redacción

Después de tres décadas gobernando, resulta que una mañana te levantas y no tienes que ir a la alcaldía, sino a la bancada de la oposición. Es duro cambiar el chip y hacerse a la idea de que los designios de tu pueblo ya no te pertenecen, por eso es habitual que quien pierde las elecciones municipales tras mucho tiempo en el gobierno, acabe cediendo el timón de la oposición a su lugarteniente. Pero no todos, hay quien opta por quedarse, entregar el bastón de mando y reinventarse como azote en la oposición. Con más o menos éxito, porque algunos - como los exalcaldes de las mareas Martiño Noriega y Jorge Suárez - todavía buscan su sitio; y a otros, como al ourensano Jesús Vázquez, se les nota incómodos en su papel de supervisor - en este caso, dentro del propio gobierno -. Los hay, en cambio, que se adaptaron al cambio con total normalidad. Curiosamente, son los que llevaban más tiempo gobernando, como Alberto García en Catoira o Jesús Otero en Vila de Cruces, que asumieron sin complejos su nuevo papel. Pese a ser el primero del PSOE y el segundo del PP, los dos coinciden en que se deben a los vecinos, sea cual sea el lugar en el que los coloquen las urnas. Incluso el exregidor de Vilalba, el histórico feudo del PP, lo ve así: «Telo que asumir con naturalidade», sentencia Agustín Baamonde. Y no faltan los que, como Rafa Cuíña, ya piensan en recuperar la alcaldía en el 2023.

La trayectoria común de los alcaldes de las mareas se rompió el día en que fueron duramente derrotados en las urnas. Xulio Ferreiro enseguida dijo que se iba, y Jorge Suárez anunció con la misma prontitud que se quedaba. Martiño Noriega se lo pensó y decidió quedarse unos meses en tanto no se perfilaba la ruta de Compostela Aberta en la oposición. Y esa es, de momento, la estrategia del exregidor compostelano, que además de reclamarle al gobierno socialista la cuota que le corresponde a su partido, con cinco ediles en la oposición, acusa a Bugallo de entenderse mejor con la derecha e ironiza con el retorno de los representantes institucionales a los actos religiosos. Todo en las redes sociales, como cuando era alcalde.

Más bajo es el perfil de Jorge Suárez, que no acaba de sentirse cómodo en la oposición. Apenas tomó la palabra en el único pleno ordinario celebrado hasta el momento en Ferrol y tampoco lo hizo en las comisiones a las que asiste. Con una excepción: la de Urbanismo, donde exigió al nuevo gobierno cuestiones relacionadas con la cesión de propiedades de Defensa que él mismo tuvo paralizadas cuatro años.

Tampoco el exregidor ourensano acaba de encontrar su sitio. Salvadas las distancias, claro, porque Jesús Vázquez no quedó fuera del gobierno local, sino que tuvo que ceder la alcaldía a Pérez Jácome para que Baltar siguiese al frente de la Diputación de Ourense. Un mal trago que llevó a muchos a pensar que, con su cargo de consolación en el Senado, dejaría la política local. Pero no fue así. El exconselleiro resiste como supervisor, no solo de Democracia Ourensana, sino también de su propio partido.

Con mejor talante y optimismo asumió el exalcalde de Lalín el mandato de las urnas. Rafa Cuíña, el hijo del histórico Xosé Cuíña, que dejó el PP para embarcarse en Compromiso por Galicia, asumió sin complejos el liderazgo de la oposición al popular Crespo Iglesias, y no renuncia a recuperar la alcaldía en el 2023.

Con energía y sentido del deber asumieron también su paso a la oposición políticos que llevaban décadas agarrados al bastón de mando. Alberto García, siete veces regidor de Catoira bajo las siglas del PSOE, ganó las elecciones, pero perdió la alcaldía en favor del BNG, que fue apoyado por el PP. «Con nocturnidad y alevosía», asegura García. Él dice que se debe a los vecinos, y como además perdió a sus colaboradores más estrechos _dos de sus posibles relevos fallecieron en accidente_ carga con esa responsabilidad y no descarta volver a presentarse dentro de cuatro años. «Xa se verá», dice. Y todas las mañanas acude a la casa consistorial para ejercer la oposición, como ahora le corresponde.

Lo mismo que Jesús Otero, que llevaba 29 años siendo alcalde de Vila de Cruces por el PP. «Agora son o xefe da oposición», dice con naturalidad. Y todos los días recibe a los vecinos en una oficina habilitada a tal fin. «Sigo traballando para eles e sigo indo aos actos aos que me invitan».

El bastión del PP

Si hay un caso curioso en la política municipal gallega es el de Vilalba, la tierra natal de Fraga en la que el PP perdió la mayoría absoluta que regentaba desde 1979. Quizás por ello Agustín Baamonde _alcalde de 1990 al 2005 y del 2017 al 2019_ cree que no tendría sentido, al menos por ahora, formular críticas contundentes al nuevo gobierno porque se le podría reprochar al PP que no haya resuelto esos temas mientras tuvo responsabilidades. Así que asume «con naturalidade» su nuevo rol en la oposición, que compagina con su cargo de diputado provincial.

La provincia de Lugo tiene otros dos casos particulares. Uno es el de Foz, donde el exalcalde que gobernó el municipio durante ocho años en las filas del PP quiere aprovechar ahora esa experiencia para seguir «sendo útil» al frente del grupo municipal popular y como viceportavoz en la Diputación de Lugo, y lo hace fiscalizando la labor del nuevo bipartito formado por el PSOE y el BNG, tanto en los órganos municipales como en las redes sociales, en las Javier Jorge Castiñeira sigue siendo muy activo. Su antiguo homólogo en Barreiros, el también popular Alfonso Puente Parga, sigue en contacto directo con los vecinos, ahora en la oposición. Al gobierno local liderado por la nacionalista Ana Ermida le advierte que le recordará todo lo que a él le exigían y todo lo prometido en campaña. Admite, sin embargo, que ahora con la distancia «ves cousas que ao mellor te dás conta que lle terías que ter dedicado máis tempo».

Para todos ellos, hay vida fuera del sillón de la alcaldía.

Información elaborada con la colaboración de O. P. Arca, Rocío Pita, Miguel Ascón, María Cuadrado y X. M. Palacios

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La difícil convivencia con el exalcalde