Herbert Willisch: «Tenemos que empezar a jugar juntos»

El futbolista recuerda con cariño su época en el Boiro, pero también los malos momentos

A. G.
ribeira / la voz

Tiene 32 años y puede presumir de una larga trayectoria en el mundo del fútbol. Tras varias temporadas tanto en el conjunto del Boiro como en el Dépor y en el Montañeros, Herbert Willisch acaba de fichar por el Fisterra. El ribeirense se define a sí mismo como esos jugadores que encantan a la afición, pero que el entrenador siempre deja en el banquillo, y admite que uno de sus mayores retos es compaginar su trabajo actual con los entrenamientos en el club.

-¿Cómo empezó a jugar al fútbol?

-Es algo que me empezó a gustar desde pequeño. Cuando tenía 4 años nos mudamos a A Coruña y una de las primeras personas que conocí fue Rubén Rivera, el jugador del Bergantiños. Hicimos amistad desde entonces y él me llevó al Montañeros. Luego me ponían a jugar con él en los partidos, aunque yo era un poco más pequeño y me tenían que falsificar la ficha.

-¿Pensaba que iba a ser una afición o que iba a llegar lejos?

-Siendo tan pequeño, creo que nunca se piensa en eso. Yo lo único que hacía era pedir balones por mis cumpleaños e irme a jugar por ahí con el perro. Cuando dejé la categoría de alevín y llegué al Dépor las cosas ya se pusieron más serias. Pero incluso ahora, yo no pensaba en moverme tanto como acabé haciéndolo. Fue algo que surgió y yo lo acepté porque me convenció la oportunidad que me dieron.

-¿Cómo se definiría a sí mismo dentro del campo?

-Cuando eres un jugador de calidad y quieres inventar, siempre te achacan que no defiendes o que te llevas el balón. Los jugadores así, sobre todo arriba, necesitan tener la confianza del técnico y de sus compañeros. Depende mucho del entrenador que toque, pero, en general, cuando las cosas salen bien, todo el mundo te quiere y, cuando salen mal, te vas directamente al banquillo.

-¿Cómo recuerda la etapa en la que estuvo en el Boiro?

-Creo que intentas quedarte con las cosas buenas. Es verdad que el primer año ascendimos y fue una temporada buena, la afición también lo recuerda como una etapa increíble. Pero luego la cosa fue de mal en peor: estuvimos mucho tiempo sin cobrar, hacíamos 200 kilómetros para nada, la directiva nos engañaba. Hoy en día, aún no entendemos bien las razones de todo aquello.

-¿Fue por lo que dejó el equipo?

-Aunque cobres, si tienes un mal año también lo acaban pasando mal tus amigos, tus padres, tu novia. Cuando me marché del equipo tuve la oportunidad de irme a Castilla, pero por el dinero que era preferí quedarme aquí. Ya tengo la vida hecha y tuve la suerte de encontrar un trabajo en el que ya llevo casi un año. Luego me surgió la posibilidad de poder jugar en el Fisterra.

-¿Y cómo entró en el equipo?

-Yo no quería volver a viajar, porque desde donde vivo es algo más de una hora de camino para acudir a los entrenamientos. Aún así, me llamaron, me lo explicaron todo y me lo vendieron muy bien. Hasta les dieron el premio a mejor afición y todo lo que me han contado otras personas del equipo es bueno.

-¿Piensa en su futuro en el club?

-Aún no me lo planteo. Acabo de llegar y todavía estoy empezando a conocer cómo funcionan las cosas en el club.

-¿Cuáles son los objetivos que se marcan para esta temporada?

-El primero, sin duda, es salvarse lo antes posible. Al haber ascendido, Preferente supone un importante salto de calidad y creo que son los mismos jugadores, salvo cuatro fichajes nuevos. De todas formas, aún no nos conocemos lo suficiente, tenemos que empezar a jugar juntos. Yo, con el trabajo tengo una desventaja, porque solamente puedo asistir a la mitad de los entrenamientos, así que no estoy tan integrado, pero de momento solo tengo palabras buenas.

Fisterra: A pesar de las dudas iniciales, Willisch acabó fichando en el equipo por el interés que pusieron en él. Según el jugador, «yo no quería viajar, así que vinieron hasta A Coruña para hablar conmigo. Me pareció una buena oferta y una oportunidad que debía aprovechar. Además, me hacía ilusión tener una afición. Al final, en el Montañeros solo te veían tus padres».

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