Un viaje de Galicia a Madrid en avión genera tres veces más CO2 que en tren

Fomento no considera la corriente que plantea eliminar vuelos donde haya AVE


Redacción / La Voz

La puesta en funcionamiento del AVE el año que viene hará que muchos viajeros se vayan a plantear qué medio de transporte le resulta más eficaz para sus desplazamientos de media y larga distancia. Evidentemente no hay ninguno tan rápido como el avión, pero las 3.20 horas previstas para los viajes en el tren de alta velocidad entre Vigo y A Coruña hasta Madrid o las 2.50 desde Santiago permiten replantearse esa cuestión desde nuevos puntos de vista. Los desplazamientos hasta los aeropuertos, el tiempo de espera requerido antes de volar y el precio, otorgan puntos hacia la opción del tren rápido. Y además, en esa nivelación de pros y contras entre el avión y el ferrocarril para viajes que se pueden realizar en el margen de tres horas en tren rápido cobra un peso relevante la lucha contra la contaminación.

No hay medio de transporte público más contaminante que el avión y por eso el debate suscitado en los países escandinavos al respecto ha empezado a llegar ya a parlamentos europeos como el francés o el holandés, para que se plantee incluso la prohibición de los vuelos domésticos cuando exista la alternativa de un tren que haga la misma ruta en esa franja máxima de tres horas.

Comparativa desde Galicia

El vuelo más común que se hace en los aeropuertos gallegos es el del eje con Madrid. El 58 % de los que operan en Peinador hacen esa ruta a Barajas, como el 52,5 % de los de Alvedro y el 24,7 % de los de Lavacolla. Ese viaje genera por término medio 57,9 kilos de dióxido de carbono por pasajero (55,4 desde Vigo; 57,7 desde Santiago, y 60,5 en los viajes desde A Coruña). Pese a requerir el viaje en tren casi cien kilómetros más, las emisiones por viajero se reducen en dicho transporte a 16,1 kilos de CO2. En total, 3,6 veces menos de aportación al calentamiento global del ferrocarril respecto al mismo viaje en avión.

Esa diferencia es la que ha puesto sobre la mesa el movimiento «vergüenza de volar», o «me quedo en el suelo» que la activista sueca Greta Thunberg está haciendo prender en su país, Finlandia y Dinamarca para frenar el avance de la huella de carbono.

Las emisiones en la segunda ruta aérea más común en Galicia, la de Barcelona, reflejan un equilibrio similar. Es 3,1 veces mayor en los vuelos que en el tren, al generar en esos 1.230 kilómetros 106,7 kilos de CO2 por pasajero las aeronaves por 34,3 kilos por ocupante en el tren. Pero en ese viaje, que en su mejor opción en ferrocarril requiere desde Vigo, por ejemplo, 10.31 horas, poco puede hacer frente a las 1.45 horas del avión. Y tampoco en precio, pues en función de las tarifas para mañana calculadas con una semana de antelación, el precio mínimo obtenido es de 84,6 euros en tren y 64,4 en avión.

El precio sí es en cambio un aliciente en la ruta a Madrid, pues puede resultar para el mismo día 17 euros más barato en ferrocarril, si bien los precios del AVE serán más altos que los actuales.

El movimiento que crece en Europa a favor de limitar los vuelos interiores de proximidad no semeja sin embargo que vaya a convertirse en guion estratégico para el Ministerio de Fomento. Conscientes de que en un país con diseño radial con epicentro en Madrid para sus rutas aéreas de mayor tránsito, serían numerosos los vuelos que habría que eliminar al entrar en ese rango de menos de tres horas en ferrocarril, lo que dejaría tocados a buena parte de los 33 aeropuertos públicos peninsulares. «No está encima de la mesa, ni es un planteamiento que se esté estudiando en Fomento. No entra en los planes del ministerio quitar vuelos de corto radio», señalan fuentes del departamento que dirige José Luis Ábalos.

La propuesta sí ha sido defendida en cambio ante presidentes, empresarios y banqueros en el Foro de Davos y ha llegado también a los parlamentos de Holanda para eliminar los vuelos entre Ámsterdam y Bruselas (45 minutos frente a dos horas en tren), o entre París y Marsella (1 hora frente a 2.30).

El autobús, menos competitivo que el avión y el tren, genera en la ruta Galicia-Madrid un 45,9 % de emisiones por pasajero más que el ferrocarril, pero un 48,6 menos que el avión. En precio se sitúa también entre sus dos competidores, siendo el vehículo privado el más caro cuando hace ese viaje una única persona.

El coches es la opción más cara y contaminante en los viajes interiores en la comunidad

No hay vuelos interiores en Galicia ni mercado que lo pudiera justificar, ni necesidad, se podría añadir, pero el tren vuelve a ser para ese tipo de desplazamientos interiores en la comunidad el transporte más ecológico y de menor coste para sus usuarios además. En un viaje de A Coruña a Ferrol, cada pasajero de la anticuada y lenta línea de ferrocarril deja una huella de 1,9 kilos de dióxido de carbono detrás de sí, mientras que se eleva a 2,6 kilos en el caso del autobús y se mueve entre 8,4 en los coches diésel con motores de nueva generación y 9,7 de los gasolina, resultando ambos los más caros en coste también con un único ocupante al sumar peajes al gasto en combustible. La misma relación se produce en el eje A Coruña-Vigo: 3,5 kilos de CO2 en caso del tren por viajero frente a 8 del autobús por plaza y hasta 30,2 del coche de gasolina, en este caso sin tener en cuenta el número de pasajeros. Los costes en este viaje entre las dos ciudades van desde los 10,7 euros del autobús en su precio más bajo posible, a los 12,20 euros del tren más económico también (abonos temporales o por desplazamientos al margen) y los 39 euros que resultan en un automóvil de gasolina, incluidos los 16,40 de los peajes sumados a lo largo de la AP-9.

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