El traslado de presos a la nueva cárcel

En 1927, los reclusos abandonaron la prisión del Parrote para ocupar la construida frente a la torre de Hércules

El edificio de la antigua prisión del Parrote fue demolido en 1928, un año después de la apertura de la cárcel de la Torre.
El edificio de la antigua prisión del Parrote fue demolido en 1928, un año después de la apertura de la cárcel de la Torre.
la voz

Todo estaba preparado. A las ocho de la mañana del lunes 26 de diciembre de 1927 las puertas de la vetusta prisión coruñesa del Parrote se abrieron. En la plaza que había delante aguardaban dos camiones de la Comandancia de Intendencia y varias parejas de la Guardia Civil a caballo. Se iba a proceder al traslado de los noventa presos que allí estaban.

Muy pocos curiosos contemplaron la escena; hacía mucho frío y el tiempo era desapacible. La crónica de los reporteros de la prensa local nos permite conocer lo que sucedió.

Los primeros en salir fueron dos hombres, condenados por homicidio cometido en el distrito de Arzúa, y una mujer acusada de asesinato, procedente del juzgado de Santiago. Formaban parte del grupo de presidiarios considerados más peligrosos o con sentencias más largas.

Completada la tanda, los camiones partieron rápidamente conducidos por soldados de Intendencia y escoltados por agentes de la Guardia Civil. Por la carretera de circunvalación llegaron a la nueva cárcel situada frente a la torre de Hércules. Les esperaban el director y los oficiales de guardia. Tras varios viajes sin incidentes, el traslado de presos quedó concluido a las diez de la mañana.

Álvarez de Mendoza

Todos quedaron sorprendidos por el cambio. El nuevo presidio, proyecto del arquitecto Juan Álvarez de Mendoza, destacaba por el color blanco de sus paredes en un entorno verde y de pequeñas leiras cultivadas.

Los reclusos atravesaron un primer edificio que servía de control de entrada y oficinas. Daba paso a un patio estrecho y alargado formado por un muro exterior y otro interior que rodeaban y aislaban el cuadrado que constituía el penal. Una vez franqueado, entraron por la única puerta que daba paso al interior. Avanzando por un corredor llegaron a la gran rotonda central donde había una garita acristalada desde la que los vigilantes controlaban las galerías. En ese lugar comprobaron que las cuatro grandes naves que conformaban la cárcel se disponían en forma de cruz, en una clara alusión religiosa a la función redentora que debía ejercer la penitenciaría. Separados hombres de mujeres, los distribuyeron por las celdas.

Por fin, ese día se cumplía una larga demanda de A Coruña: disponer de una cárcel moderna y digna. Hacía décadas que se pedía, pero la falta de presupuesto siempre aplazaba su construcción.

Ideas «regeneracionistas»

Fue a partir de 1924 con la dictadura de Primo de Rivera cuando se pudo llevar a cabo, contando con el apoyo del general Muslera, vocal del primer gobierno del Directorio Militar, y de Calvo Sotelo, ministro de Hacienda de la dictadura; ambos hijos adoptivos de la ciudad. Su edificación encajaba muy bien con los «ideales regeneracionistas y de orden» de dicha dictadura y de las «fuerzas vivas» que la apoyaban. De ahí que las autoridades celebrasen con toda pompa tanto la colocación de la primera piedra el 2 de mayo de 1925, incluyendo un homenaje cívico a Concepción Arenal, como su inauguración el 20 de septiembre de 1927, recordada con una placa en el edificio de entrada. Cuestión de mentalidades.

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