuerte, la persona sigue insistiendo y creyendo que el otro puede cambiar. Como hay mucha confusión debida a la manipulación sufrida, lo primero que debe hacer la persona es romper con esa disonancia cognitiva que tiene. Cuando eres víctima de alguien con un perfil así, te crees que el problema lo tienes tú, que eres tú el psicópata incluso, o que tienes un problema de salud mental. En realidad, te han querido invalidar como individuo. Cuando rompes con esa negación y dejas de justificar y de autoengañarte, es cuando llega el trauma realmente. En ese momento ves el impacto emocional de todo lo que has vivido. Puedes ponerle nombre al abuso porque comprendes que eso no era amor y es entonces cuando empiezas a desengancharte y pensar un plan de escape.
—¿Cuáles son las claves para lograrlo?
—En esa etapa hay que establecer contacto cero y buscar apoyo. Cuando eso sucede, la persona empieza a recuperarse o rehabilitarse del estrés postraumático que ha sufrido.
—¿Por qué es tan difícil romper un vínculo con un narcisista?
—Mucha gente se pregunta cómo es posible que la persona no salga de ahí, que vuelva o que repita el mismo patrón que le hace daño. La respuesta es que se trata de un vínculo traumático, que es profundamente adictivo. Se genera y se alimenta a través del refuerzo intermitente, que es una alternancia entre afecto y maltrato, en la que no sabes cuándo vas a recibir un premio y cuándo un castigo. Entonces, la persona acaba normalizando el abuso. Y aunque no sea un vínculo sano, al menos es un vínculo que tienes con alguien. Cuando aprendes a relacionarte desde el trauma, y eso genera una relación muy intensa en realidad, también destructiva, es más complicado cambiar de vínculo, porque hay un lazo que se da desde la indefensión, desde el miedo, desde la intensidad.
—¿Por qué vuelve la gente a ese vínculo?
—Porque hay esperanza y porque la persona que tienes delante te vende la imagen de que puede cambiar, de que se da cuenta. Entonces tú vuelves a confiar. Además, a veces la víctima llega a creerse que no vale nada, que no tiene salida, que nadie más va a estar con ella o con él. Se siente atrapado en esa mentira, y vuelve con esa persona porque no siente que hay una alternativa. En ocasiones puede haber también un control económico.
—¿Cómo se puede proteger a los niños del abuso narcisista cuando, en el contexto familiar, uno de los progenitores tiene este perfil?
—Primero, no hay que negar la realidad de lo que está pasando. Muchas veces se intenta normalizar o justificar lo que hace mamá o papá, pero el niño necesita saber la verdad, explicada con sus palabras, adecuadas a su etapa evolutiva, pero reconocer la verdad de lo que está pasando. Esto no significa hablar mal del padre o de la madre, pero sí expresar lo que está pasando y proteger el vínculo del niño con el progenitor sano. Así vas cultivando su autoestima y le enseñas a ver lo que siente. Pero si hablamos de perfiles ya peligrosos, hay que intentar alejarse del foco de distorsión cognitiva lo máximo que se pueda y buscar apoyos tanto profesionales como sociales. Porque estar cerca de una persona así hace que crezcas con una confusión muy grande.
—¿Una persona que se ha criado con un padre o una madre narcisista manifestará ese mismo rasgo en la edad adulta?
—Depende de cómo sobrecompense la persona. Puede hacerlo de manera desadaptativa y replicar el trastorno y las dinámicas familiares con las que se crió. Luego, hay personas que se vuelven la oveja negra de la familia, se escapan de esa situación, le ponen nombre a lo que les ha pasado y construyen familias totalmente sanas, transparentes, conectadas a redes de apoyo.
—¿Cree que las redes sociales facilitan la proliferación del narcisismo?
—Vivimos en una sociedad donde se premia la apariencia, la velocidad y el rendimiento por encima de la verdad emocional, del cuidado genuino y de la autenticidad. Todo se ha convertido en un escaparate y ya no se trata de ser, sino de parecer. En esta lógica, el narcisismo no es solamente un rasgo de personalidad patológica, se ha convertido en una estrategia de supervivencia social, en un mandato adaptativo. La exposición constante en redes genera una identidad cada vez más dependiente del espejo de los demás, lo que termina cultivando esas personalidades narcisistas. Ya no por elección, sino también por una necesidad de pertenencia colectiva.
—¿Cómo podemos reconocer rápidamente si estamos frente a una persona narcisista?
—Es que ni siquiera los expertos en manipulación podemos darnos cuenta de cuando estamos siendo víctimas de una estafa, porque estas personas van moldeando a fuego lento la narrativa. Pero una forma rápida de identificar a estos individuos es decir que no a algo. Cuando tú pones un no, un límite, la reacción ante esto puede ser una pista importante. Si ves reacciones, ya sea de forma inmediata o posterior, que no tengan que ver con un respeto del no, posiblemente estés delante de un perfil narcisista. También recomiendo que las personas observen lo que hace el otro, no lo que dice. Si te hace sentir culpa, confusión, agotamiento, baja autoestima o una sensación de alerta, estos son indicadores de que es una persona narcisista.
—¿Qué mitos deberíamos derribar acerca del narcisismo?
—Pensamos que los narcisistas tienen una autoestima alta, que son seguros de sí mismos, pero en realidad no es así. Son personas con el ego debilitado y su defensa es inflarlo de manera desmedida y proyectar una imagen de grandeza que no tienen. Otro mito es que el narcisismo es una enfermedad. No es una enfermedad mental, es un trastorno de la personalidad. Por lo tanto no se puede curar. La implicación legal asociada a que sea una enfermedad mental es inconmesurable, tenemos que tener mucho cuidado con cómo hablamos de esta realidad. No hay intervenciones posibles; el narcisista y el psicópata empeoran en terapia porque aprenden a engañar mucho mejor.