Cee / La Voz

Tiene sus cosas como todos: sus mojitos y sus patatas fritas, pero no puede decirse que el Mercado Costa da Morte de Corcubión sea una feria medieval al uso. No lo fue nunca y en esta edición -el año que viene celebrarán el vigésimo aniversario-, tampoco. La mejor prueba es que surgieron varias iniciativas parecidas y todas han sucumbido. Quizás porque no tenían detrás la historia que tiene Corcubión, ni la capacidad para implicar a todo un pueblo orgulloso de su pasado y que, en la arquitectura sobre todo, ha sabido mantener ese esplendor que le dio el asentamiento de Rui Sanches de Moscoso, su hijo, Rodrigo, y su nuera, Xoana de Castro, a partir de 1430.

Ya no es ese puerto de referencia, por su ubicación en el punto más occidental de la Europa continental, que lo fue en el medievo y resiste a duras penas la capitalidad jurisdiccional heredada de aquella época, pero sigue siendo capaz de imprimir autenticidad. Habría que ir hasta Noia para buscar algo relativamente equiparable, y no tiene nada que envidiarle a otras fiestas de recreación histórica que se celebran por Galicia.

Les distingue el protagonismo local, encarnado este año, sobre todo, en Farándula Velutina, la compañía de teatro que, con los especialistas de Hípica Celta, completó un Desembarco, el punto central de la fiesta, para el recuerdo.

El sábado fue sencillamente espectacular. Durante las horas puntas resultaba incluso complicado desplazarse por las calles del casco y sus fachadas de cantería granítica, que son la esencia de Corcubión y el decorado de lujo de la fiesta.

El abarrote se mantuvo hasta pasadas las dos de la madrugada con un momento central. Troula no falla, es ya el cuarto año prácticamente seguido de protagoniza uno de los conciertos centrales del Mercado Medieval Costa da Morte, y es difícil encontrar alguien capaz de conectar con el público como ellos. Únicamente Antón, el Fauno, que algunos consideran ya que hay que empadronarlo porque se está convirtiendo en un corcubionés más.

Como siempre también hubo momento para las sorpresas agradables, como los Barrendeiros, que tanto en modo limpieza como cuchillos en mano, lograron convertir a algunos asistentes en una parte más del espectáculo. O el dragón Bishuck de Arhifa, probablemente de los más llamativo de esta edición, que desbordó actuaciones exitosas, música, coreografías y fiesta.

Toca ya ponerse a pensar en el vigésimo aniversario y hay mucho trabajo por delante. Por poner un ejemplo, Aquiles Garea explica desde la organización que poder contar con los espectáculos de cetrería, con la nueva ley de la Xunta, implicó más de cuatro meses de trámites y un limitación muy sustancial de lo que antes era este espectáculo. De ahí que «con ser quen de manter o que temos e melloralo algo se se pode» el año que viene, dice Garea que se conforman.

Reivindicación del Centro de Día con coplas al ritmo del caneco

No todo fue fiesta, o sí, aunque con acento reivindicativo, ya que la asociación Boca de Sapo, aprovechó el Mercado Medieval para organizar una protesta contra la parálisis del Centro de Día. Con camisetas y caretas blancas realizaron paradas cada una en distintos puntos de plaza, donde, después de permanecer inmóviles durante siete minutos en cada caso, cantaron diferentes coplas reivindicativas, creadas para la ocasión, e interpretadas con el popular ritmo «e zúmballe o caneco e o caneco zumba...».

Otras citas festivas (y exitosas) con la historia en la comarca

Vimianzo. Asalto ao Castelo. Un cuarto de siglo cumplirá en el 2020 esta cita que viene de celebrarse hace nada, siempre con el pasado irmandiño de referente.

Camariñas. O Encaixe no Camiño. Camariñas volverá ver desembarcar al rey Alfonso IX en una nueva edición de este encuentro, previsto del 26 al 28 de julio.

Cabana. Del castro al Medievo. Este sábado 27 A Cidá de Borneiro recuperará vida y animación. En Riobó se rendirán una Tarde al Medievo y sus prebodas el 10 de agosto. 

Fisterra. El Desembarco Pirata. Además del longueirón, que tiene mucho de Fisterra, también el Desembarco Pirata (sábado 3 de agosto) tiene su sustento.

Muxía. Las Rutas do Mar. No son un mercado al uso, sino la exaltación de una cultura propia, la marinera. Ya no tardan: el 10 y el 11 de agosto.

Moraime (Muxía). Cea do Infante. La llegada del Infante Afonso a Moraime, en su día, ya lejos, es el amparo histórico de esta cita prevista para el sábado 31 de agosto

Batallas ganadas

El pasado siempre fascina. Las fiestas históricas son un reclamo inteligente, pero tienen que tener una base real. Corcubión tiene su desembarco, un escenario propicio y la implicación de todo un pueblo. De ahí, el éxito, como en Vimianzo, donde la base histórica y el castillo arman una celebración creíble. Ahora vienen otras en la comarca que también tienen su punto en el pasado. La historia es una apuesta segura. Son batallas ganadas.

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Corcubión impone su huella con autenticidad medieval