Bigariño, bufón ourensano en Flandes

El teatro Colón estrena este jueves la ópera bufa del compositor Nani García «O loro de Carlos V», dirigida al público familiar y que es «un producto cien por cien gallego»

Detalle de un reciente ensayo de la ópera de Nani García, en el coruñés teatro Colón
Detalle de un reciente ensayo de la ópera de Nani García, en el coruñés teatro Colón

Redacción / La Voz

«Ópera en gallego, autor gallego, orquesta gallega, director gallego, cantantes gallegos, coro gallego, escena y vestuario gallegos...», celebra el barítono Borja Quiza (Ortigueira, 1982), que deja la única salvedad para el tenor canario Francisco Corujo, que, dice, «ha cantado tanto en Galicia que puede pasar por gallego». Quiza se muestra encantado de haberse involucrado en un proyecto «tan gallego» como O loro de Carlos V, ya que, además, anota, «no es muy habitual poder estrenar óperas de nueva composición», por lo que no ha tenido duda alguna ya desde el momento inicial, cuando lo llamó Nani García, el autor.

Este jueves, por fin, podrán mostrar el resultado al público en el coruñés teatro Colón, que acoge el estreno a las 20.30 horas. El libreto lo escribió García, junto a su mujer, María Inés Cuadrado, que adaptaron un cuento de origen popular que en 1934 había convertido en pieza radiofónica el dramaturgo belga Michel de Ghelderode (1898-1962): Le perroquet de Charles Quint.

Este tipo de cuentos sobre Carlos V -apunta Nani García- eran muy frecuentes en el Flandes español, porque era una figura muy querida por el pueblo flamenco. El relato de la ópera gira en torno a la corrupción de la Administración imperial. Una campesina halla el loro perdido del rey, que había ofrecido una recompensa por encontrarlo. Va a palacio y allí un funcionario le impide la entrada, porque quiere sacar tajada. Después de una discusión, el capitán de la guardia acepta el trato que ella le propone: la mitad de lo que obtenga. La mujer pide un par de bofetadas al rey como recompensa, el rey cumple y, entonces, ella le da al capitán su parte. Se monta un alboroto, un escándalo en el que el rey se ve abocado a intervenir para impartir justicia.

La producción de Nani García pone en liza solo tres cantantes (y actores) para siete papeles, en un intento de hacer viable económicamente la representación. Quiza hace de chambelán (el conde de Buren) y del corrupto capitán La Biloque. Pancho Corujo, además de Carlos V, tiene dos roles más: un heraldo y el marido de la heroína, Adamus Crispil, borrachín y holgazán. Y la soprano Helena Abad encarna a la campesina Eva Crispil y al bufón Bigariño, de origen gallego.

En 1520 se celebraron unas Cortes Generales en Santiago y en A Coruña, y el séquito de Carlos V pasó en Galicia varias semanas, argumenta Nani García, que recuerda que embarcaron directamente con destino final en la ciudad alemana de Aquisgrán, donde Carlos V fue coronado emperador, «rey de romanos», al imponérsele la corona de Carlomagno. «En esa comitiva real colamos un bufón gallego, que va a dar con sus huesos en Flandes. Era de una aldea de Ourense, Cabreiroá [una marca que patrocina el espectáculo, subraya]. No puede estar artística e históricamente más fundamentado, no es gratuita su presencia», insiste jocoso el compositor.

La acción se desarrolla justo después, en el palacio de Bramante, en Bruselas, Carlos V ya coronado emperador. «Es un cuento como podría ser cualquiera de los hermanos Grimm, con una cierta moraleja, o El traje nuevo del emperador de Hans Christian Andersen. Disfrazado de cuento infantil critica la frivolidad del Gobierno absolutista de Carlos V. Mientras el pueblo vive descontento, a él solo le preocupa que encuentren su loro extraviado, por encima de cualquier otra cosa, incluso con la amenaza de colgar a aquel que no colabore», explica Quiza. 

«Música fácil de digerir»

Gustará, ensalza Quiza. «Es una ópera bufa, para divertirse, aunque no estamos hablando de reírse a carcajadas. Hay humor para todos, para los padres y para los niños, aunque en distintos niveles de lectura. Con momentos de un punto absurdo que hasta evocan el estilo de Faemino y Cansado. El humor incluso alcanza a la textura de la música, una música muy fácil de digerir y escuchar. Es una obra disfrutable por el aficionado versado en el arte operístico y también por el público nuevo», incide el barítono.

«Es un lenguaje muy cinematográfico, no es el lenguaje musical habitual de las óperas de repertorio. No creo -prosigue- que quien vaya a ver esta pieza deje de ir a ver por ello una ópera de Rossini o de Mozart, porque son cosas diferentes. No es lo mismo ir a ver un concierto de Ismael Serrano que uno de Bisbal, no tienen nada que ver pero los dos son perfectamente disfrutables», concluye Quiza.

«El mundo de la ópera es muy caro», lamenta el autor

O loro de Carlos V es un espectáculo de alrededor de 70 minutos que no solo pone a los cantantes en liza. A la Orquesta Sinfónica de Galicia, dirigida por Diego García Rodríguez, se suma la aportación del coro de la Escuela de Canto de Fingoi. Los cantantes-actores se mueven como en un escenario de cómic cuya escenografía la componen las proyecciones de los dibujos y viñetas de Miguelanxo Prado, que se encargó también del diseño de vestuario. Todo en una estética colorista, matiza Quiza, que redondean las luces de Baltasar Patiño, en la dirección técnica, y la dirección escénica de María Peinado.

La obra se reparte entre un 85% cantado y un 15% hablado al modo de La flauta mágica y de West Side Story. «No estamos haciendo ninguna pirueta vanguardista, son músicas tonales, cantables, con recursos sonoros del cine. Va a entrar por los oídos y los ojos a la primera», elogia Nani García, que el año próximo espera poder mover el espectáculo por España, trabajando con otras orquestas, haciendo una versión en castellano e incluso adaptándolo a una formación más pequeña tipo ensemble, que permita incluso acercar la ópera a los colegios. Ya ha testado receptividad.

Quiza está dispuesto, aunque no sabe si la agenda se lo permitirá. Ahora mismo, tiene la agenda llena, dice, y ya está contratando las temporadas 2023 y 2024.

«El mundo de la ópera es muy caro -aduce García-, si después tenemos éxito nos pondremos a hacer cuentas». El proyecto requirió financiación privada y ayuda de instituciones públicas.

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