El ribadense Bebel, futbolista del Dépor fusilado, y la trágica vida de Los de la Lejía

Era uno de los ocho hijos del ribadense José García Iglesias y de la castropoleña Concha García


Era de Ribadeo pero su historia la inmortalizó Eduardo Galeano en su obra Espejos. Una historia casi universal. Resumió, con dramática intensidad, el manotazo duro y el hachazo invisible y homicida que apunta directo al corazón: «La Coruña, verano de 1936: Bebel García muere fusilado./ Bebel es zurdo para jugar y para pensar./ En el estadio, se pone la camiseta del Dépor./ A la salida del estadio, se pone la camiseta de la Juventud Socialista./ Once días después del cuartelazo de Franco, cuando acaba de cumplir 22 años, enfrenta al pelotón de fusilamiento:/ -Un momento ?manda./ Y los soldados, gallegos como él, futboleros como él, obedecen./ Entonces, Bebel se desabrocha la bragueta, lentamente, botón tras botón, y de cara al pelotón echa una larga meada./ Después, se abrocha la bragueta:/- Ahora sí».

Bebel era uno de los ocho hijos del ribadense José García Iglesias y de la castropoleña Concha García Álvarez. La familia, de ideas socialistas, puso nombres de políticos izquierdistas a sus vástagos: Bebel (por el fundador de la socialdemocracia alemana), Jaurés, France, Voltaire, Conchita, Bélgica, Berthelot y José, Pepín de la Lejía, el mayor y el único bautizado.

El padre tenía representaciones de vinos de Jerez y sidras de Asturias y un fabriquín de lejía que apodó a la familia y le posibilitó vivir con desahogo. Todos sus hijos nacieron en Ribadeo pero él fue desterrado a 150 kilómetros de la villa debido a sus ideas políticas. Había fundado el PSOE local y tras instalarse en A Coruña, en la calle San Roque 24, siguió con su actividad y sus ideas. Y fundó el PSOE coruñés.

Huyó en un pesquero

En la ciudad herculina, los hermanos se hicieron muy populares por su carácter abierto y deportista. Bebel jugó 28 partidos en el Deportivo de A Coruña como extremo derecho o delantero centro y marcó diez goles cuando el equipo estaba en 2ª División entre 1932 y 1936. Pepín destacó en atletismo y ciclismo. Y France, en el boxeo. Su implicación social vino de ser líderes de las Juventudes Socialistas coruñesas. Y cuando Franco se rebeló contra el gobierno legítimo republicano, cuatro hermanos se enfrentaron a los militares golpistas que, sin embargo, pronto se hicieron con el control de la ciudad. Tres de ellos ?Bebel, Jaurés y France- intentaron huir hacia Asturias, en manos de la República, pero fueron capturados en Guitiriz.

Con Jaures esperaron a que cumpliera 18 años y lo fusilaron en enero de 1937. Pepín, que decidiera quedarse en la ciudad, huyó tras secuestrar un pesquero con el que llegó a Bayona (Francia), se unió al Ejército Republicano y luego se exilió a Buenos Aires. Y a Bebel y France los fusilaron en el Campo de la Rata, en A Coruña, en julio de 1936 una vez que el futbolista cumplió su última voluntad…

Su implicación social vino de ser líderes de las Juventudes Socialistas coruñesas

La madre callaba y cultivaba grelos y navizas en Buenos Aires

Concha García Álvarez, la madre de Los de la Lejía, tenía a sus hermanos mayores, Rafael, Amador y Domingo, en Paraguay. Eran terratenientes y vivían con holgura. Gracias a ellos pudo marchar Pepín y ocultarse sus hermanos menores en la villa astur. Pepín no cejó en su empeño de reagrupar a la familia. Lo logró en 1952 cuando el franquismo dejó salir a sus hermanos, Voltaire y Berthelot, y a su madre. Una mujer que, pese a caerle encima tanta desgracia, era buena y generosa, callada y humilde.

Llegó a Buenos Aires, como tantos, huyendo de la guerra y la posguerra. Y, como tantos, guardó silencio el resto de su vida. Si hubiera un lugar para el silencio ese sería el mundo de doña Concha. No hablaba nunca, nunca pidió nada, no le interesó nada, recuerda su nieta Conchita. Solo revivía cuando cultivaba coles, grelos y nabizas en un pedazo de tierra de la casa que Pepín y sus hijas construyeran con sus propias manos. La ataban a la tierra y a su juventud de Castropol, decía. Y las regalaba a otros gallegos también ausentes, transterrados, terraferidos… Era lo único que le daba vida.

Así pasaron los días. Las dos niñas, Conchita y Selva, jugaban a «hacer las maletas» para regresar a España. El padre esperaba que la victoria de los aliados en la 2ª Guerra Mundial sacaría a Franco del poder y les compró unas valijas de juguete. Las niñas hacían el equipaje cada poco, esperando el día definitivo. Nunca llegó. Y 40 años después, las hijas de Pepín tampoco hicieron la maleta. Se quedaron con su madre en Buenos Aires mientras su padre regresaba a A Coruña, en busca de su Itaca perdida.

(A Silvia L. y Diego P.)

martinfvizoso@gmail.com

Pepín, la muleta que se desarmaba y un regreso en soledad a A Coruña

Pepín de la Lejía regresó a A Coruña en 1977. Falleció en 1996 pero murió antes: el día de 1939 en que subió, rumbo a América, al vapor Winnipeg que fletara Pablo Neruda, cónsul de Chile. Después sobrevivió, movido por una familia que debía proteger.

Había perdido una pierna en Brunete. Tres de sus hermanos fueran ejecutados sin juicio. Otros cuatro y su madre se escondían en Castropol, protegidos por sus parientes Amador García Álvarez y su esposa, María Acebo, residentes en Paraguay y de visita en la villa. Y España era una cárcel que antes fuera cementerio. En el exilio de Buenos Aires, Pepín lloraba todos los días, según dijo su hija menor, Selva García Pomes, nacida en Argentina. Ella visitó por primera vez ?a sus 78 años- A Coruña en agosto pasado y recordó que él cargaba con la muerte de sus hermanos, las torturas de sus amigos…

Había nacido en Ribadeo en 1911. Se afilió al PSOE en 1929, participó en la revolución de 1934 y sufrió un año de cárcel. En 1936 era responsable de las Juventudes Socialistas coruñesas y luchó en el IV Batallón de Galicia. Fue capitán-gobernador en Tarragona y se exilió cruzando a pie los Pirineos con su mujer, Pilar Pomes Manera, con la que se casara en Valencia, y sus dos hijas, Conchita y Pilarín que murió al infectársele la esquirla de una bomba tirada por un avión franquista. Cada vez que los bombardeaban, a Pepín se le desarmaba la muleta y su mujer tenía que recoger los trozos y volver a armarlos para seguir caminando…

En 1977, regresó solo a A Coruña. «Mi madre decidió quedarse en Buenos Aires porque no había perdido tanto en la guerra. Él lo perdió todo, incluso su vida. Porque su vida estaba aquí, donde estaban sus años felices», dijo Selva. En 2001, el alcalde Paco Vázquez inauguró en el Campo de la Rata un monumento en honor de las víctimas del franquismo para «recuperar la memoria y homenajear a quienes murieron por defender sus ideas». 65 años después. La memoria de Pepín de la Lejía la custodian sus hijas, Concha y Selva. Ni la llevará el viento ni la devorará el olvido.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

El ribadense Bebel, futbolista del Dépor fusilado, y la trágica vida de Los de la Lejía