Hemeroteca: La perra Perla pasó nueve meses llorando a su dueño en el cementerio de Boiro

Tras ser trasladada a una perrera de A Coruña, el enterrador boirense decidió adoptarla


ribeira

Hay historias del pasado protagonizadas por animales que tocaron la fibra sensible de los barbanzanos. Fue el caso de Perla, una perra que pasó nueve meses apostada en el cementerio de Boiro, llorando al que había sido su dueño. El can, que cuando fue descubierto estaba hambriento y se mostraba huidizo cuando alguien se le acercaba, era a estas alturas de 1997 un ejemplar vigoroso. Desde que se había apostado delante de un panteón, en abril, había sido alimentado por buena parte de los visitantes del camposanto: «No había día que fuera al cementerio con flores que no llevara un buen filete para Perla», relataba un vecino en La Voz de Galicia.

Y es que el perro había vuelto a ser noticia porque los laceros se lo habían llevado después de enseñarle los dientes a una señora. Al parecer, la mujer intentó darle una gratificación a un operario que le realizó una chapuza y Perla había interpretado la escena como un intento de agresión hacia el obrero. Tras la pertinente denuncia, el can había sido trasladado a una perrera de A Coruña. Parecía que se acercaba su final, porque en el plazo de quince días estaba programado su sacrificio.

Pero los boirenses, que se habían encariñado con Perla, no dudaron en salir en su defensa. El entonces enterrador municipal, Antonio Romero, fue el primero que se brindó a adoptar a la perra y fue el que se la llevó, pese a que después otros ciudadanos también mostraron su disposición a hacerse cargo del can. Pasó a formar parte de una familia con otros cuatro perros.

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